05/03/2018

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De política y cosas peores

Contlapache


Catón

El joven Pitorrango conoció en el bar de moda a una chica, y después de invitarle varias copas -champaña, pidió ella- la invitó a ir con él al solitario sitio llamado El Ensalivadero, lugar alejado de la ciudad en el cual las parejitas se entregaban a expansiones prematrimoniales. En el asiento de atrás del automóvil se efectuó un trance que no describo aquí por escrúpulos de moralina, pero que mis cuatro lectores imaginan ya. Acabado el ocasional connubio la muchacha le dijo a Pitorrango: “Olvidé comentarte que soy prostituta. Me dedico a esto profesionalmente. Son mil pesos de la follada”. Replicó Pitorrango: “Y yo olvidé comentarte que soy taxista, también de profesión. Si no quieres caminar de regreso a la ciudad son mil pesos de la dejada”... Dulciflor estaba en la sala de su casa en compañía de su novio. Su mamá, preocupada porque la muchacha no subía a su cuarto, le preguntó desde la escalera: “Hija: ¿está ahí Leovigildo?”. Respondió Dulciflor: “Todavía no, mami, pero ya se va acercando”... En la reunión de mujeres dijo una: “Me prometí a mí misma no hacer el amor con nadie hasta encontrar al hombre perfecto”. Opinó otra: “Eso debe ser muy difícil”. “Para mí no lo es -declaró la primera-. Pero mi marido está bastante molesto”...Linda palabra mexicana es “contlapache”, a pesar de ser mala palabra. Viene del náhuatl “tlaopachoa”, la acción de la gallina que cubre los huevos para empollarlos. El término “contlapache”, peyorativo siempre, es sinónimo de cómplice o compinche. Pues bien: el Gobierno ha hecho que la Procuraduría General de la República sea contlapache del PRI. Desde luego no esperamos que las contiendas políticas sean entre ángeles y arcángeles, pero tampoco deben ser un cochinero. Y así se ven ya desde ahora las campañas por la Presidencia. Lo peor de todo es que el Gobierno es el que está aportando la mayor dosis de indecencia. Eso de poner las instituciones del Estado al servicio de un partido es un caso de corrupción más grande que aquellos que hasta hoy se han conocido. Y sin embargo el hostigamiento oficialista a Ricardo Anaya antes lo está fortaleciendo que debilitando. Entre ese lobo ahora con piel de oveja que es López Obrador, y esa oveja ahora con piel de lobo que es José Antonio Meade, Anaya se va distanciando más del priista en las encuestas electorales, y bien podría alcanzar antes de la elección al candidato de Morena. Así las cosas, un ataque del régimen más beneficia que perjudica al atacado. (Lo mejor que Peña Nieto podría hacer para dañar a López Obrador sería hablar bien de él). Palos de ciego sigue dando el prigobierno, y su errática conducta es evidencia de desesperación, y aun de pánico. Si los priistas tuvieran una dosis mínima de sentido de la realidad aventarían la toalla aun antes de sonar la campana. No lo hacen, y golpean donde no deben. Al ir contra el rival equivocado ayudan a quien es su verdadero adversario. Esto ya no es sinrazón: es locura. No necesita el PRI un ideólogo, y ni siquiera un estratega. Necesita un psiquiatra... Don Cornulio llegó a su casa cuando no se le esperaba y encontró a su mujer celebrando el H. Ayuntamiento con un desconocido. En paroxismo fúrico le espetó a la pecatriz los nombres de algunas famosas cortesanas: “¡Friné! ¡Cleopatra! ¡Thais! ¡Mesalina!”. “Ay, Cornulio -replicó ella, impaciente-. ¿Acaso no te has dado cuenta de que estamos viviendo tiempos de alternancia?”... Tres amigos hablaban acerca de la amenaza nuclear. Preguntó uno: “¿Qué harían ustedes si supieran que en cinco minutos iba a caer una bomba atómica?”. Respondió uno: “Yo me follaría a lo primero que se moviera”. Dijo el otro: “Y yo me quedaría quietecito”... FIN.




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