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Padre Leonardo López Guajardo

¿Es un número grande o pequeño? Pues son las muertes registradas de quienes se tomaron una selfie y murieron en el intento. Probablemente hayan sido más. Pero no cuentan las personas que han resultado heridas. La tendencia va en aumento.

¿Por qué tantas personas arriesgan su vida por una fotografía? ¿La obtención de un like? y, ¿por qué no?, de lograr un “tremendtopic”. ¿Es tan importante como para exponer una vida a cambio de nada? Tal parece que sí.

La necesidad de aceptación –y a veces de cualquier manera- es un fenómeno que ha sido ya estudiado por la ciencia, destacando los estudios del sociólogo George Maslow, sólo debajo de las necesidades básicas.

Desafortunadamente, para muchos, esta aceptación se basa en escandalizar, destruir o en conductas antisociales, que llenan las páginas de periódicos y los principales espacios en los noticieros.

Es lamentable que muchos de nosotros parezcamos limosneros, ávidos de hacer hasta el ridículo, con tal de lograr la limosna de la atención.

Es necesario cambiar de chip. A todos nos gustan los halagos, pero nunca buscarlos a costa de la dignidad.

La semana pasada, en el inicio del Sínodo de los jóvenes, en Roma, el Papa mencionó en el discurso de apertura, estas interesantes ideas:

“Huyamos de prejuicios y estereotipos. Un primer paso en la dirección de la escucha es liberar nuestras mentes y nuestros corazones de prejuicios y estereotipos: cuando pensamos que ya sabemos quién es el otro y lo que quiere, entonces se hace realmente difícil escucharlo en serio.

Las relaciones entre las generaciones son un terreno en el que los prejuicios y estereotipos se arraigan con una facilidad proverbial, sin que a menudo ni siquiera nos demos cuenta. Los jóvenes tienen la tentación de considerar a los adultos como anticuados; los adultos tienen la tentación de calificar a los jóvenes como inexpertos, de saber cómo son y sobre todo cómo deberían de ser y de comportarse.

Todo esto puede llegar a ser un fuerte obstáculo para el diálogo y el encuentro entre las generaciones. La mayoría de los aquí presentes no pertenecéis a la generación de los jóvenes, por lo que es evidente que debemos vigilar para evitar sobre todo el riesgo de hablar de los jóvenes a partir de categorías y esquemas mentales que ya están superados. Si podemos evitar este riesgo, entonces podremos contribuir a que sea posible una alianza entre generaciones. Los adultos deben superar la tentación de subestimar las capacidades de los jóvenes y juzgarlos negativamente.

Leí una vez que la primera mención de este hecho se remonta al 3000 a.C. y fue encontrado en una vasija de barro de la antigua Babilonia, donde está escrito que la juventud es inmoral y que los jóvenes no son capaces de salvar la cultura del pueblo. Es una vieja tradición de nosotros, los viejos. Los jóvenes, en cambio, deberían de vencer la tentación de no escuchar a los adultos y de considerar a los ancianos como ‘algo antiguo, pasado y aburrido’, olvidando que es absurdo querer empezar siempre de cero, como si la vida comenzara sólo con cada uno de ellos.

En realidad, los ancianos, a pesar de su fragilidad física, permanecen siempre como la memoria de nuestra humanidad, las raíces de nuestra sociedad, el ‘pulso’ de nuestra civilización. Despreciarlos, desprenderse de ellos, encerrarlos en reservas aisladas o ignorarlos es una muestra de cesión a la mentalidad del mundo que está devorando nuestras casas desde dentro. Descuidar el tesoro de las experiencias que cada generación recibe en herencia y transmite a la siguiente es un acto de autodestrucción”.

“Busca agradar al que tenga la razón y no a la mayoría que carece de ella”, enseñaba Sócrates poco antes de ser condenado a muerte. La vida vale más que un millón de likes. Pero en ello, como siempre, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com




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