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‘Peje(no)mics’


Denise Dresser

Con fanfarrias. Con fuegos artificiales y luces de bengala. Con bombo y platillo anuncian los llamados “Pejenomics”, cuyo objetivo es “explicar las líneas generales del programa económico de AMLO y despejar las inquietudes sembradas por las campañas de desprestigio”. Hace bien el equipo económico del puntero en exorcizar los fantasmas de expropiaciones, nacionalizaciones, devaluaciones y demás peligros conjurados de manera alarmista. Hace bien en desactivar las diatribas sobre el venezolamiento de México, tan distorsionadoras y tan delirantes. Pero hace mal el lopezobradorismo en presentar un programa que no explica a profundidad lo esbozado, ni provee las respuestas suficientes, ni responde a las preguntas legítimas. Su esfuerzo por despejar dudas acaba exacerbándolas.

“Pejenomics” propone reactivar la economía, pero no explica la razón fundamental detrás de nuestro perenne subdesempeño económico, lo que nos mantiene maniatados sexenio tras sexenio: el capitalismo de cuates que no se basa en la competencia o la innovación, sino en la protección y la extracción. Habla de los resultados de esta encarnación tóxica del capitalismo -concentración de la riqueza y ausencia de un piso parejo- pero el diagnóstico correcto no lleva a las soluciones apropiadas. Es cierto que urge separar el poder político del poder económico pero el lopezobradorismo no explica cómo lo hará. ¿Con una política integral de competencia? ¿Con el desmantelamiento de monopolios? ¿Con mejor regulación para los sectores oligopolizados? No basta con separar a los malos empresarios de los buenos; habrá que reescribir las reglas para todos.

“Pejenomics” propone convertir al Estado en motor de desarrollo, vía la inversión pública que detonará la inversión privada. Pero el gobierno mexicano tiene recursos limitados para gastar y lo hace muy mal. El modelo “keynesiano” funciona para promover el crecimiento no sólo cuando aumenta el gasto público; requiere que ese gasto sea canalizado a la inversión productiva. ¿Cómo lograr que el Estado gaste más pero que lo haga de mejor manera? ¿Y cuando ya gran parte de ese gasto está comprometido en el pago de pensiones y el servicio de la deuda, entre otros rubros? Hace falta un Estado que intervenga pero también mercados que funcionen.

“Pejenomics” plantea la soberanía alimentaria y abatir el déficit comercial de granos mediante “el apoyo” a la protección de cultivos, y que “consumamos lo que producimos”. Pero no explica si esa visión incluiría medidas proteccionistas y precios de garantía. Actualmente importamos granos y muchos otros productos del extranjero, porque son más baratos y eso ayuda a quienes menos tienen. Es debatible que colocar barreras al comercio -en aras de fortalecer el mercado interno- beneficie a los consumidores, que sí, consumirían alimentos 100% hechos en México, pero mucho más caros. Resulta políticamente redituable promover la imagen de un país fuerte, soberano, con industria nacional, que se vale por sí mismo. Esa utopía hecha realidad puede producir -como lo hizo en el pasado- consumidores exprimidos por empresas mexicanas protegidas y poco competitivas.

“Pejenomics” promete no aumentar los impuestos, porque AMLO sabe que eso sería políticamente dañino en el contexto electoral. Pero entonces deja pendiente la pregunta de cómo redistribuirá la riqueza concentrada y encarará la desigualdad lacerante. Eso se lograría solo con una política fiscal progresiva. México tiene la recaudación más baja como porcentaje del PIB de los países de la OCDE, y por ello el Estado mexicano no tiene dinero suficiente para dedicarlo a nuestra subclase permanente de 52 millones de pobres. Pero el programa presentado no menciona cómo ampliar la base tributaria, cómo disminuir la evasión, cómo combatir la informalidad. Los recursos liberados vía el combate a privilegios y corrupción no serán suficientes para financiar “la cuarta transformación”.

“Pejenomics” todavía dista de ser una visión programática coherente y clara. Muchos problemas estructurales de la economía mexicana no se tocan siquiera y otros son encarados de manera cuestionable o contradictoria. Resaltar estas deficiencias no significa defender el “neoliberalismo” fallido o ser anayista o priista o estar a favor de la permanencia del PRIAN. Sí significa creer que los asesores económicos de AMLO dan para más. Y lo saben.




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