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Debajo del volcán


Padre Leonardo López Guajardo

El espectáculo era impresionante: la erupción del volcán de fuego en Guatemala, se volvió un tremend topic en las redes sociales.

Muchos de estos videos se tomaron desde teléfonos celulares, donde cientos de personas no perdían detalle. Aunque para muchos de ellos pasaron de la fascinación al terror, cuando amenazadoras nubes negras de ceniza, avanzaban hacia ellos, obligándolas a huir despavoridos ante la amenaza de morir asfixiados.

Esta conducta es común en muchos de nosotros: no dudamos en arriesgar la vida por eventos peligrosos. La muerte de cada vez más personas por hacerse una selfie original y presumirla en las redes sociales, va en aumento… por unos likes, vale la pena.

Pero también es cierto que muchos de nosotros, nos acercamos a conductas altamente riesgosas que ponen a riesgo nuestra dignidad y nuestro futuro. La noticia que publicó El Mañana del embarazo diario de tres menores de edad diario (¡gracias reguetón!), el desenfrenado consumo de alcohol, el imprudente acercamiento a personas de conducta antisocial, la elección de programas de dudosa inteligencia, a los cuales nos acercamos, nos divertimos y actuamos como si eso no nos pudiera hacer ningún daño, no son inofensivos, porque nuestras debilidades, allí están, acechándonos.

En uno de los últimos documentos del Papa, éste escribió:

“No estoy hablando de la alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy. Porque el consumismo sólo empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo. Me refiero más bien a esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque ‘hay más dicha en dar que en recibir’, ‘Dios ama al que da con alegría’. El amor fraterno multiplica nuestra capacidad de gozo, ya que nos vuelve capaces de gozar con el bien de los otros: ‘Alegraos con los que están alegres’. ‘Nos alegramos siendo débiles, con tal de que vosotros seáis fuertes’. En cambio, si ‘nos concentramos en nuestras propias necesidades, nos condenamos a vivir con poca alegría’.

La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas ‘sean lo que son’, o lo que algunos han decidido que sean. Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado.

Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario. Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento.



Esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida, y entonces hay que discernir si es el vino nuevo que viene de Dios o es una novedad engañosa del espíritu del mundo o del espíritu del diablo. En otras ocasiones sucede lo contrario, porque las fuerzas del mal nos inducen a no cambiar, a dejar las cosas como están, a optar por el inmovilismo o la rigidez. Entonces impedimos que actúe el soplo del Espíritu. Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los ‘signos de los tiempos’— para reconocer los caminos de la libertad plena: ‘Examinen todo; quédense con lo bueno’”.

Una actitud en la que usted, como siempre, tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com




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