23/11/2018

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Pasadizo secreto

Doña Cresencia Garza, una laredense revolucionaria


Miguel Rodríguez Sosa

Noviembre es el mes de la conmemoración o recuerdo de la Revolución Mexicana, aunque este fue un conflicto político-armado entre la población mexicana, muchos extranjeros sobre todo del sur de Estados Unidos norteamericanos de una forma directa o actuando indirectamente fueron por igual partícipes de estos sangrientos sucesos; muchos niños y niñas desde el comienzo de su educación escolar en México, en esta frontera, de corridito se les inculca, se les da a conocer a los principales “héroes” de este conflicto armado, mas sin embargo se dejan a un lado, fuera del escenario a muchos y muchas otras como a la señora Cresencia Garza, una laredense revolucionaria.

Quien la introdujo a ese camino de inconformidad con lo que estaba pasando en el gobierno mexicano fue precisamente el que fue su esposo llamado Paulino Martínez, guanajuatense que se distinguió por tener un marcado pensamiento antiporfirista que remarcaba a través de sus publicaciones periodísticas, y que por esas mismas situaciones llega a la ciudad de Laredo, Texas, huyendo de esa persecución que para él ya era muy común.

Muchos fueron los periodistas que de alguna u otra forma atacaron, combatieron el régimen de la dictadura porfirista, y que por lo mismo fueron asesinados, enviados presos, clausuradas sus imprentas, en el caso del esposo de doña Cresencia Garza “El Mundo”, “Monitor Republicano”, “El Anticlerical”, “El Mosquito”, “Bombarba”, “El Insurgente”, “El Chinaco” fueron los medios de comunicación en los que se inició, participó, creó o trabajó a lo largo de su vida, pero el que le dio una fuerza y por siempre considerado como su trinchera para proyectar su imagen, sus pensamientos e ideas junto a su esposa doña Cresencia fue “La Voz de Juárez”.

En la mayoría del Estado sureño de Texas, entre sus pequeñas poblaciones o grandes ciudades, bien se sabía que existían innumerables grupos que se manifestaban en contra del régimen porfirista, por supuesto que en San Antonio y Laredo abundaban infinidad de este tipo de agrupamientos, precisamente por eso Don Paulino Martínez en estas tierras texanas, propiamente en Laredo fue más que bien recibido por un grupo de personas con iguales pensamientos.

En la ciudad de Laredo, Texas, se daban a conocer como fieles antiporfiristas infinidad de personajes, desde influyentes y reconocidos habitantes de esa ciudad hasta empresarios o grandes comerciantes, rancheros, ganaderos, quienes al saber de la llegada de don Paulino Martínez a su comunidad de inmediato le externaron las intenciones que por muchos meses estuvieron planeando.

Corría el año de 1890 y es aquí en donde la figura de Paulino Martínez es, forma parte de la historia revolucionaria de estas ambas ciudades fronterizas, pues al aceptar el participar en un arriesgado plan junto a otros tantos locales opositores al régimen porfirista, se lanzan a la tarea de atacar la Guarnición de Nuevo Laredo, así lograr la continuidad de los insurrectos hacia el Estado neolonés, intenciones que terminaron en un fracaso total.

Cabe aclarar que en ese inter la residente texana, dama muy conocida entre la sociedad de ese entonces y perteneciente a una de las familias de mayor tradición e influyentes de Laredo, Texas, señorita Cresencia Garza contrae matrimonio con el señor Paulino Martínez, lo que da pie a apoyar las ideas del ahora su marido.

Actividad que ponía asimismo a la laredense en el ojo político, ya que por esa misma función y pensamiento de imprenta, aleccionada por las claras ideas de su esposo padeció por igual del régimen porfirista.

Uno de esos episodios tristes en la vida de doña Cresencia Garza fue durante el destierro obligado de su señor esposo, quien huyó hacia los Estados Unidos de Norteamérica, quedando ella en la Ciudad de México al frente del periódico “El Chinaco”, publicación que seguía con la misma línea de ataque en contra de Porfirio Díaz, provocando la clausura de su imprenta y el apresamiento de la laredense Garza, situación que provocó el sufrimiento de sus integrantes familiares; en esa ocasión logra su libertad gracias a la intervención de la embajada norteamericana, por demostrar ser ciudadana norteamericana.

Doña Cresencia Garza y su esposo en verdad que forjaron una gran historia tanto en territorio mexicano como estadounidense, de hecho, en los diccionarios, libros de antaño, bibliografías se destaca la figura de don Paulino, pero siempre remarcando esos episodios de ambos, a él como ese periodista precursor que atacó la dictadura porfirista y a ella como fiel seguidora y apoyadora que fueron duramente castigados y perseguidos.

Estas actitudes de doña Cresencia Garza y su esposo por supuesto que no fueron eventos fugaces, ni mucho menos sucesos aislados, al ser parte de la misma línea crítica como otros tantos grupos o pensadores periodísticos, citando a Don Filomeno Mata director de “El Diario del Hogar” de la Ciudad de México, quien tuvo una treintena de ingresos a la cárcel; Daniel Cabrera de “El Hijo del Ahuizote”, quien fue encarcelado aun encontrándose en cama muy enfermo, entre muchos, muchos otros más.

No es por demás aclarar, agregar a la vida de doña Cresencia Garza que después de la fuga de Don Francisco I. Madero del Estado de San Luis Potosí al quedar en libertad se dirigió a la ciudad de San Antonio, Texas, donde ahí su esposo fue el primero en imprimir el Plan de San Luis.

Doña Cresencia Garza en su vida revolucionaria y debido a sus distintas actividades direccionadas por su esposo, llegó a tener contacto directo con Francisco I. Madero, con Don Emiliano Zapata, Pascual Orozco, en sus distintas etapas, dirigía correspondencia entre éstos y otros tantos, comisionaba acciones propias de ese movimiento revolucionario envuelto de tragedias y traiciones.

Como se ve, es interminable la historia de la laredense que casó con un revolucionario antiporfirista a finales de los 1800, y que curiosamente ningún historiador de ambos Laredos replica en ninguna etapa del año para sobresalir de esta pareja sus acciones, su valentía, por ninguna parte se ve calle o avenida que lleve sus nombres, se destaque alguna estatua o busto que recuerden de ellos su imagen de revolucionarios, ninguna asociación ni mucho menos centro escolar los ha adoptado, ni en clases escolares sus nombres son mencionados.




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