El Mañana de Nuevo Laredo

5 marzo, 2020

Cristian Pérez, el reportero golpeado porque no quiso “bajarle una rayita” a sus críticas




El Border Center for Journalists and Bloggers se puso en contacto con Pérez Ojeda para conocer de su voz los detalles de la agresión

Por Por Octavio Rivera / Border Center for Journalists and Bloggers


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Dos hombres que portaban pasamontañas y armas largas secuestraron y golpearon severamente al reportero Cristian Pérez Ojeda la noche del sábado 29 de febrero en la ciudad de Los Cabos, Baja California Sur, de acuerdo con el dicho del periodista.

Pérez Ojeda responsabilizó de la agresión a la alcaldesa de Los Cabos, la morenista Armida Castro y a otros funcionarios de su administración, incluidos el director de Comunicación Social Héctor Manuel Miranda Burgueño y el director de seguridad pública, capitán Juan José Zamorano.

Castro y el resto de los funcionarios negaron cualquier responsabilidad en los hechos, condenaron el ataque y se declararon dispuestos a cooperar con las investigaciones para que se detenga a los responsables.

El Border Center for Journalists and Bloggers se puso en contacto con Pérez Ojeda para conocer de su voz los detalles de la agresión y las razones por las que responsabiliza de los hechos a los funcionarios de un gobierno municipal en el que él mismo trabajó hasta septiembre del año pasado.

La siguiente es una reconstrucción de los hechos basada en el testimonio directo de Pérez Ojeda:

El sábado pasado, alrededor de las 8:15 de la noche, el periodista acompañó a su esposa a cerrar un negocio de su propiedad localizado cerca de la esquina de la Avenida La Floresta y calle Laurel, en la colonia Las Veredas, en los Cabos, Baja California Sur.

Cuando llegaron al lugar, Cristian, también conocido como Cris Percovich y director del medio digital Sin Censura Noticias, se percató de que una camioneta blanca o beige, modelo Ford Escape con dos ocupantes se estacionó atrás de su vehículo.

El periodista se puso alerta. Había recibido advertencias de que sus publicaciones estaban molestando a la alcaldesa de Los Cabos, Armida Castro Guzmán. Sintió que podían ir por él.

Bajó de su auto y pidió a su esposa que se encargara ella de cerrar el local. Luego caminó hacia una farmacia ubicada en la misma plaza. Quería alejarse de su esposa para evitarle riesgos, y para ver la reacción de los ocupantes de la camioneta.

Mientras caminaba hacia la farmacia vio pasar el vehículo con los dos hombres a bordo y perderse de vista. Se tranquilizó, pensó que se había espantado sin razón.

Salió de la farmacia y caminó para volver con su esposa. Antes de llegar con ella vio que la camioneta blanca se estacionó junto a un carrito de Hot Dogs. Ahora pensó que los ocupantes sólo querían comer algo.

Pero de pronto vio descender de la camioneta a los dos hombres usando pasamontañas. Venían hacia él.

Cristian se echó a correr hacia el estacionamiento de la plaza, para alejar nuevamente del peligro a su esposa, pero uno de los hombres, que cargaba un arma larga, lo alcanzó y lo sujetó. Entre los dos sujetos lo sometieron y le pusieron la punta del arma en el estómago.

“Ya te cagó la v… Te vas a venir con nosotros”, le gritaron mientras empezaban a golpearlo.

Los hombres obligaron al reportero a subir a la camioneta. Unas 10 personas en el lugar veían lo que ocurría sin intervenir. Antes de irse, los encapuchados les gritaron que si decían algo se los iba a cargar la chingada.

Ya dentro de la camioneta, uno de los hombres le colocó a Cristian un pasamontañas al revés, para que no pudiera ver la ruta que seguían. Entre los dos hombres lo empezaron a interrogar. “¿A qué te dedicas cabrón? ¿Qué haces?”. Cristian respondió varias veces que tenía un negocio con su esposa. Pero los cuestionamientos y los golpes continuaron.

