19/09/2018

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Juegos de Poder

Maldito 19 de septiembre y maldita corrupción


Leo Zuckermann

Los chilangos odiamos el 19 de septiembre. En general, soy un escéptico de las coincidencias, sobre todo cuando se trata de algo tan fortuito como un fenómeno natural. Pero, caray, vaya que resulta horripilante eso de haber vivido dos sismos de gran magnitud en la misma fecha en la misma ciudad. Así es la naturaleza en este tema de los temblores: no avisa y, para acabar de amolarla, los humanos no hemos descubierto una manera de pronosticarlos, como sí lo hemos hecho con los huracanes. El asunto es que hoy, maldito 19 de septiembre, se cumplen 33 años del sismo de 1985 y uno del de 2017. Ambos terribles y desastrosos. Ambos que sacaron lo mejor y lo peor de lo que somos.

Como en ‘85, frente a los edificios colapsados, observamos a la gente organizándose para rescatar a los muertos y heridos. La famosa solidaridad de la que tanto hablamos en los años ochenta y que fue fundamental para el cambio político de México. Una vez más, los chilangos dejamos a un lado nuestra chocante arrogancia, el individualismo que nos caracteriza, para acudir en ayuda del prójimo. Duró unos cuantos días. Al poco tiempo, regresamos al “sálvese el que pueda”. Pero, en el corazón chilango, siempre quedará la huella de la conmovedora solidaridad en momentos de desgracia.

El terremoto de 1985 tuvo peores consecuencias que el de 2017. Algo aprendimos y algo se corrigió del primero. Hace 33 años, la ciudad casi colapsó. 32 años después de aquel trágico episodio, menos edificios se dañaron. Hubo, por tanto, menos muertos y heridos. Las autoridades gubernamentales reaccionaron más rápido y los sistemas de comunicación funcionaron con mayor eficacia. Pero…Sí, hay un “pero”. El maldito 19 de septiembre nos recordó la maldita corrupción de este país.

Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) ha publicado un documento indignante titulado “¿Por qué se cayó mi edificio?”. Cinco días después del sismo, esta organización “lanzó una convocatoria para que los ciudadanos enviaran información sobre edificios que sufrieron algún tipo de afectación. El objetivo fue mostrar qué había causado esos daños, independientemente de las versiones gubernamentales. Se recibieron datos de 200 inmuebles que se complementaron con recorridos, información recopilada por ingenieros de la UNAM, así como de la Plataforma CDMX del Gobierno de la Ciudad de México. Al final se construyó una base de datos de 365 registros y se eligieron 28 edificios para realizar su autopsia”.

El resultado es 28 historias que demuestran una cadena de corrupción, negligencia e impunidad. Cito los principales hallazgos:

“El Reglamento de Construcciones, catalogado como uno de los mejores del mundo, se ignora tanto por las autoridades como por los constructores […] Los ciudadanos quedaron atrapados en edificios en donde se hicieron modificaciones en los cálculos de ingeniería para aumentar los márgenes de ganancias de las constructoras; en inmuebles levantados con materiales de baja calidad o insuficientes; en sitios construidos sobre cimientos viejos, pero que se presumían como departamentos nuevos (…) Después del sismo de 1985 se creó la figura de los Directores Responsables de Obra (DRO) y la de los Corresponsables en Seguridad Estructural (CSE). Con el tiempo, esa figura se pervirtió. Sobre todo, porque son contratados por las inmobiliarias y con ello pierden independencia. Además, se creó una especie de mercado negro de firmas de DRO (…) En varios de los edificios que se analizaron aparecen nombres ligados con autoridades del gobierno (…) Las delegaciones y las administraciones capitalinas ignoraron las voces de vecinos que alertaron y denunciaron sobre inmuebles que violaban usos de suelo, construcciones que se levantaban sin permisos o edificios que tenían daños desde el sismo de 1985 y se reconstruían para venderlos como departamentos (…) Se utilizan documentos falsos, con información imprecisa o datos que no corresponden a lo que se construye (…) Las autoridades del gobierno central y delegacionales otorgan permisos sin revisar planos o estudios de suelo (…) Se encontró que del 2000 al 2017 por lo menos 27 funcionarios que ocupaban el puesto de Dirección de Obras en las delegaciones no tenían formación en ingeniería civil o arquitectura (…) Autoridades de todos los niveles, DRO y empresas inmobiliarias se lavan las manos. Nadie asume la responsabilidad (…) Información vital para conocer cómo se ha construido la metrópoli no se encuentra en los archivos delegacionales o está incompleta”.

Felicidades a MCCI por esta nueva investigación que nos recuerda la maldita corrupción del maldito 19 de septiembre.



Twitter: @leozuckermann




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