El Mañana

lunes, 27 de enero de 2020

Nuevo Laredo 8 diciembre, 2019

De vender periódicos,hizo su patrimonio

Rubén Domínguez Romero desde 1975 sale de casa todos los días, sin importar que haga frío, calor o caiga una tormenta; le dio educación a sus siete hijos

De vender periódicos,hizo su patrimonio

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Por JORGE VARGAS

NUEVO LAREDO.- El manto de la noche aún cubre la ciudad… el reloj marca las 2:00 de la mañana y Rubén ya está en la mesa, saborea su café y se alista para salir, montar su bicicleta y comenzar una larga jornada cuando casi todos aún duermen.

Corrían los años 70, hace ya más de 40 años, y Rubén Domínguez Romero estaba recién llegado de su natal Silao, Guanajuato, de una pequeña ranchería llamada Nápoles. Decidió vender periódico, un trabajo al que muchos sacan la vuelta porque hay que trabajar día a día, pero acostumbrado a jornadas de sol a sol, no le asustaba.

Rubén comenzó a vender El Mañana allá por 1975 y hoy, con casi 60 años de edad, no ha parado de trabajar duro.

Gracias a la venta de periódicos, Rubén hizo su patrimonio, una casa de material de cuatro recámaras, sala-comedor y cocina. A sus siete hijos, Blas, Rosario, Liliana, Pedro, Alejandra, Rubén y Lucía les dio educación y la más pequeña, hoy de 16 años, aún cursa la preparatoria.

“Gracias a Dios y a este trabajo, puede hacer mi casita, allá en la colonia Victoria y darles educación a mis hijos, hasta que ellos quisieron estudiar. Hoy, Lucía, la más pequeña, de 16 años, aún está en la preparatoria y quiere seguir. No hay más que trabajar duro”, dijo Rubén mientras esbozaba una sonrisa en su rostro quemado por el sol de la mañana.

A diario, Don Rubén deja su casa y pedalea con disciplina su bicicleta “balona”, de esas que duran años y años, carga hasta 200 periódicos y los entrega casa por casa.

No es un trabajo fácil. Debe recorrer a diario entre 15 y 20 kilómetros para entregar cada uno de los periódicos, desde la colonia San Rafael y más allá de la Madero. Todo en su bicicleta “balona”.

“A mí me gusta trabajar en mis bicicletas ‘balonas’, con llantas 26, son las que duran. La última ya tiene unos 20 años conmigo”, cuenta el hombre de sombrero, lentes claros y rostro surcado por el sol y el tiempo.

Para hombres y mujeres como Don Rubén, es un orgullo trabajar duro, desde que reciben el periódico, entre las 4:00 y 6:00 de la mañana y hasta las 10:00 u 11:00 de la mañana… hasta que venden el último ejemplar.

TRABAJO DURO
Don Rubén recuerda cómo han ido cambiando las cosas. Hoy la ciudad está mucho mejor que en los años 70, cuando la mayoría de las calles que debía recorrer eran de terracería, llenas de pozos y cuando llovía, inundadas.

Hoy en día, las calles que recorre el hombre delgado, de voz suave y paciencia infinita están ya pavimentadas, pero muchas de ellas aún se inundan con las lluvias.

“Todavía le tengo que cambiar las llantas a la bicicleta unas dos o tres veces por año.

Antes era peor, como las calles eran de tierra, se ‘ponchaban’ a cada rato”, comentó.
Los perros, el tráfico, los baches y el clima son el peor enemigo de aquellos que se dedican a la venta de periódicos, pero nada es más horrible que el invierno.

“Había veces que salía de mi casa y pues un frío muy duro.

“A veces, mejor me bajaba de la bicicleta y a caminar. Es duro pedalear mientras hace mucho frío y así me calentaba un poquito más”, señaló.

En años como 1983, cuando la temperatura cayó a más de 12 grados bajo cero en la ciudad y hasta menos 16 en las afueras, los voceadores sufrían el embate de helado viento que congelaba todo a su paso.

