El Mañana

martes, 19 de noviembre de 2019

Laredo Texas 15 octubre, 2019

Detectan drogas con rayos X

Meter drogas a la cárcel es un intento muy frecuente en Webb, pero un muy vanguardista aparato da las malas a los ‘burreros’

Carlos Martínez y Martín Cuéllar muestran el resultado de sofisticados rayos X, detectando vejigas de drogas en estómago, esófago, intestino o cavidad bucal.

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Por Redacción

LAREDO, TX.- Las páginas de un cuaderno o libro, las hojas de una carta, el papel del recado, lo que llega por correo a la prisión pueden ir impregnadas de heroína diluida o metanfetamina liquida. Una reclusa o un interno que se hace arrestar para ingresar a prisión traga uno o varios globitos con heroína, cocaína, “crystal” o cualquier otra droga sólida o líquida, sin faltar el ocultamiento muy adentro de los órganos sexuales.

Incluso en la cavidad del ombligo, o pegada a la mata de cabello, adentro de la oreja o nariz, entre el vello de la axila o pubis, ya que una dosis de goma de opio -por ejemplo- es tan potente y no tiene que ser más grande que la cabeza de un alfiler o que la punta de un lápiz.

Meter drogas a la cárcel es un intento muy frecuente en el Condado de Webb, pero un muy vanguardista aparato de rayos equis o los canes adiestrados, les dan las malas a los “burreros”, “recados”, “correos”, “mulas”, “capsuleros”, “encapsulados”, “ingestados”, “tragones”, los “bodypackers”, “cargados” o “camellos”.

Los envíos de tela o papel, trusas, pañuelos, calcetines, sostenes, camisetas, fotografías, estampitas religiosas, mensaje de mamá, todo tiene que ser revisado pues puede llevar una droga líquida.

Desde un simple pequeño globo relleno de droga, los dedos de un guante de cirujano cortados y anudados convertidos en una especie de cápsula o “bolitas”, igual un preservativo o condón retacado de narcóticos, son detectados en el organismo de las personas con el aparato sofisticado, el primero en una prisión de Texas.

“Pero hay quienes ingieren gran cantidad de droga con el peligro de que los ácidos gástricos revienten una o varias y se mueran aquí; afortunadamente no hemos tenido ningún caso de fatalidad”, dijo Martín Cuéllar, sheriff y responsable de la cárcel regional del Condado de Webb.

El caso más impresionante, un condón de tamaño regular lleno de droga con decenas de gramos, se lo pasó un delincuente por la garganta al estómago, pero no sabía que un simple globito pequeño con sustancia prohibida es detectado, tal y como lo muestran los videos y las fotografías efectuadas a una toma de rayos equis de este aparato Soter RS.

Y para los que no las ingieren está “Ati”, como antes estuvo “Bulka”, canes adiestrados para olfatear todo tipo de drogas en las personas, en los internos, donde las traigan por fuera.

En la ropa no les conviene, hay quienes las guardan en las costuras de su pantalón, dentro de la ropa interior o camisa, en la cartera, aretes, monedas tarjetas de crédito, pero esas prendas se quedarán en la aduana, serán revisadas y lavadas, además de que no pasarán a las celdas, así que de nada les sirve llevarlas ahí, las sustancias prohibidas las tienen que llevar en sus cuerpos, sea dentro o fuera de los mismos, para luego sacárselas en la intimidad, sea en la taza del baño o debajo de las cobijas, en sus camastros.
A las mujeres y a los hombres los obligan a hacer muchas sentadillas, para que si traen droga en ano o vagina, salgan por esfuerzo o caigan por gravedad.

“La batalla contra el ingreso de drogas, es las 24 horas de cada día, tan intenso como el que cada interno que ingresa tiene que ser revisado a fondo, sea su primera vez o reincidente, la visita no pasa tal severidad, porque los familiares no tienen contacto con el recluso, hay una pantalla de mica o plástico entre las dos personas y se comunican mediante un teléfono a cada lado de la pared transparente”, aclaró el comisario Cuéllar.
Finalmente, estos primeros nueve meses del presente año se han detectado a 40 delincuente intentando introducir drogas; claro que pasan algunos, algunos internos cumplen su cometido, nada es infalible.