Cuando al fin admitió tener un medio de comunicación, los encapuchados le dijeron: “ya ves, ahora sí nos estamos entendiendo”.

De pronto, Cristian sintió que la camioneta entraba a un camino de terracería. Unos minutos después se detuvo. Lo bajaron a empellones y sin dejar de insultar lo hincaron. Empezaron a golpearlo en la cara y en la cabeza. Le repetían que lo iban a matar por no haberle bajado “una rayita” a la información que publicaba.

Uno de los hombres fue hasta la camioneta y sacó dos celulares. Encendió las luces de los teléfonos y con ellas alumbraron el rostro del reportero después de quitarle el pasamontañas.

Ahora le empezaron a preguntar quién le pagaba por las notas que publicaba en contra del gobierno de Armida Castro que subía a su sitio de noticias.

Cada vez que respondía “nadie”, le pateaban las costillas y le repetían la dosis de golpes en la cara.

Los hombres dijeron que lo iban a matar y se acercaron hacia la camioneta. Cristian pensó que iban por el cuchillo con el que habían venido picándole el cuerpo durante el recorrido.

Decidió ponerse en pie y correr. Pensó que tendría más posibilidades de salvarse corriendo, huyendo de las balas que pudieran dispararle que si se esperaba a que sus captores sacaran el cuchillo y lo degollaran.

Mientras lo estaban golpeando, Cristian vio las luces de lo que parecía un fraccionamiento habitacional. Calculó que estaría como a 500 o 600 metros del descampado donde lo tenían.

Hacia allá corrió.

Los hombres lo buscaban, pero avanzaron en la camioneta hacia la carretera, en otra dirección a la que él seguía.

Cristian pidió ayuda a unas personas que estaban en el fraccionamiento. Tenían una pick up. Lo subieron en la parte de atrás y lo llevaron por la carretera hasta la colonia donde les dijo que vivía. Lo bajaron cerca de su casa. Ahí caminó hasta donde había un grupo de muchachos en la acera. Les dijo que lo habían asaltado para no generarles miedo.

Cristian perdió el conocimiento, pero los muchachos alcanzaron a llevarlo hasta su casa.

De su domicilio, su cuñada se lo llevó en su carro al hospital general. Nunca llegó a su casa ningún policía. Los uniformados hicieron presencia, pero en el sitio de la plaza comercial de donde se lo habían llevado. 

Tan pronto llegó al hospital, alrededor de las 10:30 de la noche, los médicos lo llevaron al área de urgencias. Aún no estaba plenamente consciente cuando llegaron policías exigiéndole al personal médico que los dejaran pasar para hablar con el herido. 

Después de un rato, uno de los policías llegó hasta la cama donde estaba el reportero. Le dijo que ya habían tomado a su esposa la declaración de lo ocurrido y que necesitaba que él firmara el papel para poder darle protección.

Cristian firmó el documento, aún medio inconsciente.

A la 1:30 de la madrugada del domingo, después de recibir atención por los golpes en el rostro, la cabeza y el torso, fue dado de alta del hospital.

En silla de ruedas narró algo de lo sucedido a los reporteros que llegaron al lugar. Después fue trasladado a su casa por sus familiares. 

Al día siguiente, cerca del medio día presentó ante la Fiscalía de Baja California Sur una denuncia por privación ilegal de la libertad y por los golpes recibidos.

La versión de la autoridad municipal

El lunes, cuestionada sobre la agresión contra Cristian, la alcaldesa Armida Castro condenó la violencia hacia cualquier ciudadano, se deslindó de la agresión y recomendó al reportero que presentara las denuncias correspondientes ante las autoridades competentes para dar con los responsables. 

“Ninguno de mis servidores públicos, ni yo en persona estaríamos haciendo daño, nuestra labor es otra”, dijo Castro.

Acompañando en la rueda de prensa estaba el capitán Juan José Zamorano, director de seguridad pública del municipio.

