08/02/2018

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De política y cosas peores

De pingüinito


Catón

El marido le dijo con acento dramático a su esposa: “Lo sé todo”. “¿De veras? -respondió ella muy interesada-. A ver: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?”. “No te hagas la disimulada -se molestó él-. Ni que fueras Virgilio Andrade. Eres una mala pécora, una Mesalina, una Thais, una vulgar Friné. Sé que me engañas. Y no con un hombre nada más, sino con varios: el 60 por ciento, según entiendo, de los que aparecen en el directorio telefónico”. “¡Ay, Cornulio! -respondió ella con lamentoso acento de mujer incomprendida-. No seas tan duro conmigo. A ti te doy mi compañía, mi atención, mi apoyo, mi consideración, mis cuidados, mi conversación, mis pensamientos y mi comprensión. En cambio a ellos lo único que les doy son las éstas”... Pepito era tan travieso que su pobre mamá parecía artista de Almodóvar: estaba siempre al borde de un ataque de nervios. Acudió a la consulta de un médico famoso y éste le aconsejó llevar al crío con un psicólogo. “A usted -le dijo- le daré unas píldoras tranquilizantes sumamente poderosas. Yo mismo las tomo cuando me da por pensar acerca del futuro del país”. Días después el facultativo llamó por teléfono a la madre. Le preguntó. “¿Su hijo se sigue portando mal?”. “Peor que antes -respondió la señora-. Pero ahora me vale madre”... Un individuo llegó a la farmacia y pidió un frasco tamaño grande de Viagra Extra Double Forte Special Super Plus. Le preguntó el farmacéutico: “¿Trae usted receta?”. “No -replicó el tipo-. Pero traigo una fotografía de mi mujer”... Estamos en el año 1446, aproximadamente. El maestro de escuela de Génova le ordenó a Tonino: “Pasa al pizarrón y dame una prueba de que la Tierra es redonda”. Respondió el muchachillo: “Que se la dé Cristobalito. Él es el que anda diciendo esa pendejada”... Aquel marido era hombre voluptuoso. Gustaba de poner en práctica con su esposa toda suerte de posturas eróticas, tantas que dejaba al Kama Sutra en calidad de mero manual introductorio, dicho sea sin intención segunda. Una noche, para sorpresa del individuo, su señora le dijo: “Se me ha ocurrido una nueva posición sexual. Esta noche lo vamos a hacer de pingüinito”. “¿De pingüinito? -se desconcertó el sujeto, que creía conocer y dominar todas las formas posibles del acto del amor-. ¿Cómo es de pingüinito?”. Explicó ella: “Tú te bajas los pantalones y los calzones hasta los tobillos. Luego yo, desnuda, camino alrededor del cuarto. Y tú tratas de alcanzarme”... Desde la malla de alambre que circundaba al aeropuerto Babalucas y su amigo veían el aterrizaje de los aviones. El amigo le dijo al tonto roque: “Ya no les eches migas. Bajan solos”... Preguntaba Capronio, sujeto ruin y desconsiderado: “¿Por qué Diosito no les puso a las mujeres los ojos en las bubis? De esa manera ellas no se estarían quejando siempre de que los hombres no las vemos a los ojos”... Dulcilí, cándida chica sin experiencia alguna, le preguntó a Pirulina, muchacha sabidora: “¿Qué se siente que te hagan el amor con preservativo?”. Respondió ella: “Depende del contenido”... “De veras, yerno. No me interesa ver de cerca las cataratas del Niágara”. “Vamos, vamos, suegrita. Ya no objete y métase en el barril”... Afrodisio Pitongo, hombre proclive a la concupiscencia de la carne, leyó un aviso de ocasión en el periódico. Cierta agencia de colocaciones solicitaba un hombre que se encargara de afeitar la línea del bikini a las chicas que participaban en los concursos de belleza. El empleo era más atractivo aún si se consideraba que también pagaban por él. Se presentó en la agencia y dijo que quería optar al puesto. “Claro que sí -le respondió el encargado-. ¿Puede usted estar en la calle 185 mañana a las 9?”. ¿La calle 185? -se desconcertó Afrodisio-. El aviso dice que el local del empleo está en la calle 2”. “Sí -confirmó el encargado-. Pero la fila de los que lo solicitan empieza en la calle 185”... FIN.



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