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Artículo

Carta abierta a EPN


Denise Dresser

Señor Presidente:

Los periodistas están bajo acecho. Los encargados de decir la verdad están siendo asesinados. Los que deben desnudar al poder están siendo amenazados por quienes lo ejercen. Ante ello, nosotros, un grupo de escritores, periodistas, artistas creativos y defensores de la libertad de expresión le expresamos nuestra indignación. Le expresamos nuestra preocupación por la actitud indiferente de su gobierno. Y lo hacemos acompañados por PEN y el Committee to Protect Journalists. Ellos también saben que los ataques mortíferos o las amenazas intimidatorias al periodismo son un ataque al derecho que tiene la sociedad mexicana a estar informada. Un ataque al derecho a saber. Matar a un periodista es matar la posibilidad de saber la verdad.

El caso de Rubén Espinosa, asesinado en el DF junto con otras cuatro personas, es tan solo el último caso, la última estadística. Caso inusual porque se dio en una ciudad considerada como el reducto asequible de seguridad; el lugar al cual arribar en busca del resguardo y del apoyo que no encontraban en provincia.

Caso rutinario porque forma parte de una lista cada vez más larga de agravios contra la prensa, que incluye amenazas, despidos, golpes, censura, intimidación y muerte. Caso revelador porque exhibe que ya no hay lugares seguros para ejercer una profesión que se ha vuelto peligrosa. Mortífera. Letal. Y más aún en Veracruz, donde 14 periodistas han sido asesinados brutalmente y tres no han sido encontrados. Por eso Rubén Espinosa huyó como lo han hecho otros 37 periodistas del estado, dejando atrás vidas rotas, familiares ansiosos, notas que nunca terminaron. Buscó protección, vivió con miedo hasta el último momento. Murió ejecutado junto con mujeres cuyos nombres tampoco deben ser olvidados. Alejandra Negrete. Yesenia Quiroz. Nadia Vera. Mile Virginia Martín.

Desde el año 2000, decenas de periodistas han sido asesinados en México y aproximadamente 20 siguen desaparecidos. En la mayor parte de los casos persiste la duda, la falta de investigación, la impunidad de los culpables. Y según tanto Artículo 19 como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, mucha evidencia apunta a funcionarios públicos. A miembros de un Estado cuya misión fundacional es proteger la vida de sus habitantes, pero termina cegándola. Por alguna nota incómoda, por alguna investigación irritante, por alguna fotografía delatadora. Por decir que el emperador está desnudo, que el poder está corrompido, que el gobierno está coludido.

Señor Presidente, ya no puede haber más muertes así. El país y su gobierno enfrentan cifras atroces con respecto a la impunidad de crímenes perpetrados contra periodistas. 89 por ciento jamás han sido resueltos. Prevalece la indolencia, la negligencia, la obstaculización, el desinterés. Aquí ser periodista es vivir vulnerable, vivir ansioso, vivir temeroso hasta de tu propia sombra, sin saber de dónde va a provenir el siguiente golpe o la próxima difamación o el balazo final. Usted y el crimen organizado y los funcionarios corruptos en el gobierno y un sistema judicial incapaz de investigar, perseguir, aprehender y juzgar criminales, crean esa vulnerabilidad.

Por ello le exigimos la investigación inmediata y eficaz del asesinato de Rubén Espinosa y del cúmulo vergonzante de periodistas en México que se han enfrentado a la misma suerte. Exigimos que si hay autoridades estatales y/o municipales involucradas no sean exoneradas a priori. Exigimos la revisión inmediata de lo procesos y mecanismos para proteger periodistas, que hasta el momento -y lo sabemos quienes hemos acudido a ellos- son una broma, una farsa, un entramado burocrático kafkiano. Exigimos un compromiso claro, veloz y efectivo para proteger la libertad de expresión en México. Es el mismo exhorto que le hizo ayer The New York Times en su página editorial.

Lea ese artículo con cuidado. Vea el peso de los nombres extranjeros de quienes se han sumado a la carta que hoy le enviamos. Chimamanda Ngozi Adichie. Christiane Amanpour. Jon Lee Anderson. Kwame Anthony Appiah. Margaret Atwood. Paul Auster. Louis Begley. Carl Bernstein. Ray Bonner. Tom Brokaw. Michael Chabon. Ron Chernow. J.M. Coetzee. Michael Cunningham. Junot Díaz. Louise Erdrich. Neil Gaiman. Francisco Goldman. Todd Gitlin. Pete Hamill. Aleksander Hemon. Seymour Hersh. Ha Jin. Tony Kushner. Jonathan Lethem. Michael Massing. Rick Moody. Azar Nafisi. Michael Ondaatje. David Remnick. Salman Rushdie. George Saunders. Andrew Solomon. Colm Tóibin. Los ojos de las mentes más lúcidas del mundo están puestos sobre usted. ¿Qué va a hacer?




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