Después de condenar el hecho, Zamorano dijo que la movilización policial se originó en un reporte de privación ilegal de la libertad.  

Después mostró a la prensa un Informe Policial Homologado, es decir, el parte de los hechos escrito por el primer policía que habría tenido contacto con la víctima. Zamorano leyó el relato de lo sucedido, de acuerdo con lo que le habría dicho la víctima al uniformado.

“Aproximadamente a las 20:15 horas, cuando iba saliendo de mi casa me abordó un sujeto al cual no ubico y este me empezó a agredir a golpes para después retirarse desconociendo hacia dónde, ya que me quedé tirado en la banqueta y fue cuando mis familiares me trajeron al hospital general para que me atendieran médicamente. Deseo manifestar que desconozco el motivo por el cual me hayan agredido y es todo lo que tengo que manifestar”.

Zamorano agregó que ese reporte tenía la firma del reportero, aceptando su contenido, contenido que contradice por completo la relatoría de hechos que hizo posteriormente el periodista. 

Luego agregó que desconocía el motivo por el cual Cristian responsabilizaba a funcionarios del ayuntamiento y a él en lo particular por la agresión, pero aseguró que estaba abierto a cualquier investigación sobre su persona si era necesario para que se esclareciera lo sucedido.

La (no) entrevista con la alcaldesa

El Border Center hizo contacto la mañana del martes 3 de marzo con Airam Dimas, quien dijo trabajar en la oficina de la presidenta municipal. A ella se le hizo una solicitud expresa de entrevista con la alcaldesa y se le comentó que el tema a tratar sería la agresión contra el periodista Cristian Pérez Ojeda.

Dimas pidió al Border Center comunicarse una hora más tarde. Luego de una hora, pidió que se les llamara en una hora y media más. En la tercera llamada, Dimas respondió que el encargado de gestionar las entrevistas con la funcionaria era Héctor Manuel Miranda Burgueño, director de Comunicación Social del municipio.

Después de algunos intentos de llamada y de mensajes vía WhatsApp, Miranda Burgueño respondió el teléfono. Sobre la petición de entrevista con la alcaldesa, dijo que, “por asuntos de salud” sería difícil que Castro tomara la llamada el martes, aunque “aseguró” que el miércoles, es decir, al día siguiente, podría dar la entrevista.

Miranda Burgueño es el funcionario que, de acuerdo con Cristian, le envió la noche del 7 de enero un mensaje a través de WhastApp en el que le advertía que dejara de publicar contenidos que afectaran la imagen de Castro y de su administración.

Este es el contenido del mensaje:

“Canijo! Bájale una raya a tus publicaciones la jefa ya se encabrono y no te aconsejo que la quieras ver enojada, hay te encargo (sic)”.

Al día siguiente, en su página de Facebook, Sin Censura Noticias denunció la intimidación, con una captura de pantalla del mensaje:

Queremos hacer públicas las amenazas del Director de Comunicación Social del Ayuntamiento de Los Cabos a Nuestro Director de Sin Censura Noticias el día de ayer, así mismo responsabilizamos a la Alcaldesa Armida Castro y Héctor Miranda por cualquier daño o atentando en contra de nuestro Compañero, nos preguntamos esta es la 4T?

Andrés Manuel López Obrador Alberto Renteria Santana

Aprovechando la llamada con Miranda Burgueño, se le preguntó si él era el autor del mensaje. “Claro que no, es falso ese mensaje”, respondió.

Se le preguntó entonces cuáles podrían ser los motivos de Cristian para acusarlo a él y a la alcaldesa como responsables de la agresión que sufrió. El vocero dijo no tener idea.

Durante aproximadamente un año, Miranda Burgueña fue jefe de Cristian, quien se desempeñaba en la oficina de comunicación social como reportero. Cristian había ocupado ya esa misma plaza durante los dos últimos años de la administración anterior.

