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¿Desaparecido?


Guadalupe Loaeza

Si no hubiera sido por las redes sociales y toda la movilización de las ONGs, agrupaciones civiles nacionales e internacionales, protestas de periodistas y los precandidatos a la Jefatura de Gobierno, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, CAPEA (Centro de Atención a Personas Extraviadas y Ausentes), la intervención de la UNAM y, por supuesto, la insistencia de los padres del joven de 17 años estudiante de la Prepa 8, detenido el 23 de enero por cuatro uniformados pertenecientes al Sector Hormiga, cerca de la estación Rosario del Metrobús, Marco Antonio Sánchez Flores hubiera desaparecido por completo.

O bien hubieran aparecido sus restos en alguna parte de la Delegación Azcapotzalco, o tal vez por algún llano desértico del Estado de México. Así como desaparecieron 43 estudiantes de Ayotzinapa, así hubiera podido desaparecer para siempre Marco Antonio.

“Joven desaparecido”, “Joven ausente”, “Joven extraviado de Azcapotzalco”, ésos eran los reportes que daban de Marco Antonio los policías capitalinos.

Los padres del desaparecido estuvieron sumidos en una zozobra terrible. Temían que nunca más volverían a ver a su único hijo. “Vivo se lo llevaron estos cuates y vivo nos lo tienen que entregar”, suplicaba su padre.

La versión más creíble del porqué del arresto del adolescente era la de su amigo Roberto, quien tomó una fotografía de Marco Antonio tirado en el suelo sometido por la fuerza por un policía con casco.

Todo fue porque el estudiante le pidió que le tomara una fotografía frente a un muro con diferentes grafitis. A partir de este hecho, los policías argumentaban que Marco Antonio quería robar el celular de Roberto. Nada más falso. Una mentira más para justificar el hecho de que se hubieran llevado a Marco Antonio.

Durante los días en que no se sabía nada acerca del paradero de Marco Antonio, las redes sociales no cesaban de protestar y de preguntarse dónde estaba. El domingo pasado se organizó un plantón frente al Ángel de la Independencia, con ciudadanos indignados y furiosos a propósito de las “desapariciones forzadas”.

Muchos diarios extranjeros comenzaron a hablar de la desaparición del preparatoriano. Amnistía Internacional México escribió un tuit que decía: “Exigimos investigación inmediata, exhaustiva e imparcial para esclarecer las circunstancias que rodearon la desaparición del adolescente #MarcoAntonioSanchezFlores”.

Por su parte ONU-DH México publicó el suyo: “Es urgente que las autoridades de la #CDMX actúen con la debida diligencia para dar con el paradero de Marco Antonio, que se castigue a los responsables y que tanto él como su familia tengan acceso a la justicia y a la reparación del daño”.

Gracias a esta presión social e internacional, Marco Antonio Sánchez Flores ya está en su casa, después de haber dormido en el hospital psiquiátrico infantil “Juan N. Navarro”.

Es cierto, ya apareció, pero este joven estudiante de la Prepa 8 ya no es el mismo. Su expresión no corresponde para nada a la fotografía que estuvo circulando en las redes. Ahora tiene cara de espanto, como si él mismo se hubiera visto muerto, enterrado y completamente abandonado. Su rostro muestra varios moretones.

Se diría que en esos cinco días que estuvo desaparecido no comió nada; su ropa, que no es la que llevaba cuando lo detuvieron, se le ve enorme. Se ve particularmente delgado. Está pelado del cabello, como pelan a los del Ejército, de allí que sus orejas se vean enormes.

Con ese aspecto tan lastimoso apareció el domingo en la madrugada en el Fraccionamiento Álamos en el municipio de Melchor Ocampo, Estado de México; según los policías que lo encontraron, el joven estaba a punto de arrojarse de un puente. En las cámaras de seguridad que lo grabaron en el momento en que camina por una de las calles desérticas de Tlalnepantla, se le ve completamente confundido, con la mirada perdida, camina como zombie.

No es de extrañarse, Marco Antonio estuvo desaparecido y totalmente incomunicado a lo largo de 120 horas. “Lo abandonaron como a un perro”, exclamaba su madre horrorizada de ver a ese hijo como muerto en vida.

¿Qué le pasó a Marco Antonio Sánchez en esos cinco días que estuvo desaparecido? ¿Qué le hicieron esos policías que lo detuvieron sin motivo? ¿Qué será de este joven que gustaba de visitar los museos y un excelente alumno de inglés? ¿Cuántos Marco Antonios siguen desaparecidos y continuarán desapareciendo?

gloaezatovar@yahoo.com




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