21/10/2018

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Del otro lado

Estados Unidos MexicoArios


Jorge Santana

Para celebrar este mes de miedo, de Halloween, las próximas fechas de día de muertos. Muchos mexicanos como en una sesión espiritista, se unieron de las manos para llamar al espírituazabache de Trump. Yo creo que se les pasó la mano un poquito, porque el espíritu los tomó por completo, infiltró el cuerpo de muchos mexicanos y ahora poseídos por las fuerzas neonazis del gran líder naranja, balbucean histéricos el mismo discurso que el pequeño gran Donald. De pronto nuestra piel morena, nuestro legado azteca, nuestro nopal en el jardín, nuestra cocina oliendo a frijoles que burbujean con manteca, fue cambiado, se transformó.Ahora como por acto de magia todos somos europeos, nuestra cocina huele a guisos alemanes, y nuestra piel es de un blanco que ni Hitler sonó. La llegada de los hondureños a México hace que los mexicanos regalen en redes sociales el mismo discurso por el que condenaban a Tromp. Dicen airosos -son puros ladrones y violadores- -vienen a quitarnos el trabajo- -que se regresen a su tierra esos cochinos- -¿a qué vienen a México? A saquear- -pinche gente que se regrese, que los arresten- y otras frases celebres dignas de un ario, copiadas a una exactitud escalofriante de la lengua rosa del Donald. Creo que de tanto comer salchicha polaca en las carnitas asadas, ya nos sentimos de las Europas. Qué feliz debe sentirse Hitler al saber que en México tiene una red de embajadores entusiastas dispuestos a disparar odio a la menor provocación. El silencio mexicano es selectivo. Callamos ante los malos gobiernos, a Peña Nieto parece le perdonamos todo, no decimos nada, no hacemos patria, nos quedamos callados ante las injusticias, indiferentes ante la muerte, no exigimos ni al presidente municipal nos aclare cuentas. Pero eso sí, ante familias de hondureños devastados por las problemáticas de su país, nos volvemos unos perros rabiosos defendiendo nuestro territorio, y al mismo tiempo nos quejamos del mal trato que reciben los mexicanos en Gringolandia. La doble moral está hinchada, a todo lo que da, el odio es el alimento de estos días. Queremos, pero para nosotros, los demás que se jodan. Yo por eso dejé de creer en la humanidad hace mucho tiempo. Aunque tal vez no todo esté perdido, hay una panadería humilde en la frontera con Guatemala, del lado mexicano, ofreciendo pan gratis a los hondureños. Pero bueno, en fin, querido lector, qué le vamos a hacer. Lo bueno es que somos un país altamente religioso, si no imagínense jorgesantana1@gmail.com




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