05/10/2018

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Pasadizo secreto

Desde el Salambo al Noa Noa


Miguel Rodríguez Sosa

Que nació en Tlacotalpan, Veracruz hacia el año 1900 precisamente el 30 de octubre, que no, que nació en la Ciudad de México según un reconocido periodista que incluso en su momento mostró su acta de nacimiento también el 30 de octubre pero de 1897, muchos veracruzanos insistieron que el “Flaco de Oro” les consta porque lo vieron, nació en el Estado veracruzano, pero en ese hoy pintoresco pueblito no hay constancia escrita de su nacimiento; Parácuaro, Michoacán vio nacer a un niño que con el correr de los años y por situaciones propias de su familia lo llevaron a radicar a Ciudad Juárez, chihuahua, estos dos grandes cantautores mexicanos en su momento hicieron vibrar a millones de seres humanos desde El Salambo al Noa Noa.

Según los historiadores, Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino, el llamado “Flaco de Oro”, después de varias experiencias en centros nocturnos o cabarets dicen nacía ya como artista al ser contratado en el cabaret “Salambo” y descubierto por un prestigioso cantante de la época, de ahí parte su exitosa carrera grabando posteriormente su primer éxito “Imposible”, mas sin embargo se cuenta que en sí la primera canción que el “Flaco de Oro” registró fue “La Prisionera”.

Alberto Aguilera Valadez el llamado “Divo de Juárez” después de una vida artística de escasas oportunidades, logra en sus inicios ser parte del elenco musical en un bar nocturno de Ciudad Juárez, Chihuahua conocido como el “Noa Noa”, experiencia que lo marcó de por vida, después de eso, grabó y dio a conocer su primer éxito “No tengo dinero”, mas sin embargo sabido es que la primera canción que el “Divo de Juárez” compuso fue “La muerte del palomo”.

En todo México y a través de las décadas, el talento artístico siempre se ha destacado, muchos han sido partícipes de esa majestuosidad y derroche de habilidades que el propio mexicano por necesidad, o simplemente por esa gran creatividad e inspiración han logrado externar, explotar de una manera extraordinaria.

Mas sin embargo y en el caso de estos dos cantautores mexicanos fueron y por su propia cuenta triunfadores, destacados artistas, pues ninguno obtuvo en sus inicios beca o ayuda económica de alguna institución pública o privada, el Maestro Lara perfeccionó su conocimiento del piano de “oído”, era un nato autodidacta casi al igual que el destacado Aguilera, nunca recibieron el apoyo de sus estados natales, municipales, por su talento, nunca fueron canalizados hacia las Direcciones de Arte y Cultura o algo parecido para redireccionarlos hacia algún prestigiado conservatorio.

Al menos en los últimos 20 años y según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 1998 se destinaron al ramo cultural 2,592 millones de pesos, y el presupuesto de la Federación para este rubro al año 2018 ascendió a casi 13 mil millones de pesos, mas sin embargo están direccionados mayormente a programas grupales estatales, municipales, en consecuencia, demasiado politizados lo que provoca esa marcada distorsión de su objetivo final.

El Estado de Tamaulipas ha sido cuna de grandes actores, cantantes, intérpretes, muestra de ello Roberto Cantoral, Cuco Sánchez, Dulce, Rigo Tovar, entre muchos otros, pero todos bajo una misma línea, surgidos, mantenidos de una manera independiente.

En Nuevo Laredo el talento desafortunadamente no ha sido tan destacable, década tras década escasos han sido los personajes que han puesto en alto esta fronteriza ciudad, este negativo fenómeno no es comprensible, pues la cercanía con el país más poderoso del mundo, mínimo debería marcar a Nuevo Laredo como puntero de grandes personajes destacados en esas disciplinas artísticas.

Por supuesto que actualmente han surgido infinidad de actores teatrales, cantantes rockeros, gruperos, baladistas, mas sin embargo aún se está lejos de que se vea, se considere a Nuevo Laredo como ese semillero de talento nacional, internacional, destacable, pues a falta de ese apoyo económico por lo menos gubernamental, por igual de buenos manejadores, de excelentes mentores, precisamente por no tener ese antecedente profesional local, sufren, se desgastan, no se valoran, en consecuencia sus carreras o permanencias son fugaces.

Ojalá que algún día en esta ciudad de Nuevo Laredo, y cuando surja o se detecte a alguien que posea ese talento en alguna disciplina se le motive, se le ayude, se le apoye para que sobresalga, escale posiciones a grandes niveles, así sentirse los neolaredenses orgullosos y al final de su carrera ante todo México reclamarlo por ser quien fue, por sus grandes triunfos.

A la muerte de Agustín Lara ese 6 de noviembre de 1970 a las 14:50 horas, sus restos mortales fueron trasladados a la rotonda de las personas ilustres en la Ciudad de México, reclamado una y otra vez por Veracruz, su Tlacotalpan, su casita blanca, y aunque se siga poniendo en tela de duda de que ahí fue su verdadero lugar de nacimiento, los veracruzanos siguen insistiendo para que algún día sus restos ahí les sean devueltos por ser quien fue, por sus grandes triunfos.

A la muerte de Alberto Aguilera ese 28 de agosto del 2016 a las 11:17, sus cenizas fueron trasladadas a Ciudad Juárez, Chihuahua y colocadas en una de sus casas, y aunque ahí no nació, ese fue su último deseo, permanecer en ese para el significativo sitio, aún sea reclamado, solicitado por los habitantes de su tierra natal Parácuaro, Michoacán por ser quien fue, por sus grandes triunfos.




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