10/08/2018

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Pasadizo secreto

‘El Colmillo Público’


Miguel Rodríguez Sosa

Tanto la crítica como la controversia son y han sido entre otros puntos de opinión consideradas por siempre como parte de la columna vertebral del periodismo nacional, éstas enfocadas mayormente hacia los personajes que están o que fueron parte titular de alguno de los tres poderes de gobierno, de alguna dependencia pública; por lo mismo la prensa sobre todo la escrita siempre ha permeado sobre ellos remarcándoles esa mala actuación o resultado que de cierto modo afecte a la ciudadanía, acción que por supuesto o lastima en su imagen o hace reflexionar a ese político o funcionario máxime si aspira a un puesto o cargo mayor; uno de lo viejos periódicos mexicanos que coadyuvaron en otras épocas a ser incisivos en esto, en orientar la opinión fue “El Colmillo Público”.

Pero el periódico “Regeneración” fue sin lugar a dudas el principal medio comunicativo que logró conocerse incluso a nivel nacional, esto por marcar a través de sus líneas ese “desorden” auspiciado en la época del Porfiriato, dando pie a que algunos periodistas siguieran su línea surgiendo así “El Constitucional”, el “Chinaco”, “La Guacamaya”, “El Antirreeleccionista”, “El Diablito Rojo”, “Redención”, “Excelsior”, “El Paladín”, “El Progreso Latino”, entre muchos otros periodistas y publicaciones bajo el mismo perfil de crítica.

Pero esas gacetas, periódicos, diarios, revistas, toda manifestación escrita eran duramente atacados, perseguidos incluso clausurados sus centros laborales, talleres en donde se originaban; su principal verdugo los mismos funcionarios, políticos, gobierno por no estar de acuerdo en que se les estuvieran marcando sus fallas, sus decisiones, en sí lo que de cierto modo se sabía no beneficiaba a sus gobernados, fuerte actitud que perduró después y por muchas décadas.

Todo este esfuerzo y arriesgue de la prensa de antaño ocasionó que ambos “contendientes” entraran en una etapa de maduración, en consecuencia la profesionalización para redactar, la selección de mentes idóneas para trasladar la queja, la crítica se fueron dando poco a poco, logrando quizás no esa aceptación por parte del que recibe el señalamiento, pero sí esa comprensión de que tienen que existir medios por los cuales el mismo pueblo externe sus inquietudes, su denuncia al agotar todos los alcances posibles.

Queda claro que hoy muchos de los políticos, funcionarios por igual tienen un alto grado de nivel educativo, con infinidad de cursos, diplomados, doctorados incluso han sido partícipes de foros motivacionales, estas academias, disciplinas de cierto modo los redireccionan o los hacen comprender que ese cargo o función que liderean o representan, por ese simple hecho, serán parte de ese juicio periodístico, ciudadano con relación a su actuación, cargo o persona.

Pero esto no quiere decir que a estos personajes no se les tenga cierto respeto, o que a fuerzas tengan que aguantar o ser parte de ese abanico de opiniones que les llega como aire caliente, al ser la misma prensa en todos sus formatos ese regulador siempre basados a lo que la misma sociedad les demande.

Entendible es que cualquier medio de comunicación será por siempre ese portavoz de lo que la comunidad pide, ya sea en salud, educación, servicios públicos, ayudas o por qué no incluso el remarcar o manifestar esa mala actuación de este u otro funcionario, representante, encargado o titular de una dirección o dependencia gubernamental, al recaer en éstos al ser los principales responsables de lo que suceda en su área laboral.

Mas sin embargo, lo que está sucediendo en la actualidad con el uso libre y desmedido de las redes sociales, medios de comunicación electrónicos como el mismo Facebook, que día a día se llena de cargas “noticiosas” o “informativas” a favor o en contra de las actuaciones de cualquier funcionario, dependencia o gobierno y que muchos sin contar con ninguna licencia, registro o autorización de dependencia alguna de gobierno, prensa escrita, radio o televisión que por igual los contrate o los regule para lo mismo, actúan rebasando lo que en cuestiones de bien informar o señalar se acostumbra.

No se trata de indicar que esta nueva modalidad esté mal, o que no funcione, al saberse que la tecnología es la puntera en esta época moderna para llegar a millones y millones de personas, lo que se cuestiona es que en su mayoría no tienen una fuente informativa verídica, creíble de donde se originó para externar el comentario, noticia, al ser meras suposiciones o creencias de que así sucedió, dando paso a comentarios dudosos mismos que al ser retransmitidos entre sus receptores, desafortunadamente toman esa fuerza de “creíble”.

Por supuesto que a lo largo y ancho de México existieron periódicos de oposición, periodistas precursores, periodistas revolucionarios, todos éstos que formaron con sus comentarios esa línea, esa manera de manejar la información, éstos bien o mal, sirvieron para que esa profesión se fuera perfeccionando; muchos de éstos padecieron al ser los principales señaladores de la dictadura al menos porfirista, de malos funcionarios, entre ellos se podrían mencionar a Luis González de “El Explorador” de Morelia; Filomeno Mata de “El Diario del Hogar” de la Ciudad de México; Daniel Cabrera de “El Hijo del Ahuizote” Ciudad de México; José Ferrel de “El Demócrata” de Sinaloa, o Paulino Martínez de “La Voz de Juárez” de Coahuila.

Ojalá que algún día las redes sociales, o todo espacio en donde de cierto modo se transmita una noticia, crítica, opinión o inclusive se exhiba un hecho que impacte de cierto modo a la sociedad, cuenten con ese sello, permiso o categoría de creíble, que por igual esos personajes que de un forma independiente se dedican a tomar estas tareas, sean por alguna autoridad regulados para que sus actos cuenten ahora sí con ese soporte de credibilidad, en consecuencia se beneficien al reconocerles su personalidad periodística.

Ojalá que algún día los verdaderos reporteros, periodistas, dueños de concesiones de prensa escrita, radio, televisión, inclusive los transmitidos por las distintas redes sociales debidamente identificados y registrados ante la autoridad que los regula, y a través de sus gremios sindicales, agrupamientos, juntos comiencen a crear un reglamento, ordenamiento que de cierto modo estipule las características y obligaciones del que pretenda difundir información de cualesquier tipo por medios electrónicos.

Ojalá que algún día los verdaderos medios de comunicación reconozcan el valor, el arrojo de esos periódicos de oposición, de esos periodistas precursores, de esos periodistas revolucionarios de antaño que juntos con sus actos lograron establecer los cimientos en donde hoy se apoyan las nuevas generaciones; así reconocerles que su lucha, su sacrificio por defender su profesión periodística no fue ni será nunca en vano.




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