El Mañana de Nuevo Laredo

31 marzo, 2020

Coronavirus: ¿Por qué es tan difícil dejar de tocarse la cara para evitar contagios?


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Los seres humanos somos la única especie que nos tocamos la cara sin siquiera notarlo.

Por BBC.com


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De todos los comportamientos que nos diferencian del resto de los animales, uno, en particular, puede ser especialmente problemático durante el brote de una enfermedad.

Los seres humanos somos la única especie que nos tocamos la cara sin siquiera notarlo.

Y esto ayuda a que se propaguen padecimientos como el provocado por el nuevo coronavirus (covid-19)

¿Por qué lo hacemos y cómo podemos evitar este comportamiento involuntario?

Actividad riesgosa

Todos nos tocamos la cara con una frecuencia notable.

Un estudio basado en observaciones de estudiantes de medicina en Australia descubrió que incluso ellos no podían parar.

Es posible que los estudiantes de medicina tengan más conciencia que el resto sobre los riesgos, pero aún así se tocaron la cara al menos 23 veces por hora, incluyendo el contacto frecuente con la boca, la nariz y los ojos.

Las recomendaciones en torno al covid-19 enfatizan que mantener las manos lejos nuestro rostro es tan importante como lavárnoslas.

¿Por qué lo hacemos?

Los humanos no podemos evitarlo y lo mismo les pasa a algunos primates. Al parecer, esto se debe a la forma en la que evolucionamos.

Mientras que la mayoría de las especies se tocan la cara como un ejercicio de aseo o como una forma de ahuyentar a las plagas, nosotros y algunos primates también lo hacemos por muchas otras razones.

Expertos en ciencias de la conducta concluyen que tocarnos nos ayuda a controlar nuestras emociones y nuestro capacidad de atención.

Martin Grunwald, psicólogo alemán y profesor de la Universidad de Leipzig, dice que es un “comportamiento fundamental de nuestra especie”.

“(Estos comportamientos) juegan un rol clave en los procesos cognitivos y emocionales, los tiene toda la gente”, añadió el profesor, autor del libro “Homo Hapticus: por qué no podemos vivir sin el sentido del tacto”.

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El problema de tocarse a uno mismo es que nuestros ojos, nariz y boca son las puertas de entrada para todo tipo de virus y bacterias a nuestro organismo.

El covid-19, por ejemplo, se transmite de persona a persona por medio de las pequeñas gotas que expulsa por la nariz o la boca el individuo infectado.

Pero también podemos contagiarnos si tocamos objetos o superficies que han estado en contacto con el virus.

Mientras expertos continúan estudiando este nuevo virus, se sabe que los coronavirus son resistentes y que algunos lograron sobrevivir en las superficies por hasta nueve días.

Permanencia

Este poder de supervivencia forma una combinación peligrosa con nuestro hábito de tocarnos la cara.

¿Qué podemos hacer?

¿Pero qué medidas podemos implementar para al menos reducir la frecuencia con la que nos tocamos la cara?

Michael Hallsworth, investigador del comportamiento y profesor de la Universidad de Columbia, en EE.UU., explica que es extremadamente difícil tomar medidas al respecto en la práctica.

“Es mucho más fácil que la gente se lave las manos más seguido que que se toque la cara menos veces. No tendrás éxito si les dices a alguien simplemente ‘no hagas un gesto inconsciente'”.

No obstante, Hallsworth, cree que hay ciertas técnicas que pueden ayudar.

Uno de ellos es tratar de ser más consciente de con qué frecuencia te tocas la cara.

“Cuando es una necesidad física como cuando nos pica, por ejemplo, podemos construir un comportamiento alternativo”, afirma.

“Podemos usar el dorso del brazo. Reduces el riesgo, aunque no sea una solución ideal”.

Identificar los disparadores

El experto en comportamiento también recomienda que tratemos de entender por qué nos tocamos.

“Si reconocemos las situaciones que disparan este comportamiento, podemos actuar en función de ellas”, explica Hallsworth.

“La gente que se toca los ojos puede usar lentes de sol. O sentarse sobre sus manos cuando sienten que están por tocarse”.

También podemos recurrir a métodos para mantener las manos ocupadas pelotas para aliviar el estrés, por ejemplo— sobre todo en aquellos momentos en que nuestras manos no tienen nada que hacer.

Pero estos tienen que se desinfectados con frecuencia.

“Notas para uno mismo recordándonos de no tocarnos la cara también pueden útiles”.

“Si alguien sabe que tiene un comportamiento compulsivo, puede pedirle a sus amigos o familiares que le adviertan (que se están tocando la cara)”, sugiere el experto.

¿Y qué tal usar un par de guantes para acordarnos? Mala idea, a menos que los cambies y los laves regularmente como tus manos. Sino también serán una superficie contaminada.

El viejo hábito de lavarse las manos sirve. Y mucho.

Al final de cuentas, nada reemplaza el lavarse las manos de forma regular y exhaustiva.

“No necesitamos esperar a las vacunas y terapias”, señaló en una conferencia el 28 de febrero Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.

“Hay cosas que cada individuo puede hacer hoy mismo para protegerse”.


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