15/12/2017

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Pasadizo secreto

Divino evento


Miguel Rodríguez Sosa

Para sus organizadores, el encender el pino navideño estará siendo considerado como de “importancia alta” pues tiene la garantía de que atraerá a cientos o quizás miles de ciudadanos, cita que desafortunadamente dará espacio para identificar no a un santo, obispo, párroco o pasaje bíblico, sino tan sólo los colores de un partido político, mas sin embargo algo no queda claro, pues si esto es meramente religioso, porque ni el nuncio, ni el obispo, en sí la feligresía católica aparecen como los principales promotores de este divino evento.

Entonces queda claro con esto, que la política barre con todo, abarca infinidad de situaciones que se generen en la ciudad, y que van éstas desde asuntos escolares, de migrantes, paisanos, ahora hasta eclesiásticos.

Pero eso sí, en donde la fuerza ciudadana esté presente, pues si un evento es pobre en audiencia, por supuesto que ese “divino” político no hará acto de presencia y mandará un “ángel” de segunda categoría en su representación a falta de quórum.

Fuerza ciudadana, que aun al menos la Iglesia Católica tiene sobre sus fieles seguidores, y que por lo mismo al celebrar algún santo o festividad propia de su religión, refleja y de inmediato la respuesta a esa convocatoria, ese marcado lucimiento con infinidad de personas que abarrotan sus templos o parroquias a las que pertenecen.

Y no se puede dejar a un lado, que los mismos párrocos y ya por costumbre, en sus homilías salpican entre sus sermones esa correlación con el ámbito político, pues cierto es que, por igual, invocan problemas sociales, recalcando que su responsabilidad directa recae en los funcionarios en turno, induciendo poco a poco a sus interlocutores a tener cuidado al seleccionar candidato o al emitir su voto.

Pero ese estira y afloja entre los políticos y los religiosos, al estar tomando o asumiendo actos que la divinidad no puede solucionar en lo político, o que los políticos no pueden solventar cuestiones divinas, da a entender que no se trata de ninguna manera de invocar o trasladar un beneficio a sus fieles ciudadanos, sino más bien, el sentirse éstos como instituciones vastos de ese público suficiente para lograr tan sólo sus muy personales propósitos, soñados objetivos.

Por lo mismo, cuando alguien se acerca a un templo religioso a solicitar o para sentir esa reconfortación personal a través de la divinidad, se inca ante esa fe y suplica que le sean solucionados o escuchadas sus demandas, pero tan confundido está, que ya no sabe si iba a pedir por su alma o a rezar porque ya se tape de su calle ese bache.

Y cuando se acude a ese edificio municipal y al saberse por igual que el alcalde toca temas divinos, ya no sabe si solicitarle a éste el arreglo del alumbrado público, o la absolución de todos sus pecados.




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