15/09/2018

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Pasadizo secreto

La fúnebre ceremonia de Hidalgo y otros caudillos


Miguel Rodríguez Sosa

La historia sobre los pasajes de la Independencia de México es repetitiva, pues así como está marcada en los libros de texto, así se queda, así se aprende, y con el paso del tiempo se va puliendo, se va haciendo en consecuencia más simple, menos narrativa, menos completa; aunado a esa falta de interés de las nuevas generaciones, por lo mismo se van perdiendo detalles, situaciones quizás desconocidas, interesantes, por ser este el mes de septiembre, Mes de la Patria, renace como ya es costumbre ese patriotismo, pero curiosamente de esta historia en conocimiento por igual se llega a lo mismo, provocando que no se “escarbe” para conocer más, causando pereza, en consecuencia se ignore algo tan importante y que a continuación se transcribe tomado de las efemérides nacionales como fue la fúnebre ceremonia de Hidalgo y otros caudillos.

“A mediados del año 1823, el Soberano Congreso expidió un decreto para que fuesen depositados en la Catedral de Méjico los restos mortales de los primeros caudillos de la Independencia, entretanto se erigía para ellos un monumento adecuado, pues se recordará que, por un inexplicable olvido, las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez, habían quedado como cosa olvidada, expuestas al público en jaulas de hierro en los cuatro ángulos del famoso Castillo de Granaditas. Se dispuso la solemne translación de los restos para el día 17 de septiembre de 1823, en cuya fecha las campanas de Catedral doblaban con imponente tañido desde la víspera, anunciando la fúnebre ceremonia”.

“Las calles estaban de luto; pues en todas las fachadas y balcones lucían cortinajes blancos con moños negros de crespón; y á eso de las dos de la tarde, las fuerzas de la Guarnición habían salido á formar valla en la de Santo Domingo y calles siguientes, rumbo al norte, en espera de la comitiva que, entrando por la Villa de Guadalupe, conducía los restos. Entrando por la puerta del costado de la iglesia, fueron allí recibidas las urnas, colocadas sobre la pira dispuesta al efecto y veladas toda la noche del 16 por tropas del Séptimo Batallón de Infantería, cantándose al día siguiente, 17, á las seis de la mañana, una solemne misa de vigilia”.

“Cerca de las nueve se presentó en el templo el general D. Vicente Guerrero, acompañado de numeroso séquito y se organizó la marcha hacia Catedral, caminando por delante un destacamento de caballería, varios cañones de batalla, el mayor general, jinete en arrojante corcel, seguido de su comitiva; luego dos compañías de granaderos; las cofradías y comunidades religiosas portando cirios; las hermandades, clero y demás corporaciones con cruces, velas y ciriales, las parroquias, cabildo eclesiástico, cleresía, y coro de Catedral; seguían la urna tapizada de terciopelo negro con franjas de plata, y la de cristal, que contenía los restos, ambas en hombros de personajes distinguidos”.

“Luego el carro expresante construido para aquel acto solemne, en cuyo frontispicio se leía: ‘la marcha de la muerte para ser inmolados por la Patria en el cadalso es la marcha del héroe que camina al templo de la inmortalidad’, seguía luego una guardia con armas á la funeral, bandera enrrollada, cornetas y tambores á la sordina; diputación provincial, doctores, colegios, ayuntamiento, audiencia, ministerios, Poder Ejecutivo, comisión de la Cámara, Estado Mayor y tropas de la Guarnición. De Santo Domingo se dirigió la comitiva por las calles de Tacuba, San José El Real, Espíritu Santo, ex-portal de agustinos, plaza de armas y Catedral, á donde legaron á mediodía y fueron puestas las urnas sobre el túmulo que se tenía preparado, dando desde luego principio la función religiosa, consistente en misa de réquiem y oración fúnebre, pronunciada con elocuente palabra por el Dr. D. Francisco Argándar; responsos y depósito final de los restos”.

“El carro á que nos hemos referido estaba adornado con candelabros de bronce, vasos cinerarios, sarcófago y una estatua de la inmortalidad, construida por Don Pedro Patiño Ixtolinque; y la gran pira dispuesta en Catedral, fué la misma que sirvió para las exequias del Excmo. É Ilmo, Señor Don Francisco Javier de Sizana, Virrey y Arzobispo de Méjico; para las honras fúnebres de S. S. el Papa Pío IX y últimamente para las de S. S. León XIII. La construyó el insigne arquitecto Don Manuel Tolsa, y consta de tres cuerpos majestuosos, rematados por un soberbio pedestal que sostiene á la estatua de la iglesia”.




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