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Farsa en 3 actos


Denise Dresser

Decía famosamente Lincoln que es posible engañar a algunas personas todo el tiempo, y a todas las personas algún tiempo, pero no es posible engañar a todas las personas todo el tiempo. Y eso es lo que ha buscado hacer la PGR desde su primera “verdad histórica” sobre el basurero de Cocula y el caso de Ayotzinapa. Engañar. Tapar. Tergiversar. Manipular. Pero de manera cada vez más burda y más obvia, con resultados cadas vez menos creíbles. Las encuestas lo revelan, la opinión pública lo sabe, la comunidad internacional lo entiende. El gobierno de México vía sus instituciones de procuración de justicia y los medios que manipula está tratando - desesperadamente - de ocultar lo que realmente ocurrió en Iguala esa noche, la más triste. Y está recurriendo a los golpes más bajos para lograrlo. Un escenificación fársica en tres actos, cada uno peor que el anterior.

Primer Acto: Cuando ya lo inocultable comenzó a ser visible a través del trabajo de Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, intentó obstaculizar el trabajo que todavía tenían que hacer. Las pruebas que aún faltaba conseguir. Las entrevistas al Batallón 27 que necesitaban realizar. Durante semanas que se volvieron meses, la PGR fue negando acceso, información, colaboración. De allí pasó a la segunda estapa del proceso de desinformación. Comenzó a desacreditar a los miembros del GIEI, sobre todo a las dos mujeres que habían sido fiscales y procuradoras en Colombia y Guatemala. Comenzó a filtrar información falsa a medios que la reprodujeron sin chistar. Construyó una narrativa que pintaba al GIEI como mercenarios, vinculados a intereses oscuros, manipulados por la izquierda y ONGs antigubernamentales. Acribilló a hombres y mujeres independientes invitados aquí para hacer lo que instituciones mexicanas no han logrado. Una investigación profunda. Una indagación imparcial. Una labor intachable.

Segundo Acto: Al presenciar el montaje grotesco, la comunidad internacional reaccionó con vigor y solidaridad. Premios Nobel y tantos más unidos en su respaldo al GIEI, aplaudido afuera mientras era vilipendiado adentro. Atacado por gatilleras a sueldo como Isabel Miranda de Wallace, sembrando infundios, diseminando falsedades, esparciendo rumores. En el tercer acto de esta farsa vimos cómo la PGR - tan ineficaz para actuar contra Moreira y otros - eficazmente aceptó la demanda contra Emilio Álvarez Icaza, secretario general de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El que fuera presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y “defensor del pueblo” durante el plantón, y el caso del News Divine, y la acción de inconstitucionalidad contra la despenalización del aborto. El hombre recto descalificado por un gobierno que no lo es. El hombre vertebrado golpeado por un gobierno sin espina dorsal.

Tercer Acto: Una PGR que hace públicos de manera unilateral los resultados parciales del tercer peritaje del basurero, rompiendo acuerdos de confidencialidad suscritos con el GIEI. Una PGR que presume un peritaje inmediatamente cuestionado por el equipo de forenses argentinos que afirma “hasta la fecha no hay ninguna identificación de restos de los 43 estudiantes desaparecidos realizada sobre restos que se hayan recuperado en el basurero de Cocula”. Sí, en efecto, hay restos óseos allí, ha habido fuego allí. No hay evidencia de que los restos correspondan a los normalistas o que fuegos anteriores estén vinculados a su supuesta incineración. Pero la PGR insiste en la versión del basurero porque necesita esa falsificación para hacer habitable el pasado. Si la “verdad histórica” resulta ser la “mentira histórica” detectada por el GIEI, habría mucho que el Estado mexicano aún tendría que investigar, explicar, justificar, reconocer.

Todo lo que está contenido en el informe del GIEI que ha sido desestimado por la PGR, obsesionada con regresar al basurero de Cocula. La existencia y el destino del quinto autobús. La participación de la policía municipal, estatal y federal en el ataque perpetrado a los jóvenes - ya tantos más en Iguala - esa noche. La presencia inexplicada del Ejército, descrita en el magnífico documental “Mirar Morir”, que se estrena esta semana. Las líneas de investigación que el GIEI señaló y la PGR ignoró porque prefiere ofrecer excusas o mancillar a los mensajeros o pensar que puede seguir engañando a algunos todo el tiempo. Y quizás gane porque cuenta con la fuerza bruta del Estado. Pero no convencerá, porque para convencer necesita persuadir. Y para persuadir necesitaría lo que no tiene: derecho y razón.



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