“El frío calaba y mucho”, recordó Don Rubén.

LAS MALAS
A Don Rubén no siempre le ha ido bien, pese a que trabaja duro. Algunas veces había que dejar la bicicleta a varias cuadras de distancia. En por lo menos tres ocasiones ya no la encontró a su regreso.

“Una vez, un señor que andaba borracho, allá por el Cine México, movió su carro y me destrozó mi bicicleta. Unas muchachas tomaron las placas del hombre que arrastró varios metros la ‘balona’ y me hicieron que fuera Tránsito Local, para denunciar”, relató.

En Tránsito Local, los agentes que lo atendieron le aseguraron que harían todo lo posible para dar con el responsable. Más tarde, le avisaron que lo habían encontrado.
“Era un licenciado que tenía una oficina a unas cuadras de donde me aplastó mi ‘balona’. Al día siguiente me dijeron que me había dejado otra bicicleta, de esas como de carreras, como pago de los daños. Era el tiempo en que Tránsito estaba aquí en la Guerrero y Héroes de Nacataz”, mencionó.

Como la bicicleta, aun cuando era nueva no le servía, la vendió y se compró otra “balona”.

ANÉCDOTAS
Repartir periódicos de casa en casa, a veces tiene sus “detalles”. Muchas fueron las veces que el perro los destrozaba. Cuando llovía, al lanzarlos a veces caían en el agua.
“Una que otra vez le pegué al dueño de la casa. Que iba saliendo”, dijo con una carcajada.

“¡Qué pasó!”, le decían y él sólo pedía perdón, pues no era intencional.

En una ocasión, que tuvo que dejar su bicicleta lejos y al pasar por una casa, la cámara de seguridad lo registró. Un hombre salió y le apuntó con una pistola.

“¿Qué estás haciendo aquí?”, le gritó.

Luego de explicarle y llevarlo hasta donde estaba la bicicleta con los periódicos, el hombre le ofreció disculpas.

AGRADECIDO
Don Rubén agradece a la vida haberle permitido hacer el esfuerzo para salir adelante, construir su casa, dar educación a sus siete hijos y compartir el tiempo con su esposa, María Amparo Sánchez, pese a que hoy sufre de diabetes y arritmia cardiaca.

“El doctor me recomendó seguir con la venta de periódicos. El ejercicio me hace bien”, aseveró.

Con El Mañana se siente agradecido, pues al menos dos veces por año les regala el periódico a los voceadores y en las posadas ha tenido la suerte de llevarse buenos premios, como varias bicicletas.

A la gente de Nuevo Laredo, Don Rubén agradece su generosidad, pues en épocas como la navideña, siempre le dan su “aguinaldo” y el resto de los días no falta quién le regale el cambio cuando le pagan con un billete.

“La gente aquí es muy generosa”, admitió.

A TRABAJAR
A las nuevas generaciones, Don Rubén recomienda trabajar duro, sentirse orgullosos de ganar con esfuerzo lo que llevan en el bolsillo.

“Recuerdo que a veces hacía mucho frío, que tenía que llevarme las pijamas debajo del pantalón, una camiseta, una camisa, un chaleco o suéter grueso y encima una chamarra”, pero había que salir a trabajar.

Don Rubén recordó que sólo una vez en estos más de 40 años de vender periódico faltó a su trabajo.

“Tengo fiebre tifoidea y esa vez me sentía muy mal. Ya antes me tomaba una pastilla y salía a trabajar, pero ese día no pude”, recordó.

Con frío, calor o bajo la lluvia, cubierto apenas con una bolsa de plástico o un impermeable, mientras rayos y centellas caen sobre Nuevo Laredo, Don Rubén trabaja duro y está orgulloso de llevar en sus manos las noticias diarias.

“Si yo puedo, ¿por qué ellos no?”, preguntó.


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