08/06/2018

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Pasadizo secreto

Los ‘otros’ fundadores del Nuevo Laredo


Miguel Rodríguez Sosa

La historia de la fundación de Nuevo Laredo a través de las décadas ha estado llena de “supuestos” por lo mismo de confusiones, esa falta de información e investigación ha dado pie a que únicamente se tomen en cuenta lo que se cree aparentemente sucedió; han sido los historiadores, los que según y a través de sus inquietudes han interconectado ese hilo del tiempo entre el pasado y el presente, mas sin embargo curiosamente por siempre se han dirigido de una forma lineal hacia los sucesos políticos más que ciudadanos; por lo mismo estos “mercaderes” de la historia y al estar por siempre a la orden de la misma autoridad municipal, han propiciado el mantener en el olvido tanto en su versión como en su verdad a los “otros” fundadores de Nuevo Laredo.

En la esquina nororiente de la calle Independencia en su cruce con la Lerdo de Tejada aún se encuentra ese viejo edificio que albergó por muchas décadas una ferretera, en ella dos personajes de una estatura alta, blancos ya de cabello escaso atendían a toda su clientela, la ciudadanía entera conocía a ese negocio como el de don Lucas Vela Franco en donde se conseguía de todo, desde un hilo para los trompos de los niños hasta esa herramienta necesaria y útil para desempeñar ese trabajo casero o de oficio.

Tan sólo el entrar a ese negocio de los Vela Franco se sentía ese viejo Nuevo Laredo, ese ambiente guardado y por años de la gente y de sus costumbres, ese piso brillante en ocasiones cubierto del oliente aserrín, elemento que se acostumbraba en otras épocas para proteger o mantener aseado esa parte del edificio.

Muchos pero muchos años duró la Licorería del Río en la esquina norponiente de la avenida Guerrero en su cruce con la calle Lincoln, sitio en donde el señor Del Río mantuvo su negocio de venta de licores sobre todo al turismo que llegaba a esta frontera; en verdad que tardó bastantes años para animarse a remodelar su local, pues así le gustaba a él, mantener ese viejo estilo, con su singular anuncio de luz de neón en forma de flecha el que prendía y apagaba, por lo mismo esa apariencia enmarcaba y excelentemente bien el reflejo de ese histórico y verdadero Nuevo Laredo.

Al igual como estos emprendedores de negocios tanto del comercio local como turístico, también sobresalieron grandes personajes del ramo educativo, el recordar a una gran maestra como fue la profesora Otila Garza viuda de Alba, es sentir nuevamente a los que fueron sus discípulos, sus compañeros o conocidos esa manifestación de ella de ese patriotismo, de ese amor por la que hizo su tierra, su Nuevo Laredo.

En el deporte destacó un gran manejador de boxeadores, don Germán Barrientos Márquez, el que a través de su Gimnasio Casanova ahí ubicado sobre la avenida Juárez entre las calles Independencia y Madero formó para él una gran cadena de campeones, y no precisamente por lograr campeonatos o haber llevado al extranjero a boxear como los casos de Fernando “El Toro” Montes o de su hermano Gonzalo “El Ratón” Montes, sino que por el simple hecho de acudir a su “establo” esa gente, su gente ya eran de Nuevo Laredo triunfadores.

Don Guillermo Fernández de Jáuregui Arechavala, conocido empresario, dueño del antiguo negocio de Pollitos Memo por muchos años ubicado en la esquina de Guerrero y Guatemala, próspero comerciante llegado a esta ciudad allá por la década de los años cincuenta posterior a la inundación que vivió Nuevo Laredo, arribó aquí como empleado de la Aduana, aunque originario de Uruapan, Michoacán, es ya hijo adoptivo de esta frontera.

Estos personajes de Nuevo Laredo al igual que muchos otros, quizás nunca fueron tomados en cuenta por ninguna persona que se dedicó en su momento a construir la historia de Nuevo Laredo, pues de haberlo hecho, de haber preguntado o consultado algún suceso, y al no encajar con lo que se quería construir, por lo mismo y por lo que hoy se ve, con alta probabilidad que se dejaba a un lado, en el olvido.

Siempre se ha cuestionado a los fundadores de Nuevo Laredo, no precisamente porque no haya sido cierta su historia, ni su acción de que se trajeron hasta los restos de sus difuntos para enterrarlos en este lado mexicano, sino porque los mismos historiadores le han dado ese matiz de falta de credibilidad al poner o componer cosas ciertas con inciertas o increíbles, sin bases ni fundamento alguno en el libro de la historia de esta ciudad.

Aunque sea difícil de creer, aún existen señores y señoras de edad avanzada originarias o no de Nuevo Laredo, pero por muchos años residentes de aquí que pudieran aún dar testimonio de cómo se gestó esto de la fundación, cuándo y de qué modo se comenzó a seleccionar nombres de familias o personajes conocidos para instalarlos como los fundadores de esta ciudad, de obtener tan sólo un testimonio actual y real de alguno de ellos, con alta probabilidad que echaría por la borda lo narrado, lo construido por muchos historiadores; por supuesto que antes de 1948 no existía por lo menos eso de las familias fundadoras, en consecuencia ahora sí que es complicado el saber a quién se le ocurrió dicha idea.

Quizás haya sido por esa falta de identidad que surgió ese sentimiento propiciado por las mismas autoridades municipales en turno, apoyados por los historiadores de esos tiempos para gestar una serie de actividades en pro de tener una historia, así surge un Monumento a Los Fundadores, un escudo de armas, familias fundadoras, todas de cierto modo engarzadas y concretadas en corto tiempo, apresuradas, igualmente condimentadas o faltas de esa labor de investigación.

Hoy probablemente aún se esté a tiempo de reconstruir todo, de darle esa verdadera dirección a la fundación u orígenes de ese Nuevo Laredo, aprovechando que todavía viven muchos neolaredenses originarios de aquí o adoptivos, residentes que ansiosos están esperando el ser escuchados para narrar su verdadera historia.




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