12/08/2018

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Del otro lado

(Inserte aquí sonido de tren)


Jorge Santana

Este mes cumplo 32 años. Dicen los que saben que, en pocas palabras médicas, que ya estoy jodido, ya todo es para abajo de aquí en adelante. Poco a poco pero seguro, mi cuerpo va en declive, ya nunca será el mismo, ya nunca me veré tan joven. Mi cerebro ya no retendrá la misma información, la elasticidad ahí quedó nomás, en cualquier momento una cana se va a aparecer como esa tía que no te acuerdas muy bien quién es, pero se está comiendo todo en la carne asada. Ya me fregué porque no encontré el elixir de la juventud a tiempo, lo que sí puedo decirles es que el amor no es elixir de nada, ese sólo te pone gordo y acabado. Me emociona mi edad, algo he aprendido estos años. Me cae bien el nivel de amargura y felicidad que he logrado. Sigo aprendiendo cosas nuevas, como lo que aprendí hoy sábado siendo las 5pm. nunca había visto esta luz entrar a mi oficina, es realmente hermosa, me envuelve como un abrazo caliente lleno de amor. Anoto que en agosto a las 5pm si busco un abrazo, la ventana de este cuarto me lo dará todo. Me pongo a pensar en qué pediré éste año cuando sople ese gran número de velitas, tal vez lo mismo que años anteriores, absolutamente nada, tengo más fe en la nada que en ese todo rebuscado. El cumpleaños que más recuerdo fue en un lugar bastante inusual y terriblemente común. El primer McDonald’s de Laredo, el de tejas, está junto a las vías, las vías que literal pasan pegaditas a su estacionamiento. Probablemente como un juego de marketing, dejaron un cabús o furgón de cola, totalmente funcional, estacionado a medio metro de las vías, era el McFurgón y ahí se organizaban pequeñas fiestas. El furgón era diminuto, apenas cabían unos 10 niños que veían con asombro el interior de un tren, y más cuando pasaba un tren de verdad por la ventana que casi podías tocar. La modernidad y su fijación con la seguridad mataron al furgón, lo quitaron por ser demasiado peligroso. Pero fuimos el único McDonald’s en el mundo que tenía un furgón como una extensión del restaurante. El furgoncito acabó en un puesto de tacos por la avenida Santa María que al único lugar que te conduce a todo vapor, es al colesterol. Pues bueno querido lector, estás invitado a mi piñata, si quieres ir escríbeme a jorgesantana1@gmail.comtal vez te invite, tal vez no, todo puede pasar en esta terrible y hermosa vida.




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