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Aventuras del Mantarraya

Perdiendo la noción del tiempo


Óscar Leal

En plena canícula (época del año cuando gracias a la rotación de la Tierra en torno al sol, ambos se encuentran en la distancia más cercana, elevando la temperatura de la Tierra) el ambiente rebasa los 40 grados centígrados a la sombra y para practicar nuestro deporte favorito, es necesario madrugar para aprovechar los frescos amaneceres o de plano esperar hasta después de las 4:00 de la tarde para evitar las horas de mayor exposición de los rayos solares. Esta medida de seguridad acorta las horas disponibles para intentar buenas capturas, que en otras estaciones del año aprovecharíamos todo el día sin ningún problema, pero en esta ocasión, gracias a la compañía de Édgar como mi compañero de pesca en aguas de la presa Falcón, todo el panorama cambia, pues nos dimos el lujo de aprovechar el ocaso del “rey sol” para salir en una nueva aventura de pesca con horario diurno, gracias a que nuestro guía conoce de inicio a fin las márgenes de la presa.

Con escasos minutos de luz, nos dirigimos por todo el bordo que colinda con la aduana aprovechando las luces internas de la embarcación y como guía las luces externas de la aduana, las cuales nos acompañaron junto a una noche de cielo despejado, de calmos vientos. Navegando a motor moderado, logramos con facilidad llegar a las compuertas de este gran manto acuífero, ahí sus profundidades de más de 35 pies, y la ayuda de un plomo tipo bala, nos ayudaron a lanzar raltraps y paletones hasta el fondo, aprovechando el típico sonido de estos señuelos necesarios ante la oscuridad para llamar la atención de los peces.

Ya con el clima a favor y con lances pausados, con la intensión de barrer el fondo, empezamos a recoger la línea lo más lento posible, abarcando la mayor cantidad de circunferencia; después de una hora bajo un cielo apagado en su totalidad, logramos posicionarnos frente a un punto “matón”, donde apenas lanzabas el señuelo y antes de llegar al fondo la línea empezaba a dar unos buenos tirones, disparada en sentido contrario de la embarcación a toda velocidad anunciando un buen enganche.

El buen clima nocturno más la suma de adrenalina de las capturas lograron borrar la noción del tiempo, quedando atrapados por las descargas de adrenalina de los enganches y la calma reinante de la obscuridad, crearon el ambiente perfecto.

Una vez que cesaron las capturas y retornamos al área del parque para sacar nuestra embarcación del agua, el reloj marcaba las 11:00 de la noche. Ya con los pies en la tierra, destapamos unas heladas para seguir charlando y disfrutando de esa noche fácil de recordar por la buena pesca junto a la fresca sensación de la noche.

Cuéntame tu historia,

tú ya conoces la mía…

viajesdepesca@hotmail.com




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