El Mañana

lunes, 16 de septiembre de 2019

Nuevo Laredo 18 agosto, 2019

Doña Camerina, 100 años de historia

A pesar de su avanzada edad, aún conserva su lucidez y oído muy fino. Cuenta cómo se vivía en Camarón y en donde más tarde se funda Ciudad Anáhuac

4200

Por SANDRA JASSO

De infancia sencilla, rodeada de sus padres y hermanos, Camerina Rodríguez Gómez vivió en lo que hoy es Ciudad Anáhuac, antes de su fundación y cuando Camarón, Nuevo León, estaba en su apogeo.

De envidiable lucidez, oído fino y cabello cano, la centenaria Camerina festejó su aniversario el sábado 10 de agosto en un salón privado rodeado de su numerosa descendencia y la música de su preferencia, en especial “Dinero Manchado”, con Los Donneños.

“Nací en Salamanca, Guanajuato, y mis padres José María Rodríguez Villafaña y María Gómez Aguilar me trajeron a los 8 años a vivir al Nogal, a un lado de Camarón, y ahí fui a la escuela y estudié hasta tercero. No terminé. Después vivimos en Camarón cinco años, un pueblo muy bonito”, dijo.

Camerina Rodríguez Gómez nació en Salamanca, Guanajuato en 1919.

Hizo una remembranza y recordó su vivienda, una casa de adobe con chimenea que reconfortaba el cuerpo al entrar cuando había nevadas y heladas en los inviernos y frescas durante el verano.

Camarón, ahora deshabitado es un pueblo fantasma, con la llegada del ferrocarril se abastecía éste y otros poblados y rancherías cercanas de víveres.

“Vivimos en un rancho “La 80-2” y mi padre trabajaba con alguien que lo ocupara en la labor y sembraba maíz, trigo, frijol, lenteja, chícharo, luego se hizo de sus parcelas”, recordó.

De su madre María, la recuerda en la cocina moliendo el nixtamal para echar las tortillas a mano. El suave aroma despertaba el apetito de sus hijos y el platillo de su preferencia era el mole de gallina fresca.

“Mi mamá tenía muchas gallinas que criaba mientras mi papá trabajaba con mi hermano grande Jesús en su parcela y sembraba, nosotros los chicos jugábamos a las comiditas y comadritas”, manifestó.

Camerina creció como crecieron las vías férreas en el país, incluso Camarón no estaba muy habitado en 1927 y existían pocas, de ahí se trasladó a lo que hoy es Ciudad Anáhuac, Nuevo León antes de su fundación.

Gregorio Rodríguez fue el segundo hijo de Camerina… falleció hace siete años.

“Llegué antes cuando no estaba Anáhuac a un lado y el que estaba en opulencia era Camarón y sólo estaba Rodríguez, no había más nada apenas estaban desenraizando las gentes de otras partes”, afirmó.

De piel rugosa y fina y sin perder el buen humor, por momentos interrumpía su narración para contar chistes colorados y al finalizar soltar la carcajada sin evitar mostrar su dentadura original casi completa y de inmediato guardar compostura y meditar.

“Ya estoy vieja y en ocasiones me siento triste y mal, algunas cosas apenas si las recuerdo”, dijo apretando sus manos y recordar su juventud.

“Me casé ya vieja de treinta y ocho con Félix Rodríguez Ornelas de 50 años que nació en SLP y trabajaba en la labor, no tuve más novios, él fue el único, me fue bien, era muy buena gente y tuve a mis hijos Guadalupe y Gregorio Rodríguez Rodríguez en la casa de parto natural”, destacó.

Camerina Rodríguez Gómez se casó con Félix Rodríguez Ornelas y fueron de los primeros que llegaron antes de la fundación de Ciudad Anáhuac.

Se había casado con Félix, un hombre que en su juventud cazando había metido su mano en una madriguera y había sido mordido por una víbora de cascabel, su brazo derecho tuvo que ser amputado casi hasta el hombro y su padre José María le dejó de hablar por casarse con “El mocho”.

