PERFIL
ANTERIORES
10/10/2018
03/10/2018
26/09/2018
12/09/2018
05/09/2018
22/08/2018
08/08/2018

0
0
Compartiendo opiniones

Vandalismo


Padre Leonardo López Guajardo

Quienes hemos tenido la fortuna de conocer Santiago de Compostela en España, hemos quedado impresionados por la belleza y el valor artístico de su bella Catedral, y ha sido visitada por decenas de millones de personas a lo largo de 8 siglos.

Por eso, la noticia de un acto vandálico en su contra, en el que una persona, presuntamente ebria, le pareció una divertida ocurrencia, la de pintarrajear una de sus centenarias esculturas románicas, con rayas parecidas a las que utilizaba el famoso grupo Kiss.

Pero a nadie más le pareció divertido, entre la tristeza y el enojo, docenas de turistas contemplaban el daño –afortunadamente reparable- que se le había hecho a la escultura.

Sin embargo, muchos de nosotros nos parecemos más a esa persona de lo que nos imaginamos. Es frecuente que muchos de nosotros, banalicemos, no solamente la dignidad de los demás, sino hasta la propia, con actos y maneras de pensar que nos destruyen y esterilizan lo mejor de nosotros y los demás.

La semana pasada, en su audiencia semanal, el Papa dijo:

“¿Cómo se desarrolla una idolatría? El mandamiento describe frases: ‘No te harás ni escultura ni imagen alguna […]. / No te postrarás ante ellas / ni les darás culto’ (Éxodo 20, 4-5).

La palabra ‘ídolo’ en griego deriva del verbo ‘ver’. Un ídolo es una ‘visión’ que tiende a convertirse en una fijación, una obsesión. El ídolo es en realidad una proyección de sí mismo en los objetos o en los proyectos. De esta dinámica se sirve, por ejemplo, la publicidad: no veo el objeto en sí pero percibo ese coche, ese celular, ese cargo —u otras cosas— como un medio para realizarme y responder a mis necesidades esenciales. Y los busco, hablo de eso, pienso en eso; la idea de poseer ese objeto o realizar ese proyecto; alcanzar esa posición, parece un camino maravilloso para la felicidad, una torre para alcanzar el cielo (cf. Génesis 11, 1-9), y todo se convierte en funcional a esa meta.

Entonces se entra en la segunda fase: ‘No te postrarás ante ellas’. Lo ídolos exigen un culto, rituales: a ellos hay que postrarse y sacrificar todo. En la antigüedad se hacían sacrificios humanos a los ídolos, pero también hoy: por la carrera se sacrifican los hijos, descuidándoles o simplemente no teniéndolos; la belleza pide sacrificios humanos. ¡Cuántas horas delante del espejo! Ciertas personas, ciertas mujeres ¿cuánto gastan para maquillarse? También esta es una idolatría. No es malo maquillarse; pero de forma normal, no para convertirse en una diosa. La belleza pide sacrificios humanos.

La fama pide la inmolación de sí mismo, de la propia inocencia y autenticidad. Los ídolos piden sangre. El dinero roba vida y el placer lleva a la soledad. Las estructuras económicas sacrifican vidas humanas por útiles mayores. Pensemos en tanta gente sin trabajo. ¿Por qué? Porque a veces sucede que los empresarios de esa empresa, de esa compañía, han decidido despedir gente, para ganar más dinero. El ídolo del dinero. Se vive en la hipocresía, haciendo y diciendo lo que los otros se esperan, porque el dios de la propia afirmación lo impone. Y se arruinan vidas, se destruyen familias y se abandonan jóvenes en mano de modelos destructivos, para aumentar los beneficios. También la droga es un ídolo. Cuántos jóvenes arruinan la salud, incluso la vida, adorando este ídolo de la droga.

Aquí llega el tercero y más trágico estado: ‘... ni les darás culto’, dice. Los ídolos esclavizan. Prometen felicidad pero no la dan; y te encuentras viviendo por esa cosa o por esa visión, atrapado en un vórtice auto-destructivo, esperando un resultado que no llega nunca.

Queridos hermanos y hermanas, los ídolos prometen vida, pero en realidad la quitan. El Dios verdadero no pide la vida sino que la dona, la regala. El Dios verdadero no ofrece una proyección de nuestro éxito, sino que enseña a amar. El Dios verdadero no pide hijos, sino que dona a su Hijo por nosotros. Los ídolos proyectan hipótesis futuras y hacen despreciar el presente; el Dios verdadero enseña a vivir en la realidad de cada día, en lo concreto, no con ilusiones sobre el futuro: hoy y mañana y pasado mañana caminando hacia el futuro. La concreción del Dios verdadero contra la liquidez de los ídolos.

Yo os invito a pensar hoy: ¿cuántos ídolos tengo o cuál es mi ídolo favorito? Porque reconocer las propias idolatrías es un inicio de gracia, y pone en el camino del amor. De hecho, el amor es incompatible con la idolatría: si algo se convierte en absoluto e intocable, entonces es más importante que un cónyuge, que un hijo, o que una amistad. El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor. Y así para ir detrás de los ídolos, de un ídolo, podemos incluso renegar al padre, la madre, los hijos, la mujer, el esposo, la familia... lo más querido.

El apego a un objeto o a una idea hace ciegos al amor. Llevad esto en el corazón: los ídolos nos roban el amor, los ídolos nos hacen ciegos al amor y para amar realmente es necesario ser libres de todo ídolo”.

¿Cuál es mi ídolo? ¡Quítalo y tíralo por la ventana!.... Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com




Dale ME GUSTA a nuestra página de Facebook o síguenos en Twitter como @Elmananaonline

Editora Argos agradece cada una de las opiniones vertidas en este sitio.
Internet es una herramienta formidable para ejercitar la libertad de expresión y servir como medio de legítima denuncia, crítica y opinión.

Por el respeto a esta encomienda, El Mañana se reservara el derecho a editar o publicar mensajes obscenos o bien que atenten contra la ley, el orden social y la dignidad de terceros.

Agregar un comentario nuevo






Nuevo Laredo, Tamps.  
Compra
$17.70
Venta
$18.60
EDICION
IMPRESA
 
internet@elmanana.com.mx