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Hoyo negro


Denise Dresser

Como un hoyo negro que todo lo atrapa. Como un hoyo negro que todo esconde. Ese lugar en el espacio exterior que absorbe lo que entra en él y no refleja la luz. Un fenómeno que deja perplejos a físicos y astrónomos y a todos aquellos que intentan observarlo. Así es el gasto público en México. Así lo describe el reporte más reciente del Centro de Políticas Públicas “México Evalúa”. Un estudio que intenta descifrar, esclarecer, transparentar y que al hacerlo revela lo que deberíamos saber pero no sabemos. Cómo y en qué gasta el gobierno. A dónde va el dinero de ciudadanos que pagan impuestos, pero no reciben beneficios. A dónde se destinan los recursos que el petróleo provee. Preguntas sin respuesta, sin contestación, sin atención siquiera.

Evidenciando un Estado que no usa el gasto público para el crecimiento o para el bienestar o para promover el interés público. Un Poder Ejecutivo que “adecúa” el presupuesto durante su ejercicio, al hacer ampliaciones y reducciones al margen de lo aprobado por los legisladores. Un Presidente que se vale de lo que el reporte llama un “presupuesto paralelo” o “suplementario” que no se procesa por las vías institucionales apropiadas. Un gobierno gastalón que no logra elaborar presupuestos realistas. En el cual las “ampliaciones” presupuestales se van al rubro de Ramos Generales, o sea el pago a sindicatos y a gobernadores y a pensionados. En el cual no sabemos a qué programas o proyectos se asignan los excedentes derivados de la renta petrolera o con qué criterios son elegidos. Y ante ello la más absoluta falta de control por parte del Congreso o de la Auditoría Superior de la Federación, que no pueden intervenir en el ejercicio del presupuesto. Sólo pueden revisarlo cuando ya se gastó y de mala manera.

Permitiendo así decisiones discrecionales. Desviaciones que merman el impacto del gasto. La corrupción de un gobierno que recauda más y gasta más, como quiere, cuando puede, en donde se le da la gana. En los últimos ocho años, el promedio anual del gasto ejercido superó lo aprobado en 8.3 por ciento o 262 mil millones de pesos. Y se canalizó a rubros opacos: como el Ramo 33 y el Ramo 23 y el Ramo 19; los pagos a burócratas improductivos, a maestros faltistas, a pensionados de por vida después de sólo veinte años de trabajo en lugares como Pemex. Financiando clientelas, manteniendo privilegios, usando el dinero de todos para que lo aprovechen sólo algunos.

¿Y qué decir sobre los ingresos excedentes que el gobierno obtiene vendiendo petróleo? El manejo del Fondo de Estabilización de Ingresos Petroleros, que debería crear un colchón para generaciones futuras pero termina armando cochinitos para políticos actuales. Un Fondo sin mecanismos de asignación de gasto explícitos y transparentes. Un Fondo con erogaciones que se aprueban sin conocer los proyectos y los programas en los que se va a gastar. Usado para la adquisición de relojes Rolex para Carlos Romero Deschamps y la compra de bolsas Louis Vuitton para su hija Paulina.

Un gasto federalizado que según la Auditoría Superior de la Federación lleva a malas gestiones, año tras año. Lleva a que, según una muestra de 80 contratos revisados de infraestructura entre 1999 y 2010, el 64 por ciento tuvo una planeación inadecuada y careció de estudios previos. Y ahora se anuncian ambiciosos proyectos de infraestructura que según el equipo de Peña Nieto serán capaces de desatar el crecimiento económico y potenciar la inversión pública. ¿Cómo creer que esto ocurrirá sin una revisión profunda de los mecanismos de asignación del gasto? ¿Sin una rendición de cuentas sobre los resultados? ¿Sin un escrutinio especial sobre el uso de ingresos excedentes vía el petróleo? ¿Sin lo que debería ocurrir para que el dinero no acabe en el hoyo negro que absorbe todo lo que entra a él?

Un hoyo negro porque en México el presupuesto ha sido un instrumento de los gobiernos, y no una herramienta de los ciudadanos. Un hoyo negro al cual ingresaron cientos de millones de pesos adicionales a lo aprobado. Creado por una SHCP que debería reportar variaciones del gasto mayores al 5 por ciento, pero nunca lo hace. Creado por la ausencia de monitoreos necesarios y normatividades eficaces. Y por eso durante la última semana de sesiones en el Congreso, los diputados se dedicaron a legislar sobre meteoritos para que “la autoridad actúe oportunamente en casos de amenazas del exterior como estrellas, planetas y cometas”. Más preocupados por el daño que podría causar un meteoro, que por la existencia de un hoyo negro donde desaparece el dinero de todos.

 




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