El Mañana

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Nuevo Laredo 15 agosto, 2019

El Ranchito en cenizas

Unas 94 familias afectadas sufren al ver los estragos del fuego en sus hogares en en Guadalupe, Nuevo León

El Ranchito en cenizas

4200

Por Reforma

Aprovechando un descuido de la Policía, María Guadalupe González, junto a otros 30 afectados, brincó el acordonado y subió rápido a una loma que daba una vista completa de lo que eran los tejabanes de El Ranchito, en Guadalupe.

Se llevó las manos a la cara y no pudo contener el llanto.

El tejabán de su mamá y donde ella había vivido varios años era ya sólo un ennegrecido pedazo de terreno y un montículo de cenizas… como otros 79 tejabanes más.

Después de 20 horas desde que inició el incendio, y a sólo una de haber sido controlado, ayer a las 14:30 horas fue la primera vez que decenas de personas, de las 94 familias afectadas, pudieron comprobar cómo una vez más el fuego hizo estragos en los hogares de este sector de posesionarios situado en el lecho del Río Santa Catarina.

Apenas la semana pasada, María Guadalupe había llevado su ropa, muebles y documentos al tejabán donde vivía su mamá.

“Vamos a batallar para volver a empezar. Mi mamá perdió todo, yo también, la ropa del niño, mis muebles”, dijo María Guadalupe.

“Ya con esta van tres veces que se quema y no había afectado hasta acá a casa de mi mamá. A mí sí me da tristeza porque tantos años que han luchado, para que les vuelva a pasar esto, perder todo otra vez. Vamos a batallar para levantarnos”.

Hace casi cuatro años, el 30 de agosto del 2015, un incendio, que al parecer también inició por la quema de basura, arrasó con 20 viviendas, y en enero del 2017, cinco tejabanes, en los que vivían nueve familias, quedaron reducidos a cenizas.

Ayer, la mayor parte de los 281 damnificados, entre ellos 61 niños menores de 10 años, formaron un improvisado campamento frente a la colonia, quemada casi por completo.

Allí, en medio de vías rápidas, en el cruce del Bulevar Miguel de la Madrid e Israel Cavazos, pusieron toldos, lonas en las camionetas y hasta casas de campaña.

Aunque el Municipio de Guadalupe habilitó dos albergues, la mayoría optó por quedarse frente a los restos de su colonia.

Ana Bertha Llanes Eguía, de 58 años, explicó que se quedaron para vigilar que los delincuentes no se apoderen de las láminas de sus casas.

“Si estando nosotros aquí hay robos, si se va la gente, lo poquito que quedó ahí, lámina que quedó ahí, que podemos vender para comprar barrotes, se lo pueden robar”, reflexionó.

Cuando comenzaron las llamas no miraron atrás, platicó Manuel Rivera, jardinero de 60 años.

En cuestión de segundos sus hogares ardieron y decenas tuvieron que correr para no ser alcanzados por el fuego.

Allí dejaron sus pertenencias, documentos y hasta dinero.

“Yo pensé que era una lumbre chiquilla, pero se vino un aironazo, y todo prendió de volada, y tuvimos que empezar a correr”, platicó.

“Como dice el dicho, primero la vida, que quedar achicharrado ahí. Ya estábamos encajonados, ya estaba la lumbre de los dos lados, pues mejor súbete para arriba, porque ya nos alcanzaba”.

Su pareja, María del Carmen Esparza, de 77 años, se olvidó de su problema en la rodilla y del bastón que usaba y comenzó a correr al ver el fuego.

“Me salí, salí corriendo, es que yo le tengo miedillo a la lumbre, miedote será… En ese ratito uno entra en pánico, ni para dónde irte y hasta el camino se te hace chiquito, la lumbre agarra parejo”, narró.

En medio de la desilusión, la alegría, sobre todo entre los más pequeños, la dieron unos 10 cerditos que se salvaron del incendio.

En contraste a la historia de los moradores de los cerca de 80 tejabanes que consumió el fuego, está la de los que habitan las únicas cuatro casas que no fueron afectadas.

Aunque para don Filiberto, uno de los dueños afortunados, la desgracia es igual para todos.