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San Hipólito


Padre Leonardo López Guajardo

Templo colonial situado en contra esquina de la Alameda Central de la Ciudad de México, y que fue erigido en ese lugar donde se registró la batalla de la noche triste, pudo haber sido un lugar desapercibido de la capital.

Pero ahora ha pasado a ser uno de los templos más visitados de la ciudad, cuando se le cambió de nombre, en lugar de estar ahora dedicado a San Hipólito, ahora está dedicado a San Judas Tadeo.

Lo mismo ocurre en Nuevo Laredo, quizás sea el lugar más visitado de la ciudad, solamente después del Santuario de Guadalupe, y por un margen mucho menor.

¿De dónde surgió esta súbita devoción? Una devoción incluso fuertemente compartida por personas de marcada conducta antisocial, un santo invocado aun para cometer fechorías que se vuelve un cruel justiciero cuando no se cumplen las “cadenas”, surgidas de una reprobable superstición, que lejos de hacer homenaje a San Judas, perjudican y contaminan su devoción.

Ahora es una imagen presente en la mayoría de los templos católicos mexicanos, y el templo dedicado a él será objeto de innumerables peregrinaciones el próximo 28 de octubre.

A pesar de esta devoción, es muy poco lo que sabemos de él: fue elegido personalmente por el Señor y perteneció al grupo de los doce. Hace una pregunta en la Última Cena, y aparece mencionado en el libro de los Hechos. Según la tradición, es el autor de una breve carta que es colocada casi al final del Nuevo Testamento, escrita en el año 62, donde se identifica como apóstol y pariente de Jesús.

La conocida imagen de San Judas en que aparecen como símbolos: el fuego en su cabeza al Espíritu Santo, el libro que lleva en el brazo, la carta que está en la Biblia, el medallón, su semejanza física y espiritual, el bastón, los caminos que recorrió y el hacha, la forma en que fue martirizado, según la tradición, en Mesopotamia, junto al apóstol Simón. Por esa razón se celebran el mismo día.

Un verdadero devoto a San Judas –o en verdad, a cualquier devoción-, es el que busca imitar o adaptar lo mejor de la vida de las personas a las que venera. Un devoto de algún santo que no se esfuerza por seguir las enseñanzas de Jesús. Pues si algo compartían todos ellos era su amor a Dios, a sus hermanos y a la Iglesia.

Las imágenes no son amuletos, ni suplen los compromisos, no dan suerte, no son mágicos. Sólo quien se esfuerza a imitar lo mejor de él, puede llamarse su verdadero devoto. No convirtamos la devoción en farsa.

En su pasada audiencia, el Papa dijo:

“En la Biblia, al inicio, se lee esa frase terrible salida de la boca del primer homicida, Caín, después de que el Señor le pregunta dónde está su hermano, Caín responde: ‘No lo sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?’ (Génesis 4, 9). Así hablan los asesinos: ‘no me afecta’, ‘son cosas tuyas’ y cosas similares. Probemos a responder a esta pregunta: ¿Somos nosotros los custodios de nuestros hermanos? ¡Sí que lo somos! ¡Somos custodios los unos de los otros! Y este es el camino de la vida, es el camino del no matarás. La vida humana necesita amor. Y, ¿cuál es el amor auténtico? Es el que Cristo nos ha mostrado, es decir, la misericordia. El amor del que no podemos prescindir es el que perdona, que acoge a quien nos ha hecho mal. Ninguno puede sobrevivir sin misericordia, todos necesitamos el perdón. Por lo tanto, si matar significa destruir, suprimir, eliminar a alguien, entonces no matar querrá decir cuidar, valorar, incluir. Y también perdonar.

Nadie se puede ilusionar pensando: ‘Estoy bien porque no hago nada malo’, un mineral o una planta tienen este tipo de existencia, en cambio el hombre, no; una persona —un hombre o una mujer— no. A un hombre o a una mujer se les pide más. Hay bien por hacer, preparado para cada uno de nosotros, cada uno el suyo, que nos hace ser nosotros mismos hasta el fondo. ‘No matarás’ es un llamamiento al amor y a la misericordia, es una llamada a vivir según el Señor Jesús, que dio la vida por nosotros y por nosotros resucitó. Una vez repetimos todos juntos, aquí en la plaza, una frase de un Santo sobre esto. Tal vez nos ayude: ‘No hacer el mal es algo bueno. Pero no hacer el bien no es bueno’. Siempre debemos hacer el bien. Ir más allá”.

Honra a San Judas, pero de la manera correcta. Pero en ello, usted tiene la última palabra.

padreleonardo@hotmail.com




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