21/09/2018

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Pasadizo secreto

Espíritu Santo, ‘la Catedral’ de la opulencia


Miguel Rodríguez Sosa

“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un rico entre en el Reino de Dios”. - Jesús de Nazareth

El reciente anuncio hecho por el párroco encargado de la Catedral del Espíritu Santo de que instalará en ese recinto un elevador con valor de más de un millón de pesos, con seguridad de que este proyecto no tiene muy contentos a mucho de sus mismos católicos radicados al menos en esta ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas, al considerar que dicho equipo no es tan necesario, urgente como la ya tan esperada conclusión del Seminario; por lo que esta actitud del párroco de querer demostrar con estas acciones, no beneficios directos a la comunidad católica, sino más bien ofrecer comodidad en una reducida área, hace pensar, considerar a la otrora iglesia del Espíritu Santo, “la Catedral” de la opulencia.

Pues hablar de riquezas, es recordar aquel suceso, evento que consistió en un extravío, pero no de ostias, sotanas, ni mucho menos libros como la Biblia, sino de finos relojes, telas importadas de gran calidad, entre otros objetos de considerable valor, lo sorprendente que todo ese lote y que en su momento los medios periodísticos así lo informaban, pertenecía, era propiedad del padre que estuvo al frente y que por muchas décadas administró dicho recinto sagrado.

Por lo que se ve, y por la actitud que cada párroco toma para realizar o llevar a cabo sus proyectos, queda claro que el propio Obispo Enrique Sánchez Martínez no tiene autoridad, injerencia sobre esos actos, pues de haber sido cuestionado, por lo menos aceptado su consejo con referencia a esta obra, muy seguramente hubiera dado su total desaprobación al saberse que efectivamente ese gasto no redituaría ningún beneficio en general a la grey católica neolaredense.

Y de haberlo aceptado, estar de cierto modo forzado al acuerdo de su materialización, el Obispo Sánchez Martínez con alta certeza de que, dentro de su ser, de su sentimiento, el remordimiento se hizo más que presente, al pensar, al ver cómo otras parroquias, iglesias, templos, incluso sus mismos sacerdotes padecen de las más mínimas elementales necesidades, pues muchos de esos párrocos se les ve sobrecargados de gran humildad, caminando por las calles, transportándose en camiones urbanos, incluso en bicicletas.

Cierto es que la iglesia del Espíritu Santo, hoy convertida en Catedral no fue producto de los dineros del pueblo ni mucho menos auspiciada o financiada por gobierno municipal, estatal o federal alguno, sino por una familia de gran poder económico, por supuesto en su momento para su uso y goce personal.

Mas sin embargo iglesia, que con el correr del tiempo y a petición de la misma ciudadanía, se logró derribar esas bardas limitadoras que la aislaban del pueblo de Nuevo Laredo, de sus demás fieles católicos, lográndose así que todos, absolutamente todos pudieran acudir ahí a escuchar misa, participar de todos los beneficios, programas o servicios religiosos.

Desafortunadamente y aunque hoy a nadie se le prohíbe acudir a ese recinto sagrado, aun y nombrándola Catedral no se le ha quitado ese estigma de ostentosidad y riqueza, pues quien quiera o pretenda acudir a escuchar misa, a solicitar un servicio religioso, sabrá que el desembolso económico será mucho mayor en comparación con otras similares iglesias católicas.

Queda claro que muchos de sus ingresos u obras de mejoramiento están auspiciadas, manejadas por comités, agrupamientos creados para lo mismo o en pro de esa Catedral, mas, sin embargo, esa marcada segregación y exagerado lujo es lo que en verdad lastima, acompleja y de cierto modo a los “otros” católicos con menores oportunidades económicas.

Ese cambio de imagen de iglesia a Catedral ha marcado un antes y después en ese templo sagrado, pues más que ser un centro de adoración como fue la idea o lo que inicialmente se pretendió al solicitar su ingreso al católico en general, se ha estado convirtiendo poco a poco en un mercader de costosísimos servicios tales como misas para difuntos, de réquiem, bodas, quince años, aniversarios, incluso utilizado ahora como espacio para resguardo de cenizas, servicios que por lo mismo al menos éste último provoca desembolsos económicos por compra de espacio, de cuotas de mantenimiento y conservación.

Corresponde al propio Obispo Enrique Sánchez Martínez, el convocar a todas las iglesias católicas de Nuevo Laredo, a la feligresía en general para reforzar esa humildad, para lo mismo llevar a cabo año con año, en las instalaciones de la Feria, del Palenque, alguna amplia plaza o en el propio Centro Cultural para cumplir con dicho propósito, ser así equitativos, comprensivos entre ellos mismos para que todos tengan acceso a esos recursos que a otros por su ubicación les lleguen en demasía.

Corresponde al propio Obispo Enrique Sánchez Martínez, el convocar a todas las iglesias católicas de Nuevo Laredo, a sus propios feligreses e informar, aclarar que él como primera autoridad es ajeno a dichas obras o actividades, para que así exista esa armonía, así se refuerce esa unión, florezca pues esa satisfacción, confianza de ser católico.

Hoy en día la Iglesia Católica a nivel mundial está padeciendo de episodios de falta de credibilidad, por lo mismo a nivel nación, estatal o en pueblos o ciudades, deben ser y con mucha más fuerza el ejemplo de lo que se pregona, en este caso muy particular de lo que sucede en la Catedral, ser partícipes de esa humildad y no ostentosidad, aun y sea algo mucho muy necesario.

Los comités o asociaciones no deben de procurar o exhibir en demasía los proyectos que se tienen en puerta, no desvirtuar o confundir con sus acciones lo que para su iglesia pretendan, pues eso implica nazca entre la misma ciudadanía católica o no, ese celo, esa impotencia por no lograr, tener o disfrutar de lo mismo.

Entonces quizás aun sea el momento para cancelar dicho proyecto y redireccionar dichos recursos para la ya materialización y conclusión del tan ya deseado Seminario, de hacerlo con alta seguridad que les será ampliamente aplaudido.

Recordar que no se requiere de un costosísimo “elevador” para llegar al Cielo, sino de humildad, de actos bondadosos, de mejores actitudes entre y con la ciudadanía, con sus propios semejantes católicos.




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