El Mañana

martes, 12 de noviembre de 2019

Nuevo Laredo 21 abril, 2019

El padre Juan; 25 años de entrega

Originario de Tlaxcala, vino a Nuevo Laredo para convertirse en sacerdote y hoy está al frente de la Cuasiparroquia San Juan Diego, en los Kilómetros

El Padre Juan ama servir a sus feligreses y está por cumplir 25 años como sacerdote.

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Por SANDRA JASSO

Dar gracias a Dios por estar viviendo un momento significativo y especial para su vida, 25 años a la entrega a la iglesia y poder servir a Jesús en este ministerio, afirmó Juan Sánchez Hernández de la Cuasiparroquia San Juan Diego.

El padre Juan es originario de Atotonilco Tlaxco, Tlaxcala, nació el 24 de noviembre de 1965. Dijo que en esos 25 años están de por medio comunidades parroquiales, personas y la misma diócesis, ahora quiere presentarle a Dios una ofrenda por este tiempo.

Creció en el seno familiar formado por sus padres, Clara Hernandez Sosa y Pedro Sánchez Contreras, fallecido en diciembre pasado. Fue el mayor de 10 hermanos y es el único que está dentro del medio religioso.

“Quisiera darle gracias a mi familia, a ellos les debo mi vocación, es importante nacer en una familia cristiana y católica, de ahí se desprende todo, la oración de mi mamá creo que ha sido fundamental y de otras personas”, dijo el padre Juan.

“Es también la oración de la iglesia, si fuera solo uno ya hubiera regado el tepache la que fortalece a un sacerdote para llegar a los 25 años.

“He tratado de que alguna hermana fuera monjita, pero no fue posible, estoy trabajando a los sobrinos, tengo 38 a ver si por ahí sale alguno”, dijo el padre Juan que se ordenó el 3 de abril de 1994.

Una persona que apoyó al padre Juan para lograr su objetivo de servir a la iglesia y a la comunidad fue el primer obispo de la Diócesis de Nuevo Laredo, monseñor Ricardo Watty Urquidi.

“Ingresé a los 12 años al seminario Nuestra Señora de Ocotlán en Tlaxcala y fueron 11 continuos, cuando me faltaban dos años para ordenarme, vino una crisis vocacional, decidí salir del seminario, de esa salida me replanteé poder volver, había pasado mi crisis y volví”, indicó el sacerdote.

Detalló que había mucha inquietud por la vida misionera, pero una misión dentro de lo diocesano, explicando que hay sacerdotes misioneros que van fuera del país, manifestando inquietud por el norte del país.

“Yo sabía que en el norte no había muchas vocaciones sacerdotales, a mí lo que me inquietaba era lo que yo sabía del sufrimiento de mis hermanos migrantes, de hecho hubo opciones de ir a Tijuana y a otros lugares, gracias al obispo a Don Ricardo Watty Urquidi en 1990 y lo contacto”, manifestó.

Después de hablar con Watty Urquidi comentó que le dijo que necesitaba estar al menos un año en esta ciudad fronteriza para que conociera la diócesis y si sentía que ahí estaba su vocación con gusto lo recibiría.

“Llegué en septiembre de 1990 y me envió a terminar mis estudios en el Seminario de Nuevo Laredo, de ahí al Seminario Arquidiocesano de Monterrey, no regresé a Tlaxcala, recibí de monseñor ir a Sabinas Hidalgo y parte de la diócesis la empecé a conocer”, comentó.

Agregó que además de sus seminarios monseñor Watty Urquidi lo envió a la Universidad Pontificia de México para seguir con la especialidad Pastoral Teológica que le ayudó a ser maestro del seminario.

“Varios de los maestros jóvenes del presbiterio fueron mis alumnos, en mi trabajo pastoral no debemos perder sensibilidades, algunos sí lo han perdido, estamos en un mundo materializado y lo que interesa es el yo, nuestro ego, el mundo invita a vivir el individualismo y pensar poco en los demás”, afirmó.

Destacó que la doctrina de Jesús es la comunidad siempre y estar consciente de las realidades, la vida afirmó que es pragmática, la cultura de la muerte, “Úsalo y tíralo”, se practica mucho en los humanos y eso el Papa Francisco le llama “La cultura del descarte”, excluir, descartar.

En su vida como sacerdote le ha dejado el cariño de comunidades parroquiales, donde la vida se le ha ido en tres parroquias como vicario a la colonia Américo Villarreal Guerra, en la parroquia Nuestra Señora de la Encarnación el 25 de marzo de 1995, tres años en la Nueva Era en lo que era la Capilla San Juan Bosco.

Llega a la parroquia San Gerardo Mayela el 29 de noviembre 1997 en la colonia Mirador y a los pocos meses, decano del poniente con 14 parroquias para coordinar el pastoral y en el 2000 se le confía la coordinación del Plan Diocesano.

“En la Nueva Era doy gracias a Dios que haya empezado allá, tenía 26 años y la experiencia fue buena eso me ha ayudado a optar por la gente sencilla que le veo perdidas sus esperanzas en situaciones difíciles”, dijo.

En la parroquia San Gerardo que consideró una comunidad numerosa y estuvo 12 años como párroco, monseñor Gustavo Rodríguez Vega lo envió a Bustamante, N.L. trabajó ocho.

“Llego a Nuevo Laredo y me envían a un lugar que me recuerda muchos mis inicios, la Cuasiparroquia San Juan Diego en los Kilómetros, ni siquiera es parroquia, son desafíos que el señor me llama y me pone y me siento feliz, somos los olvidados en lo social”, señaló.

Destacó que es donde puede influir como sacerdote para que el tejido social se vaya creando, la iglesia y la comunidad se forme, ahora con la ilusión de las cinco capillas que falta en siete colonias y sólo la sede tiene su templo en el km 14 y el 18 el más alejado.

“Hay gente que ha creído en los proyectos del padre Juan, siempre he contado con mucho apoyo que Dios les ha bendecido y es como he logrado en San Gerardo cinco capillas, en Bustamante que es una comunidad pobre pudimos remodelar el templo y lo dejamos con sus vigas, el púlpito y confesionario franciscano con inversión fuerte”, explicó.

Finalizó que es importante el trabajo diocesano que ha realizado viviendo con mucha intensidad, porque monseñor Watty Urquidi le confió cosas a corta edad, aportar con un grano de arena y servir con amor a la Diócesis de Nuevo Laredo.

“Otra de las cosas fue los Apóstoles del padre Watuli que los traje a Nuevo Laredo, La Escuela de San Andrés que es evangelización diocesana, teología pastoral que son ofrendas que le ofrezco para gloria de Dios, viene a mí las palabras “Siervo inútil eres no, haz hecho más lo que tenías que ser”, concluyó el padre Juan Sánchez Hernández.

El sacerdote Juan Sánchez Hernández tendrá un festejo significativo sin ser un evento diocesano el próximo 26 de abril a las 8:00 de la noche en la Catedral del Espíritu Santo para invitar a la feligresía, asistir a la santa misa, en el salón Richard and George habrá un banquete para 600 personas, música y evento cultural.

Juan Sánchez Hernández se ordenó el 3 de abril de 1994.Con solo 26 años inició en la capilla San Juan Bosco en la colonia Nueva Era.