El periodista asegura que mientras laboraba en Comunicación Social, mantenía activo su sitio Sin Censura Noticias, medio que creó en Facebook hace más de 10 años y que, de acuerdo con él, habría llegado a tener en algún momento más de un millón de seguidores, antes de que la red social lo diera de baja por no ajustarse a sus políticas de publicación.

De manera paralela al fanpage de Facebook, Sin Censura Noticias tiene un sitio web que Cristian alimenta desde hace cuatro años.

Desde esas plataformas, dice el reportero, seguía publicando contenidos que evidenciaban la ineficiencia de la alcaldesa, lo que causó la molestia de su jefe, Miranda Burgueña, y de la propia alcaldesa.

Un día antes de la agresión, el muro de Facebook de Sin Censura Noticias publicó que la alcaldesa había confundido el coronavirus con el parvovirus, en una publicación en su perfil de la misma red social.

En la publicación de Sin Censura Noticias se replicó una captura de pantalla de la pifia y se aseguró que, aunque el posteo no había sido eliminado, sí se había cambiado la imagen de la alcaldesa de la foto del perfil, sugiriendo que la acción obedecía a un intento de control de daños.

El mismo día, pero desde su perfil personal de Facebook, en el que aparece como Cris Percovich, Cristian se refirió a la confusión. Escribió: “Los únicos que están a salvo es la palomilla de la cañada de Los Perros, ya ven que dijo ARMIDA que están listos pa antender el Parvovirus JJ (sic)”.

La confusión atribuida a la alcaldesa se habría hecho viral en redes sociales.

De acuerdo con Cristian, en septiembre del año pasado lo despidieron de su empleo en la Dirección de Comunicación Social del municipio sin motivo, razón por la cual interpuso una demanda laboral por despido injustificado.

Miranda Burgueña negó que su ex colaborador hubiera sido despedido y afirmó que, en realidad, el reportero renunció.

En la conversación se le pidió a Miranda Burgueña si podía compartir con el Border Center una imagen de la renuncia.

Dijo que la buscaría y nos la haría llegar. Aún no ocurre.

Se le preguntó también si sabía de alguna demanda laboral en contra del área que dirige.

Dijo que no tener información al respecto. Pero Cristian tiene el acuse de recibo, con fecha 31 de enero, de la demanda por despido injustificado que interpuso en contra del ayuntamiento encabezado por Armida Castro ante el Tribunal de Conciliación y Arbitraje para los burócratas de BCS.

DENUNCIA POR DESPIDO INJUSTIFICADO

Después se le preguntó al vocero del ayuntamiento si, ante las acusaciones del reportero, falsas de acuerdo con la alcaldesa, el gobierno municipal estaba pensando en demandar a Cristian por difamación.

Tampoco tenía esa información. 

Otras agresiones en BCS

Antes del ataque en contra de Cristian Pérez Ojeda en Los Cabos, otros periodistas fueron violentados en Baja California Sur.

El 29 de enero de 2019, el periodista Martín Valtierra, director del sitio de noticias Contrastes de Comondú, fue atacado por dos hombres que lo golpearon con bates de béisbol cuando llegaba en su auto con su esposa a su casa en Ciudad Constitución.

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En una entrevista con BCS Noticias, el periodista denunció que antes del ataque había recibido amenazas por parte de funcionarios del Ayuntamiento, debido a la cobertura informativa que realizaba.

Días antes, el 20 de enero, fue encontrado el cuerpo de Rafael Murúa Manríquez en la cuneta de una carretera del municipio de Mulegé, en el tramo Santa Rosalía-San Ignacio.

Murúa, quien se convirtió en el primer periodista asesinado en México en 2019, era director de la radio comunitaria Radiokashana. Había denunciado amenazas en el pasado y al momento de su muerte estaba acogido al Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, de la Secretaría de Gobernación.

Antes, el 14 de abril de 2017, el periodista Maximino “Max” Rodríguez, reportero de nota roja del Colectivo Pericú, fue asesinado a balazos en el estacionamiento del centro comercial City Club, en La Paz, adonde había ido de compras con su esposa. 


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