“Mi papá se enojó conmigo, me dejó de hablar por casarme con él, dijo que con una mano no me podría mantener, al tiempo al ver que era muy trabajador dijo “Ese hombre vale por tres”, deshierbaba, ponía cercas, piscaba, sacaba troncos para leña, muy fuerte y trabajador que era”, exclamó.

Ya instalados en Ciudad Anáhuac le tocó vivir la fiebre del “oro blanco” y los campos estaban en su mayoría sembrados con algodón que se exportaba y ella apoyaba con su trabajo.

“Mi marido piscaba algodón, cazaba conejo y traía leña que yo vendía, además de leche me levantaba temprano a ordeñar, tenía yo mis vacas y aprendí con mi mamá a hacer queso, a la leche se le pone el cuajo del chivito, lo tratas con gotas de leche de tigre y se corta, lo aprietas al tiempo, sacas el suero y queda la masita y lo vacías al aro”, describió.

Era una tarea que aprendió bien de generación en generación y hacía el queso fresco y la cantidad dependía de la leche que entregaba a sus clientes.

“Hay, Dios mío”, exclamó en un suspiro Camerina, por momentos la ansiedad entraba en ella, sentada en su mecedora se pasa las horas pensativa escuchando la radio que tiene a su lado, debido a la presión ocular tuvo pérdida total de su vista hace siete años.

Recuerda que en esa época llegaron algunas familias a instalarse en la ciudad apenas fundada en 1933 porque casi no había nada y se proveían de agua del canal general donde asegura había siempre para consumo y riego.

En una imagen del 31 de diciembre de 1973 aparecen de izquierda a derecha sentados Sebastiana Rodríguez, José María Rodríguez, padre de Camerina yFélix Rodríguez su esposo ya fallecidos.

“En ese canal general corría agua para los que tenían parcelas y se regaban, venía de la presa y se crecía todo bonito, calabacitas y elotes tiernos que luego comíamos”, comentó.

No pudo explicar cuál ha sido la fórmula para vivir cien años, quizá la sana alimentación con verduras y frutas frescas del campo a su mesa y carnes que se alimentaban de pastoreo, le hayan proporcionado a su organismo los nutrientes suficientes para su longeva vida, además de su genética.

“Me gusta la calabaza, carne con chile, asada, guisada, en caldo o como fuera, mi vida fue sana y tranquila en el campo, en la parcela y bebíamos agua que venía de la presa por canal y no la hervíamos, era fresca y limpia y traíamos para lavar en la casa”, aseguró.

Longeva de familia, su padre José María Rodríguez Villafaña murió a los 96 y su madre María Gómez Aguilar a los 78, tan solo su hermano Jesús falleció de 82, Sebastiana y Simón Rodríguez los sobrevivientes, cuentan con 98 y 89 años y las tías paternas fueron más longevas, Jacoba y Francisca Rodríguez superaron los cien años al morir de 104 y 103 años.

De buena madera Camerina Rodríguez Gómez tiene una descendencia que va en aumento, hoy en día tiene setenta y ocho nietos, seis bisnietos y ocho tataranietos y quizá sea una de las últimas personas vivientes que habitaron Camarón y primeras que habitaron la tierra que hoy conforma Ciudad Anáhuac, Nuevo León.

“Estoy cansada, hay Señor por qué no me recoges”, de inmediato sus familiares dicen se le olvida y cuando el hambre aprieta reclama sus alimentos que no fallan y solicita, atendida y querida Camerina es el pilar de la familia y solicita a una prima Guadalupe Contreras Rodríguez de 83 años que llegó a visitarla proveniente de Guanajuato que no se vaya hasta que la sepulten”, dice, asegurando que “Ya estuvo, voy y regreso, aquí estará”, segura de que su vida continuará.

El único hijo sobreviviente de Camerina Rodríguez Gómez se hace cargo de su madre y sus necesidades.

Camerina posa con su familia un hijo, hija política, 78 nietos, seis bisnietos y ocho tataranietos.