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De política y cosas peores

Acordaron batirse en duelo


Catón

Afrodisio Pitongo estaba yogando con mujer casada cuando llegó el marido. Apresuradamente salió por la ventana, y ahí se puso en el alféizar en situación precaria, pues se hallaba sin ropa y en el noveno piso. Lo vio el esposo y le preguntó: “¿Quién es usted?”. Acertó a responder el follador: “Soy un ángel”. “¿Ah sí? -contestó el otro, desafiante-. A ver, vuele”. “No puedo” -contestó Afrodisio. “¿Por qué?” -inquirió el marido. Explicó Pitongo: “Es que todavía soy pichoncito”... Himenia Camafría, madura señorita soltera, vio en la calle a un joven y apuesto boy scout. “Dime -se dirigió a él-. ¿Ya hiciste tu buena obra del día?”. “Sí” -respondió el muchacho. Inquirió la señorita Himenia sonriendo insinuativamente: “¿Y de la noche?”... El tiempo pasa -eso, y curar heridas del corazón, es lo que el tiempo sabe hacer mejor-, y en mi ciudad, Saltillo, es recordado aún don Severiano García, llamado con cariño “el Chato Severiano”. Vivió a mediados del pasado siglo, y era maestro del Ateneo Fuente. Positivista de cepa, fincaba todos sus hechos y sus dichos en el sólido cimiento de la realidad. Su modo de razonar -era excelente profesor de Lógica- no admitía réplica. En cierta ocasión una madre de familia fue a reclamarle el hecho de haber reprobado a su hijo en un examen. “No es justo” -le dijo con enojo al Chato. “Vamos a ver, señora -contestó él calmadamente-. Supongamos que a su hijo le cae un rayo. ¿Es eso justo?”. “Claro que no” -respondió en automático la doña. “¡Pero le cae!” -remató el Chato con su voz de trueno. Y con eso dio por terminada la reclamación... Babalucas se parecía un poco a aquel loquito que decía: “Loco loco, pero lo coloco”. Quiero decir que a veces se las arreglaba para tener buena suerte con las damas. Una noche consiguió que Dulcifina, muchacha de buenas prendas corporales, accediera a ir con él en su automóvil al apartado sitio conocido como El Ensalivadero. En el asiento trasero del coche empezaron las acciones. Respirando agitadamente le preguntó la chica a Babalucas: “¿Traes alguna protección?”. “Claro que sí -respondió él-. Siempre cargo mi pata de conejo”... La marquesa Grandpompier tenía amores clandestinos con el duque Pelotonne, y al mismo tiempo recibía en su lecho al vizconde Pitognac. Celosos ambos, acordaron batirse en duelo. Se dieron cita una madrugada en el campo del honor, un bosquecillo a las afueras de París. El desafío sería a pistola. Los padrinos pusieron las armas en manos de los adversarios, que se colocaron espalda con espalda. El juez del lance dio una voz y aquellos mortales enemigos empezaron a contar los pasos. En eso llegó a toda prisa una carroza, y de ella bajó apresuradamente la marquesa Grandpompier. Corrió desalada hacia los duelistas y les gritó a todo pulmón: “¡No sean indejos! ¡Hay pa’ los dos!”... “Ayer fue mi día de suerte -les contó, feliz, don Cornulio a sus amigos-. Fui por la noche a una casa de mala nota. Ahí estaba mi esposa bailando con un hombre. ¡Y ella no me vio!”... Miss Thela, originaria y vecina de Jarales, Texas, estaba regando la acera de su casa cuando de pronto resbaló y cayó de pompas en el bote de la basura. Pasaba por ahí Pancho el mexicano. Iba haciendo eses -y erres, y emes- por causa de las copiosas copas que se había tomado. Vio a la miss en tan incómoda postura y comentó en voz alta: “¡Cómo son desperdiciados los gringos! ¡Esa mujer podría servir por lo menos un año más!”... Sor Bette acompañó a dos internas del colegio a comprarse abrigos. El hombre de la tienda les dijo que los tenía de dos clases. “Éste -les informó- cuesta mil pesos. Este otro vale 5 mil”. Preguntó la reverenda: “¿Por qué tanta diferencia?”. Replicó el hombre: “Es que éste es de lana virgen”. Se volvió sor Bette hacia las chicas y les dijo: “¿Lo ven, hijas mías? ¡La virtud se cobra cara!”... Un amigo le comentó a Capronio: “Supe que vas a divorciarte, y que contraerás nuevo matrimonio”. “Pensaba hacer eso, en efecto -contestó él-, pero me arrepentí”. “¿Por qué?” -se extrañó el amigo. Explicó Capronio: “Ya no estoy en edad de amansar otra suegra”...FIN.



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