15/04/2018

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PRO Inclusión

Construyendo paz


Martha Luján

Gabriela Martínez, directora de Movimiento Asociativo CONFE estuvo algunos días de esta semana en nuestra ciudad para participar en un evento denominado: Caravana de Familias “De la Discapacidad a la Capacidad” organizado por la asociación civil que yo represento.

Durante el evento tuvo una intervención con familias de personas con discapacidad y a ellas les preguntó: ¿qué quisieran decir como mensaje a otras madres de hijos con discapacidad?, de inmediato las mamás respondieron: Que no están solas.

La soledad para muchas de nosotras es un tema serio del que poco se ha reflexionado.

Recuerdo que para mí, el primer gran momento de soledad en mi camino al lado de Rafael mi hijo, lo sentí cuando poco después de su diagnóstico prenatal de discapacidad.

A pesar de que tenía un esposo, a mis padres y a algunas buenas amigas a mi lado, sentía una real y fría soledad. Sentía que nadie era capaz de entender mi situación. Ellos queriendo apoyar mi momento, me daban mensajes de consuelo y trataban de distraerme; sin embargo, cada palabra que me daban, abría para mí un abismo que me dejaba cada vez más y más lejos de ellos. No fue sino hasta que hablé con otra mamá de un hijo con Síndrome de Down, que encontré un poco de consuelo.

A veces la pérdida de un ser querido, una crisis económica, un divorcio o como en mi caso, el diagnóstico de discapacidad de mi hijo, pueden convertirse en un detonante que nos deja solos. A mí, parecía haberme colocado en una isla donde no me sentía ni segura, ni cómoda, ni feliz. Quería compañía, pero no encontraba a nadie con quien yo sintiera que sería capaz de quedarse ahí conmigo sin cuestionar o juzgar. Quería a alguien que me diera distancia para respirar, llorar y encontrarme conmigo misma, pero que al mismo tiempo me hiciera saber acompañada, ¿complicado verdad?

La compañía de otros padres o madres y especialmente los grupos de autoayuda de familias relacionadas con discapacidad son muchas veces el valioso recurso para expresar y trabajar con estas necesidades emocionales. Ser familiar de alguna persona con discapacidad es para muchos una carga emocional de la que poco hablamos.

Quizá porque pareciera que todo lo que somos y lo que únicamente importa es nuestro hijo o familiar con discapacidad. Hemos sido “entrenados” a priorizar las necesidades de ellos y no está mal... Pero ... ¿y nuestras necesidades? ¿Donde están las necesidades de nosotros los cuidadores?

Necesitamos encontrar espacios para hablar de emociones y necesidades. Es importante encontrar grupos para vincularnos unos a otros y sabernos acompañados. No estoy hablando de tener amigas o amigos (eso es otra historia y por supuesto que también es necesario), estoy hablando de tener núcleos guiados de apoyo, donde las familias podamos estar para ver por nuestras necesidades y donde nos ayuden a identificar también nuestras fortalezas, donde encontremos un hombro para llorar o celebrar, donde podamos hablar de crisis conductuales de nuestros hijos, pero también de todo aquello que tiene nuestras mentes en angustia o caos.

Gracias Gaby… por dar a Nuevo Laredo paz. Paz en las mentes de algunas madres y padres que de verdad tanto lo necesitábamos.

¡¡¡CONFE los esperamos pronto de regreso!!!




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