03/08/2018

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Pasadizo secreto

¿A qué dios le rezas? Al que me escuche


Miguel Rodríguez Sosa

En una de las escenas de la película futurista Mad Max, producción hollywoodense, uno de los personajes femeninos y ante el ataque de sus enemigos, temerosa cierra sus ojos, junta sus manos y las acerca a su barbilla, después las mueve una y otra vez, su compañera de a lado le pregunta qué es lo que hace, y ella le responde, orando, y le vuelve a cuestionar, ¿a qué dios le rezas?, al que me escuche.

Según datos del Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) en el censo del 2010 demostró que la religión católica sigue siendo y con mucha ventaja la preferida de los mexicanos, mas sin embargo otras religiones sí que se han ido adentrando, posesionando de cierta parte poblacional, marcándose ese crecimiento en algunos estados sobre todo del sureste mexicano; mas sin embargo, otra porción de mexicanos ha ido de menos a más al considerarse dentro de estas encuestas con cierta intolerancia a cualquier religión, conocidos comúnmente como ateos.

Desde la visita del Papa Francisco a México en el año 2016, los cambios en la Iglesia Católica no han sido tan significativos, los feligreses no han aumentado, las iglesias se siguen llenando convocados sí por eventos tradicionales, pero pasados éstos, sus templos vuelven a ser “olvidados” por esa parte que se considera católica ocasional.

En consecuencia, este comportamiento de los fieles católicos, de acudir tan sólo en esas ocasiones, provoca el no tan sólo dejar a un lado en los momentos difíciles de sus vidas a su religión católica, sino también el ser influenciados y ante la gravedad del problema por prácticas que momentáneamente “alivien” o den respuesta a ese dolor que de momento se padece.

Y no precisamente porque la lectura de cartas, limpias, la compra de amuletos de la buena suerte entre otros instrumentos o servicios sean malos, o no cumplan con su cometido, sino que esa actitud al menos de los católicos no es más que tan sólo una clara manifestación de duda sobre su propia fe, al no recibir esos resultados positivos o reconfortantes a sus peticiones a través de sus oraciones.

Queda claro que la muerte de un familiar es el trance más doloroso del ser humano, mas sin embargo la falta de recursos económicos, el desamor o lo mal que le va en todos los aspectos a ese otro ser querido, provoca que se manifieste esa impotencia ante esas adversidades, y al agotarse el rezo, esa imploración a su dios, empieza ese claro viacrucis que conlleva a la pérdida de fe en lo que por siempre se ha creído, permitido dirigir su vida.

Quizás la religión católica al menos en México está perdiendo esa fuerza de atracción, pues los nuevos esposos ya no buscan el casarse por la Iglesia al ser el costo económico demasiado, en consecuencia, muchos de los nuevos matrimonios por igual a sus niños ya no los bautizan al no ser una obligación o requerimiento para registrarlos, darles un nombre e identidad ante las leyes de los humanos.

Desafortunadamente es la misma Iglesia Católica la que ha permitido que sus sacramentos se estén comercializando, ocasionando que la boda, el quince años, el bautizo, la confirmación, la primera comunión, por igual la conmemoración de aniversario de bodas o la misa del difunto estén tan lejos de su propósito religioso, por lo que el católico en estos asuntos termina con los bolsillos vacíos, como por igual vacíos en su fe, de su dios.

Qué falta pues para que la Iglesia Católica vuelva a poseer esa credibilidad absoluta, acaso dejar de utilizar los sacramentos como actos de comercio y verdaderamente invitar al rezo y la oración en sus iglesias; por supuesto que hoy en día todo cuesta, pero debe de quedar claro que el reconfrontar a los fieles a través de la fe nunca se le deberá imponer un costo.

La Biblia es lo que menos se lee en sus templos, cuando este libro sagrado es el principal elemento para cambiar la actitud de muchos seres humanos; entonces, dónde queda pues esa labor sacerdotal para sanar, atraer nuevamente a muchas de sus ovejas descarriadas que han perdido la fe, dónde está ese ejército de seminaristas listos para acudir casa por casa buscando a sus católicos y a través de la lectura de la Biblia mitigarles su dolor.

Muy poco se conoce, pero el empresario Henry Ford, creador de los automóviles motrices de su mismo nombre siempre cargaba la Biblia, al grado de externar en alguna ocasión de su vida: “La Biblia no necesita que yo le haga publicidad, pero daría cualquier cosa porque la leyera mucha más gente”.

Este otro caso pudiera parecer raro, pero en el lecho de muerte de un presidente de Estados Unidos de Norteamérica, se encontraba un viejo libro ya desgastado, éste era la Biblia, aquel político y militar era George Washington, quien en un momento de su vida llegó a afirmar: “Es imposible gobernar al mundo con justicia, sin contar con Dios y la Biblia”.

Por supuesto que en otros países a la Biblia sus enemigos la han atacado, pasarla como no cierta, pero al final de sus vidas, de su existencia muchos de éstos se han retractado.

Voltaire escritor y filósofo con muchos otros tantos títulos era un claro defensor de la tolerancia religiosa, crítico que continuamente se burlaba de todo lo relacionado a las religiones, pero ante la cercanía de su muerte imploró: ¡Jesucristo sálvame!, ¡Dios ten piedad de mí!

Los católicos tienen que entender que su Iglesia es el pilar en donde se descarguen todos sus sufrimientos, pedidos o demandas, al tener ésta ese instrumento del que muchos o quizás todos deben apoyarse como es la Biblia misma, por eso, es necesario demandar más de esa institución religiosa su lectura; y la Iglesia misma comenzar a cambiar sus liturgias, dejar esa constante monotonía.




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