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Dos epístolas


Sergio Aguayo



El mes de julio fue bueno para el conocimiento. Pudimos observar las posibilidades y las dificultades de reajustar la relación entre México y los Estados Unidos.

Dejo para otra ocasión los posibles motivos tras la buena disposición entre Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador. Llevamos ¡un mes! sin tuitazos contra México. La amabilidad brota de su intercambio epistolar y hasta coincidieron en los temas prioritarios: comercio, migración, desarrollo y seguridad. Bosquejaron ideas y ensayaron propuestas en los tres primeros pero evitaron, prudentes, las espinosas relaciones de seguridad que desde 1969 sacuden, de cuando en cuando, la relación.

En julio hubo espasmos pasajeros. El 17, Olga Sánchez Cordero soltó una bomba al finalizar su conferencia en El Colegio de México; informó que había conversado con Andrés Manuel sobre su propuesta de despenalizar “la droga” (así, en singular) y que el próximo presidente le dio “carta abierta, lo que sea necesario para pacificar este país, abramos el debate”. La reacción de Washington tardó un día. La vocera de la Casa Blanca declaró que ellos se oponen a la posibilidad de que México legalice “todas las drogas” (así, en plural). Luego regresó el silencio. Como si estuvieran midiendo fuerzas.

A López Obrador le quedan cuatro meses de gracia. Si tiene suerte, antes de ser investido presidente se habrá aprobado algún Tratado de Libre Comercio lo que limpiará el terreno para las reacciones a su anunciada estrategia en favor de la paz. Con sus planes estarán rascándole la barriga y jalándole los bigotes al tigre americano.

Ante lo inevitable de las tensiones, la mejor apuesta para el país es que el nuevo gobierno cumpla con el compromiso asumido por López Obrador el 24 de julio de “transparentar todo lo que tiene que ver con la relación” entre los dos países. En el capítulo de seguridad será una medida revolucionaria, porque es la parte más opaca del intenso intercambio que tenemos con el vecino del norte. Añado tres razones por las cuales será saludable quitar la cortina de silencio a esos asuntos.

Una pieza clave de la nueva estrategia de seguridad es la mejoría en la inteligencia que ahora depende excesivamente de Estados Unidos. Fuentes informadas me dicen que el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) no considera a Estados Unidos para la agenda de riesgos. Es un error. Tenemos que apoyarnos en la capacidad del vecino en ese terreno, pero también debemos establecer aquellas políticas o instituciones estadounidenses que amenazan nuestra seguridad.

La segunda razón es que, en la medida en que conozcamos mejor las entrañas de las relaciones de seguridad, mejorará nuestra conciencia sobre el peso que tienen los Estados Unidos en la violencia que asola a nuestro país. Esa mejoría en la comprensión ciudadana, será una sólida base interna para que el nuevo gobierno deseche de una buena vez el síndrome derrotista verbalizado por Miguel de la Madrid en sus memorias: “Nosotros no estamos en capacidad de presionarlos (a los Estados Unidos)”. El enunciado es inexacto. En aquello que tengamos la razón podemos y debemos.

Una forma de hacerlo es promover con mayor energía en nuestros vecinos del norte una idea central: los gobiernos y las sociedades de ambos países son corresponsables del auge de adicciones y crimen organizado. Para cambiar la percepción tan negativa sobre México tenemos que insistir en que reconozcan que ellos también son responsables. La embajada, los consulados y las asociaciones y clubes serían una excelente plataforma para esa renovación.

En 2013 el Pew Research Center estimaba en 5.3 millones el número de personas que se definían como judías en Estados Unidos. Pese a su escaso número, su cabildeo ha sido fundamental para la existencia de Israel. En 2015 la misma fuente estimaba en 35.7 millones el número de personas con algún origen mexicano. Es un potencial enorme que no ha sido aprovechado.

Es probable que la cordialidad entre Trump y AMLO se evapore y son seguras las tensiones en el reajuste sobre las relaciones de seguridad. Es igualmente cierto que si queremos ser tratados con respeto, tendremos que conquistarlo.

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz.




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