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Escenarios

Guerra por un pastel


Genaro Lozano



David Mullins y Charlie Craig no podían casarse en Denver, Colorado, en el 2012 porque aún no existía el matrimonio igualitario en su estado. Planearon su enlace en Massachusetts y la fiesta en su ciudad.

En los preparativos para la fiesta acudieron a una pastelería en los suburbios de Denver a comprar un pastel, fueron con la madre de Charlie. Al llegar fueron atendidos por Jack Phillips, el dueño del local, quien se negó a ofrecerles el servicio debido a sus creencias religiosas. El intercambio verbal entre los clientes rechazados y el pastelero duró menos de un minuto.

La pareja volvió a casa, escribió una nota sobre el incidente en Facebook y entre los comentarios indignados de sus amigos conocieron que las leyes de Colorado prohíben la discriminación por orientación sexual. David y Charlie demandaron a Jack, ganaron en las cortes de Colorado, pero el comerciante consiguió un buen abogado y logró que su caso llegara hasta la Suprema Corte de Estados Unidos, cinco años después del incidente.

El caso tiene como título “La pastelería Masterpiece contra la Comisión de Derechos Civiles de Colorado” y la decisión que tome la Suprema Corte será fundamental para entender la composición ideológica de esta institución, con la reciente llegada del conservador Neil Gorsuch, pero especialmente importante para el debate que existe entre la ponderación de derechos como la equidad, la libertad religiosa, la no discriminación, la libertad de expresión y la objeción de conciencia, entre otros.

En los cinco años que han pasado desde que Charlie y David acudieron a la pastelería, la Suprema Corte estadounidense decidió sobre el derecho al matrimonio para las parejas del mismo sexo en todo Estados Unidos. Adicionalmente, los nueve jueces de la Corte deberán tomar en consideración un caso similar de los años 60, cuando Maurice Bessinger, el dueño de un restaurante, negó el servicio a Anne Newman, una mujer afroamericana, argumentando libertad religiosa, ya que este hombre creía que “Dios había creado los esclavos para los blancos”. La Corte rechazó el argumento de Bessinger.

El pastelero de Colorado ha concentrado su defensa en dos temas. Por un lado, en la libertad religiosa, ya que él es un cristiano que considera que el matrimonio es sólo entre hombre y mujer y, por el otro, en la libertad de expresión, ya que argumenta que él es un artista y que sus pasteles son una “obra de arte” y por lo tanto crear un pastel para una pareja gay viola su libertad religiosa y su libertad de expresión pues lo obliga a elaborar un pastel con un mensaje con el que él demostraría su apoyo al matrimonio gay.

Esta disputa ha movido ya a ambos lados en esta guerra cultural. La American Civil Liberties Union defiende a la pareja gay, mientras que grupos conservadores han financiado la defensa del pastelero y unido a comerciantes que, desde la aprobación del matrimonio igualitario en 2015, se han visto obligados a vender flores, preparar alimentos o tomar fotografías para bodas de parejas del mismo sexo.

La ponderación de estos derechos por los jueces definirá las próximas décadas, tanto como las luchas por los derechos civiles de los años 60 en Estados Unidos. No es un caso fácil, pero dados los antecedentes legales creo que la Corte debería dar la razón a la pareja gay y desechar los argumentos del pastelero.

La imprudencia y la ignorancia de Trump concentran la atención del mundo al inicio de su Presidencia, pero Estados Unidos no es sólo su Presidente.

El inicio de la era Trump también muestra los signos de una democracia desgastada, con un Partido Demócrata en ruinas y un Republicano secuestrado, con una sociedad civil vigorosa y resiliente y con una Suprema Corte en transición.

El caso del pastel llega en un momento de indefinición ideológica de la Corte y con un Gobierno que presiona para empoderar a grupos conservadores y que ha tomado acciones en contra de los derechos LGBT. Será un 2018 muy largo.




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