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Artículo

Parar el ‘premio’


Denise Dresser

Para el gobierno de Enrique Peña Nieto, la opinión pública es como la carabina de Ambrosio: un objeto inútil. Algo que se puede ignorar. Algo que no sirve excepto a la hora en la cual hay que convencerla de votar. Y tan es así que el Presidente designa a un delincuente para prevenir el delito. Nombra a Arturo Escobar, ex vocero del Partido Verde, como subsecretario de Gobernación, encargado de prevenir el crimen y promover la participación ciudadana. Ignorando la trayectoria maloliente de un marrullero. Ignorando la hoja de vida de alguien que se ha dedicado a violar la letra y el espíritu de la ley. Pero eso no importa. Lo que a Peña Nieto le preocupa no es nombrar a un funcionario eficaz sino premiar a un operador obediente.

Basta con recordar cómo Escobar describió su nombramiento: fue un “premio”. Una recompensa por los votos que el Verde proveyó, las multas que acumuló, la legislación electoral que violó, las autoridades electorales que doblegó. Todo ello para que el PRI pudiera mantenerse en el poder apoyado en una marca menos manchada que la suya. Todo ello para inaugurar una estrategia que llevó a la supremacía electoral en el 2015 y que llevará a la victoria presidencial en 2018. Y Escobar sonriente recibe el trofeo por las mejores trapacerías. Recibe el honor por el deshonor. Ostenta la medalla que el Presidente le coloca y la muestra orgullosamente, como si ambos no supieran qué significa. La validación de la colusión. La celebración de la ilegalidad. La muestra de cómo funciona la democracia mexicana: a base de cachetadas con guante verde que el priismo le propina a la población.

Porque no hay otra manera de interpretar el nombramiento. Es un acto de arrogancia. Es un acto de insensibilidad. Es un acto en el cual se le manda un mensaje a todas las personas y organizaciones que luchan para prevenir el delito: lo que ustedes piensen, exijan o digan nos importa lo mismo que un comino, lo mismo que una carabina descargada. Y corre en sentido contrario a lo que la actual administración impulsó: una política y un programa de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia que creó grandes expectativas. Algo que fue aplaudido, aceptado, impulsado. Algo a lo cual cientos de personas provenientes de la sociedad civil dedicaron su conocimiento, su experiencia, su talento, su buena voluntad. Vieron cómo la Subsecretaría fue aprendiendo y promoviendo las mejores prácticas. Vieron cómo empezó a crear nuevas herramientas para lidiar con viejos problemas.

Pero el nombramiento de Escobar no concuerda con la construcción, sino mas bien sugiere la destrucción. Si es fiel a los principios de su partido, utilizará al Pronapred para pagar complicidades, construir clientelas y disponer patrimonialmente del presupuesto. Si es un reflejo de lo que el Verde enarboló, asumirá una postura punitiva, divisoria y vengativa como la diseminada en cineminutos a lo largo del país. Porque esa es su naturaleza y la del partido que encabezó. Así se han comportado y se seguirán comportando: corrompiendo, simulando, mintiendo, burlándose de la ley y de la democracia. El partido ecologista que nunca ha dejado de ser priista.

Como lo demostró cuando fue detenido en el aeropuerto de Chiapas -en temporada electoral- cargando una maleta con miles de pesos en efectivo cuyo origen no supo explicar. Alguien así no merece ser premiado ni designado ni colocado al frente de una subsecretaría encargada de prevenir lo que él ha promovido. Alguien así no es un servidor público en el cual se pueda confiar ni con el cual es posible dialogar. No tiene experiencia en el tema de prevención del delito. No tiene la menor idea sobre el diagnóstico que hizo México Evalúa sobre el Pronapred subrayando sus buenas intenciones, acentuando sus limitaciones, proponiendo recomendaciones. Lo que sí tiene es el aval presidencial a una carrera construida a base de corruptelas y chanchullos.

Es por ello que decenas de organizaciones de la sociedad civil y académicos y expertos en prevención del delito rechazan la petición que hiciera el secretario de Gobernación al nombrarlo: “Dejemos que los hechos hablen”. Los hechos ya hablaron. Arturo Escobar no es un admirable servidor público sino un abominable cómplice. No es un eficaz funcionario que se aboca a cumplir la ley sino un saboteador de su cumplimiento. No es un un aliado de la sociedad civil sino alguien que ha sido premiado por ignorarla. Será insuficiente suspender el diálogo con el nuevo subsecretario como algunos han sugerido; habría que revocar el premio y arrebatárselo.




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