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Selva urbana

Perro inspector municipal


Mauricio Belloc

Fuimos testigos este viernes de una canallada de un funcionario municipal en contra de un niño, de una inocente criatura que se gana la vida decentemente.

Hoy nos sentimos bastante mal, por no haber actuado, por haber sido simples espectadores pasivos de un atropello vil.

Pero creímos que había sido el encuentro de un cliente y un vendedor, no reparamos en un abuso, sino hasta después nos enteramos, luego de que un niño lloraba a nuestro lado, en las sillas de los derechohabientes esperando consulta médica.

Un inspector de comercio informal del gobierno local, reprendió a un niño, quien con una pequeña charola de semillitas, cacahuates, golosinas y chicles, intentaba ganarse unos pesos, entre los pacientes que esperaban consulta en el segundo piso del IMSS UMF 78, en la esquina de Washington y Aquiles Serdán.

El gafete -que sin duda es lo que le da el único valor que tiene este tipo- lo llevaba lo más grande y pesado posible, como que sin esta credencial colgada al pecho, el hombre no era nada.

Al mediodía o para ser más exacto, a las 12:20 horas de este viernes, ocurrió este abuso de autoridad.

El tipo llegó al segundo piso a consultar como paciente (tal vez dentro de su horario de trabajo) y fue en su camino entre las escaleras y la ventanilla del consultorio, que se topó al menor, a quien de inmediato abordó.

Se trató de un chico, que tal vez fuera de horario de clases, se gana la vida decentemente, (no como otros) y ayuda a arrimar unos centavos a sus padres.

Nos enteramos por una amiga nuestra, con la que platicábamos en ese instante, quien se percató del niño llorando.

Y le preguntó la razón de su sollozo, el pequeño entre lágrimas y con voz entrecortada, enjugándose las lágrimas con una mano, con la otra le señaló al tipejo de marras.

Entre su sentido lagrimeo, el niño mencionó que el hombre le dijo que no podía vender ahí y que lo había regañado.

El inocente le explicó a la dama, que él no estaba robando, ni molestando a nadie.

TENEMOS FOTOS

El pequeño lucía muy correcto y dudamos, a decir por otros varios vendedores ambulantes adultos que vimos en el interior del edificio, que alguien del Seguro Social haya llamado a tal Inspector Municipal de Comercio Informal, para meter en orden al menor o al resto de los vendedores ambulantes, pues además nadie del instituto de seguridad social, acompañaba al inspector.

Y como dijimos, el hombre acudió a consulta, pues le observamos en tal acción, a unos cuantos metros de un servidor.

Este hombre no les llamó -repetimos- la atención a los otros oferentes adultos, quienes no cargaban una pequeña charola con unos cuantos productos, como el menor, sino que aquellos llevaban al hombro, grandes cajas de vendimia (frituras, semillitas, cacahuates, tamarindos, chicles, obleas y demás).

Le tomamos fotos al tipo y fuimos testigos de su encuentro con el niño, pensamos que le estaba comprando algo, el encuentro de un cliente y un comprador, hasta que supimos del niño llorando.

‘SEÑOR MAURICIO BELLOC’

En el preciso momento en que íbamos a enfrentar al hombre y luego de largo tiempo de espera (ya saben cómo son las andanzas de todo derechohabiente cuando va a consulta en la medicina de gobierno), nos llamaron por nuestro nombre, ya nos tocaba pasar, la señorita asistente del cubículo que nos corresponde, nos citó en voz alta, por nuestro nombre.

Pero al chico, entre la dama conocida nuestra y un servidor, sinceramente ya habíamos logrado que dejara de llorar, diciéndole que no podía hacerle nada el mequetrefe y que siguiera vendiendo, ofreciendo sus productos, ganándose su dinero, como muchos otros comerciantes informales que había en el sitio.

Lo confesamos, ya estábamos desesperados, por eso acudimos al primer llamado de la dama al frente del consultorio, no queríamos perder nuestro turno de ser atendidos.

La señora conocida nuestra, también paciente, se quedó consolando al niño, se notaba que era un infante sin experiencia en estos asuntos de lidiar con inspectores voraces o malévolos, se veía como un niño que apenas empieza a ganarse sus monedas, un chico humilde, pero aseado y vestido pulcramente.

Así que no se vale tal acoso del inspector, máxime si la dirección del IMSS no se queja, como así parecía ser.

¿Le estaría proponiendo un arreglo, tal vez queriéndole cobrar una cuota al chico?, eso ya no pudimos averiguarlo, discúlpenos, pero ya teníamos bastante tiempo ahí y además nos urgía consultar a nuestro médico familiar.

Maldita nuestra prisa, fastidio y desesperación por salir de ahí, tarde fue que recapacitamos que debimos haber encarado al tipo.

Cómo lo sentimos en verdad, estimados lectores, aseguramos que no volverá a suceder, actuaremos cuando seamos testigos de un abuso y más si la víctima es un inocente niño, sobre todo, si es por parte de un funcionario.

Y estamos prestos para atestiguar lo necesario, ante quien sea.




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