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Moralinos y miopes


Denise Dresser

La estupefacción al presenciar a Andrés Manuel López Obrador visitando al Papa y entregándole una carta. La desilusión al ver los escándalos de corrupción que involucran casi a diario al PRD. Las izquierdas mexicanas que huelen a viejo o a podrido. Las izquierdas mexicanas conservadoras del nacionalismo revolucionario o protectoras del statu quo. Corrientes confrontadas que se devoran entre sí. Tribus canibalescas que se lanzan sobre el contrario o sobre el presupuesto. Incapaces de refundarse, de reinventarse, de revigorizarse.

Y mientras tanto México se vuelve más desigual, más pobre, más corrupto. Y mientras tanto el neoliberalismo profundiza las diferencias y la globalización contribuye a acentuarlas. Morena y el PRD sin narrativa de futuro, sin propuestas de política pública, sin opciones. Sin salida o pensando que la tienen sólo porque AMLO encabeza las encuestas.

Pero eso no es suficiente y por ello se agradece que un miembro de la izquierda se haya puesto a pensar con seriedad en el futuro que una fuerza política indispensable necesita construir. El plan que necesita diseñar. El mapa que necesita trazar. Esbozado en el libro de Agustín Basave, “La cuarta socialdemocracia”, donde ofrece una postura alternativa a la que perredistas y lopezobradoristas han mantenido hasta hoy.

Una posición que no es ni el monstruo de seis cabezas del neoliberalismo ni la bestia del paleomarxismo y su remolino regresivo. Una identidad sincretista que seguramente resultará incómoda para los puristas de uno y otro bando, pero interesante para el país. Ni Karl Marx ni Adam Smith sino una mezcla socialdemócrata moderna, que intenta rescatar lo mejor de ambos polos. El mercado que lleva a la innovación y el Estado que interviene en nombre de la redistribución.

Una tarea basada en la revitalización de la socialdemocracia, capaz de encarar el problema de la desigualdad y también producir una democracia de amplio espectro. Ahora, en tiempos en los cuales las socialdemocracias europeas se han derechizado, llevando a un repliegue del Estado. A una concentración del ingreso que no habíamos visto desde la época de los robber barons del capitalismo rapaz a principios del siglo XX. A un desvanecimiento de sistemas fiscales progresivos. Al surgimiento de una mercadocracia global, que crea paraísos para algunos consumidores, pero infiernos para muchos trabajadores y limbo para la mayoría de los ciudadanos.

Ante ese diagnóstico, ¿qué puede y debe hacer una izquierda mexicana que aspire a más que la pureza moral o el pragmatismo que busca ganar y robar? Las izquierdas mexicanas deambulan entre asonadas justicieras y gobiernos tan expoliadores como los que tanto criticaban. Han tejido un lienzo hecho de retazos caudillescos y antidemocráticos en lugar de coser -con el hilo de la socialdemocracia- una cobija protectora de la pauperización. Ni el PRD ni Morena en este momento saben cómo compaginar liberalismo político, crecimiento económico, combate a la desigualdad y desarrollo social. He allí el silencio en torno a los grandes temas del país y del mundo que la izquierda no toca. Se conforma como Morena con ser “la única esperanza del pueblo mexicano”, o como el PRD con ganar curules y los privilegios que entrañan. Morena opta por enojar al ciudadano esperanzado antes que esperanzar al ciudadano enojado. Y el PRD -mimetizando al PRI- hace política de élites o de clientelas.

De allí la urgencia de entender la brega social de la izquierda en otro terreno y con otras armas. El combate a la desigualdad por la vía de una política económica y fiscal distinta. El crecimiento económico compatible con la redistribución de la riqueza. La democracia liberal percibida como vía para una sociedad justa. La separación del poder político del poder económico a través del desmantelamiento del capitalismo de cuates y los monopolios. La edificación de una economía más productiva y menos especulativa con gravámenes a los ricos como sugieren Piketty y Stiglitz.

Todo aquello que hoy es antitético para las diversas encarnaciones de la izquierda mexicana atrapadas en el populismo o en el oportunismo. Izquierdas que se han ido aislando en clanes corruptos alejados de la ciudadanía. Izquierdas que no tienen respuestas claras ni específicas de política pública para un país estancado, dividido, desigual. Organizaciones que deberían enfocarse en cómo forjar un proyecto de reforma socialdemócrata que domestique al capitalismo. Y al mismo tiempo, empujar un proyecto de reforma de sí mismas que las lleve a ser menos moralinas y menos miopes.



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