14/11/2018

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Pasadizo secreto

Para toda la familia


Miguel Rodríguez Sosa

Anteriormente en esta frontera la televisión no tenía tanta apertura, alcance, tan sólo se apreciaban el canal once de México, localmente el canal dos y si se contaba con una buena antena exterior aérea, recibía y bien los canales de Laredo, Texas, como era el ocho y trece respectivamente, ambos países estilaban ser muy selectivos, cuidaban escrupulosamente su material de proyección; en consecuencia lo que ahí se pasaba se ajustaba y perfectamente a esa misma línea llena de valores y moralidad, por eso mismo en esos tiempos no existía esa necesidad de especificar, aclarar que esta era una programación para toda la familia.

La televisión, y al éste ser un aparato tan costoso, por lo mismo tan escaso de conseguir o comprar nuevo o de segunda mano, a los niños y niñas se les prohibía el encenderla sin previo permiso, y no por cuidar de que no vieran programas no aptos para niños pues eso no existía, sino porque se evitaba que al manipularlo fueran dañados sus botones de encendido, o esa rueda giratoria selectora y ajustadora de imagen y canales.

En consecuencia se tenía que pedir permiso sobre todo a la madre que es la que se encontraba en los hogares, y al aceptar que la vieran, era costumbre que el ama de casa fuera ella misma la que la encendiera, por lo regular siempre se dejaba en el mismo canal, el que mejor se veía, los niños y niñas se sentaban en el suelo alrededor de ese aparato no sin antes ser advertidos de que no la estuvieran manipulando porque ésta se “descontrolaba”, y hay de aquellos que le quebraran ese florero que la dama colocaba en ella como adorno, o le desacomodaran su mantel de fino tejido.

Después de esa espera, la televisión empezaba a brindar esa imagen, esa magia que por igual emocionaba, aunque programaciones viejas o ya repetidas, una y otra vez eran apreciadas, disfrutadas no tan sólo por los infantes, sino por toda la familia en general.

Así “Tierra de gigantes”, “Los invasores”, “Mi bella genio”, “Los intocables” que emocionaban sobre todo a los jefes de familia eran ese coctel de diversión mezclado con ese merecido descanso, los niños y niñas por igual disfrutaban de Walt Disney, sus series, “Tarzán”, “Clarens el león visco”, “El túnel del tiempo”, “Los vengadores” hasta “Misión imposible”.

Claro que Mauricio Garcés le daba ese pícaro pero respetable toque a su programación, pero ya muy entrada la noche, cuando los niños iban a la cama a eso de las nueve o diez; “Ensalada de locos” con Lechuga, Suárez y Valdez hacían a todos reír, Los Polivoces, entre muchos otros que por igual nada en ellos o por medio de sus programas ofendía a la audiencia mexicana; no se puede dejar de mencionar a la serie de “La Familia Ingalls” la que envolvía con sus buenos argumentos esa problemática familiar, pero todo lleno de esos necesarios principios éticos, desbordados y externados por ese ejemplar jefe de familia.

Los neolaredenses que tenían la dicha de contar con una televisión, aunque fuera en blanco y negro, la disfrutaban, se transportaban a través de su programación más allá de esta frontera a lugares que nunca en su vida quizás se imaginaron o pudieron visitar.

Es una lástima, una verdadera pena que la televisión nacional, su programación “moderna”, esos niños y niñas de ayer, hoy adultos y que crecieron con esas sanas proyecciones y que están actualmente a cargo de esas nuevas direcciones, empresas televisoras en todos sus aspectos, la estén con sus actitudes alejando y totalmente de ese vínculo que los unía con su principal socio, con su principal espectador, con su principal objetivo y al que aún pertenecen, las familias mexicanas.




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