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Artículo

Yo, anulista


Denise Dresser

Porque no puedo ir -en buena conciencia- a depositar un voto que avale una elección inequitativa, un sistema partidista que no castiga a nadie, un sistema democrático que no rinde cuentas.

Porque creo que la anulación es mejor que el abstencionismo que de otra manera elegirían millones de votantes independientes, huérfanos ante los partidos que tenemos. Anular es votar, es protestar, es actuar y no para dinamitar el sistema de partidos sino para mejorar su funcionamiento.

Porque muy pocos candidatos se han sumado a la demanda mínima que les hemos hecho de presentar su declaración patrimonial, su declaración de impuestos, su declaración de conflicto de interés. De más de 10 mil candidatos, sólo 230 se comprometen a ser transparentes.

Porque las candidaturas independientes -valiosas y aplaudibles- no son suficientes para reformar al sistema desde adentro.

Porque no basta con castigar a un partido votando por otros -por ejemplo, votando por Morena para castigar al PRD-, si todos los partidos acaban corrompiéndose para competir.

Porque si la sanción anulista es suficiente, puede llevar a rediseñar las reglas, como ocurrió después de la elección del 2009 cuando Felipe Calderón convocó a los líderes del movimiento anulista y en sesiones maratónicas en Los Pinos se diseñó la reforma electoral que llevó a la reelección, las candidaturas independientes, la consulta ciudadana, etcétera. Es falso que el anulismo no sirva de nada.

Porque la anulación entraña confrontar a los partidos con la crisis de representación y corrupción que han creado. Y lo hace mucho más que el abstencionismo, que puede ser interpretado como simple inercia, desinterés o flojera.

Porque como argumenta Miguel Carbonell, el partido “más votado” será el partido de la abstención y el voto nulo. Y prefiero que gane lo segundo a lo primero.

Porque el anulismo puede crear una crisis de legitimidad suficiente como para sacudir a los partidos de su autocomplacencia.

Porque con el sistema actual, el voto de castigo no funciona ni existe; acaba apuntalando simplemente a otro partido que ha participado en “moches o financiamientos ilegales o “subvenciones legislativas”.

Porque es un mito que el voto nulo ayuda más al PRI. En el 2009 el voto nulo no favoreció a ningún partido; de hecho la conversión de un voto partidista en un voto nulo afecta a los tres principales partidos en proporción semejante. Favor de leer los artículos de José Antonio Crespo en El Universal al respecto.

Porque quienes se oponen a la anulación argumentan que sólo beneficia a los partidos grandes, como si hubiera alguno pequeño -¿Morena?- que representara una alternativa creíble y convincente.

Porque ningún partido ha asumido seriamente la agenda de la lucha contra la corrupción y la impunidad. Ante casos como el de la “Casa Blanca”, los partidos de oposición dejaron de serlo con su silencio.

Porque creo que el voto anulista puede crear un eje de cambios correctivos imprescindibles: la reducción al financiamiento público a los partidos, la propuesta de atar el voto nulo a la cantidad de recursos que se destina a ellos, la eliminación del fuero.

Porque urgen modificaciones sustanciales al sistema de financiamiento partidista -repleto de regulaciones absurdas- que tan sólo ha producido un clientelismo desbordado, con un mercado negro de dinero no regulado, como argumentó Alejandro Poiré en el Financial Times.

Porque me niego a apuntalar el statu quo, a legitimar a partidos responsables de la corrupción en Iguala, la infiltración del narcotráfico en Jalisco, los conflictos de interés evidenciados por la “Casa Blanca”.

Porque no puedo emitir mi voto en una contienda en la cual la equidad ha sido violada irremediablemente por la conducta ilegal -sistemática y reiterada- del Partido Verde.

Porque me rehúso a tener enfrente la boleta electoral y decidir, como sugiere Carbonell, entre el partido de los mentirosos, o el de los pillos, o el de todos peleados con todos, o el de los resentidos que renunciaron a su partido para fundar otro, o el de los “chapulines” que harán cualquier cosa para seguir viviendo del presupuesto público.

Porque si no anulamos las cosas seguirán siendo exactamente igual. Parafraseando a Einstein, es una locura repetir la misma acción, pero esperar un resultado distinto.

Votar en estas condiciones, con este sistema de financiamiento público, con estos partidos y con estas autoridades electorales no va a producir algo distinto. Y al menos yo creo que nos merecemos algo mejor.

opinion@elnorte.com




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