01/04/2018

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Pasos de éxito

Los momentos más difíciles


Ana Cristina Martínez

Los obstáculos, los problemas, las adversidades, también son parte del aprendizaje. Un joven estudiante debe saber reconocer el problema y cómo resolverlo. Hoy en día las universidades están interesadas en saber de qué forma se puede salir adelante después de una adversidad. ¿Cómo pudo un joven estudiante resolver una situación difícil? ¿Qué hizo para poder impulsarse a no quedarse tirado y continuar luchando? Existen muchas situaciones en las cuales un joven puede caer vencido pero el retomar su camino, ponerse de pie y seguir luchando, es parte del perfil que están buscando.

¿Cuál es la razón detrás de estas preguntas? La razón principal es que una universidad que va a invertir su dinero en un candidato para sus becas, debe ser el perfil de un guerrero, un joven que se entrene a luchar por lo que ama, por lo que le apasiona, por su sueño, donde nada ni nadie lo derrote. No sé por qué pero dentro de nuestros jóvenes les apapachamos mucho la tristeza, el dolor, de algo que no salió bien. Recuerdo en la niñez de muchos de nosotros que si te caías, los papás ni se acercaban solamente gritaban de lejos “levántate, no paso nada” y le seguíamos corriendo. Lo mismo sucedía con la bicicleta, te caías y para arriba, vuélvete a subir, pedaléale que no pasó nada.

La experiencia del golpe nos enseñaba a ver que habíamos hecho mal y a recalcular para no volver a cometer el mismo error.

Me gusta mucho leer los artículos del Dr. Jesús Amaya, pero en especial me llamó mucho la atención el artículo “Ese no es mi problema”, donde pide a los padres que “dejemos a nuestros hijos resolver sus problemas por ellos mismos”, que sepamos apoyar pero no resolver, a amar pero no sobreproteger, a escuchar pero no decirles lo qué hacer.

Como padres apoyemos a nuestros hijos a que si caen, se levanten; si cometen un error, aprendan de su error; si meten la pata sepan resolver. No se ofendan padres de familia, pero en los últimos años es cuando me he topado con jóvenes de quince años que los tratan como de tres. La madre en una junta se pone a defender al hijo que debe once trabajos en clase diciéndome a mí: “Usted los perdió es su problema no el de mi hijo”. Y si recuerdan a Kiko el del Chavo del Ocho que decía “chusma, chusma, prrrrr” así volteó conmigo el estudiante y me dice: “Lo que pasa es que usted no me hace caso, es mala conmigo, no me quiere”, cuando en su mirada solamente podía ver “ves, no te metas conmigo, mi mami me va a defender”.

Los momentos más difíciles para los jóvenes estudiantes deben ser resueltos por sí solos o se convertirán en lisiados de carácter. Un estudiante debe acercarse con su profesor primero a tratar de resolver el problema, admitir que ha cometido un error y lo que debe hacer para solucionarlo. El doctor Jesús Amaya finaliza el artículo “Ese no es mi problema” mencionando “si no enseñamos a nuestros hijos a enfrentar sus problemas, seremos nosotros quienes los enfrentaremos. Ustedes decidan”.

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