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De política y cosas peores

El Conde Nadoh


Catón


“Me acuso, padre, de que anoche pequé gravemente con mi novio con las manos y la boca”. Así le dijo Florilí en el confesonario al padre Arsilio. “¡Santo Cielo! -invocó el buen sacerdote-. ¡Cómo fuiste a hacer eso, desdichada! Eres celadora perpetua de la Venerable Cofradía del Fervor, portaestandarte de la Congregación de Congregantes y secretaria de la Sociedad Samaritana ¿y aún así incurriste en tales actos lúbricos manuales y bucales? ¡Insensata! Tendrás que lavarte las manos y hacer gargarismos con agua de San Serenín el Casto. En fin, dime exactamente qué fue lo que hiciste con tu novio. Pero antes déjame acomodarme bien en el asiento para oírte mejor”. Explicó su pecado Florilí: “Me dijo él que si le permitía acariciarme el busto. Yo me enojé bastante. Le hice una seña grosera con las manos y con la boca le dije que se fuera a tiznar a su mamá”... Un tipo le contó a su amigo en el bar Roco: “De no ser por los niños mi esposa y yo nos habríamos divorciado”. El otro se conmovió: “¿Los niños les pidieron que no se divorciaran?”. “No -aclaró el sujeto-. Ni ella ni yo quisimos quedarnos con ellos”... Himenia Camafría, madura señorita soltera, fue a la consulta de un médico joven y galano. El apuesto doctor, después de hacer el correspondiente interrogatorio clínico, le pidió: “Desvístase por favor y acuéstese en la mesa de exámenes”. “Lo haré -replicó muy seria la señorita Himenia-, pero sepa usted que está jugando con fuego”... Tetonina Grandnalguier, vedette de moda, puso los ojos en don Algón, salaz y adinerado ejecutivo. Una noche de luna llena salieron de paseo y ella le dijo a su provecto galán: “Si viera usted, don Algón, cómo me pone romántica la lana. Digo, la luna”... Aunque vivió en el Medioevo, el conde Nadoh no era medioeval: era más bien medio caón. Entre todos los nobles del Languedoc fue el único que no se apuntó para ir a las Cruzadas. El arzobispo Chispo le preguntó con acrimonia: “¿Qué? ¿No te interesa ir contra los infieles?”. “No -replicó el conde lisa y llanamente-. Prefiero quedarme con las infieles”... Ms. Mo Bydick era una señora bastante entrada en carnes. Una mañana su marido les contó a sus amigos: “Anoche mi mujer se cayó de la cama”. Quiso saber uno: “¿De qué lado?”. Contestó el otro: “De los dos”... Aquel señor tocaba la guitarra -al menos el chundata, chundata- y cantaba pasablemente las antiguas canciones de Esparza Oteo, Lerdo de Tejada y Jorge del Moral. Un día le comentó a su esposa: “Mi compadre Trovo y yo vamos a formar un dueto. Se llamará ‘Dueto Vernáculo’”. Acotó con desabrimiento la señora: “Seguramente el compadre será Verna”... Simpliciano, candoroso doncel, se enamoró de Taisia, mujer de pródigos encantos lo mismo por la parte anterior que por la posterior. Le propuso matrimonio y ella, aunque sorprendida por la proposición, aceptó su ofrecimiento. Él le dio el anillo de compromiso, pidió su mano y mandó hacer las invitaciones de la boda. No obstante la inminencia de las nupcias ansiaba gozar ya de las bellezas de la joven, pero no se animaba a pedir ese adelanto pues temía lastimar el pudor y recato de su inocente prometida. Le confió tal cuita a su mejor amigo. Le preguntó: “¿Crees que Taisia aceptará darme su amor antes de casarnos?”. “Claro que sí -lo animó el otro-. ¿Por qué iba a hacer contigo una excepción?”... Doña Panoplia de Altopedo y su esposo don Sinople fueron a cenar en el restorán “La hermana de lord Byron”, que por esos días estaba muy de moda. La señora, dama de buena sociedad, se jactaba de saber mucho de vinos, de modo que quiso ordenarle personalmente al encargado de servirlos el tinto que en la cena iban a degustar. Le preguntó al mesero: “¿Dónde está el sommelier?”. “Donde siempre, señora -le informó el individuo-. Al fondo a la derecha”... Don Magistro, reconocido historiador, le dijo a su mujer: “No sé qué tema abordar en mi próximo libro”. Le sugirió ella: “¿Por qué no escribes acerca de sexo?”. “¿De sexo? -se azaró don Magistro-. ¿Cómo voy a escribir acerca de sexo? Yo soy historiador”. “Precisamente -confirmó la señora-. Para ti el sexo ya es historia”... FIN.




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