El Mañana

jueves, 17 de octubre de 2019

Tecnologia 2 julio, 2019

Guerra a la diabetes

La investigadora mexicana Cristina Aguayo-Mazzucato aborda en el Joslin Diabetes Center en Boston, Massachusetts, estudios para combatir la diabetes

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Por REDACCIÓN

Cd. de México (01 julio 2019).- En el desarrollo de la diabetes, enfermedad que, cual epidemia, padecen millones de personas en México y el mundo, uno de los factores principales es la edad y el envejecimiento.

Pese a que esto es un hecho conocido por los especialistas, había sido poco abordado. Ahora, un estudio dirigido por la investigadora mexicana Cristina Aguayo-Mazzucato en el Joslin Diabetes Center en Boston, Massachusetts, podría ser la base de nuevas terapias que prevengan el desarrollo de la diabetes tipo 2 al eliminar las células beta envejecidas.

“La diabetes es una enfermedad del envejecimiento, pero hasta ahora no se había estudiado si había una base de envejecimiento celular o si alguna intervención dirigida al envejecimiento celular podría tener un impacto en la enfermedad”, apunta en entrevista telefónica la egresada de la Facultad de Medicina y del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM.

“Nosotros sabemos que las células beta juegan un papel crucial en determinar si un estado de estrés metabólico, como resistencia a la insulina, sobrepeso y demás, se queda como tal o eventualmente se desarrolla en diabetes tipo 2”.

Partiendo de esto, y dada la importancia de las células beta –que sintetizan y segregan insulina, la hormona que regula los niveles de glucosa en la sangre–, el equipo de investigadores se concentró en entender si había un proceso de envejecimiento celular en este grupo y si esto contribuía al desarrollo de la diabetes.

Así, lo primero fue estudiar qué es lo que diferenciaba a una célula beta envejecida, o senescente, explica Aguayo-Mazzucato, primera autora del artículo que detalla la investigación en Cell Metabolism.

“Caracterizamos qué diferenciaba a una célula de esas senescentes, o envejecida, de una joven y sana, y una vez que teníamos una idea clara de cuáles eran las diferencias, empezamos a desarrollar modelos de resistencia a la insulina, ya sea con fármacos o con una dieta alta en grasas, y lo que vimos es que en ambas situaciones el envejecimiento celular se aceleraba.

“Realmente lo que estaba pasando es que estas células envejecían mucho más rápido de lo que normalmente hacían y esto llevaba una pérdida de su función, una pérdida de su identidad celular, y por lo tanto había un cuadro abierto de diabetes”, explica.

Éste fue el primer gran hallazgo de su investigación: la importancia de la aceleración del envejecimiento celular en el desarrollo de la diabetes, un trabajo preliminar publicado en 2017.

Los últimos tres años, sus esfuerzos estuvieron dirigidos a intentar dar solución a dos preguntas: ¿Qué pasa si se elimina específicamente este grupo de células envejecidas mediante terapias senolíticas? ¿Es posible revertir la enfermedad?

“El resultado fue fascinante”, destaca la mexicana.

“Efectivamente, tanto usando un modelo transgénico como fármacos que ya están diseñados para sólo eliminar las células senescentes, en ambos casos pudimos recuperar la función de las células beta, mejorar los niveles de glucosa en la sangre y también mejorar la identidad de las células beta”, puntualiza.

Los estudios de Aguayo-Mazzucato y su equipo se efectuaron en ratones, pero también analizaron muestras biológicas de donadores humanos, en las que pudieron comprobar, por ejemplo, que aquellas personas con diabetes tipo 2 mientras estaban vivas tenían un mayor porcentaje de células beta envejecidas.

Asimismo, continúa la investigadora, personas con un mayor índice de masa corporal o que tenían sobrepeso u obesidad, que puede ser un reflejo indirecto de su estado de resistencia a la insulina, también contaban con un mayor porcentaje de células envejecidas.

“Entonces, a pesar de que no estamos en la clínica, sí contamos con las bases o con resultados iniciales que nos dicen que esto podría tener relevancia en un ámbito clínico”, dice Aguayo-Mazzucato.

“Nosotros creemos que es una forma nueva de entender la enfermedad y también abre toda una serie de nuevos blancos terapéuticos que hasta ahora no han sido muy explorados”.

Lo siguiente, abunda, será continuar la investigación básica para entender más sobre los procesos de envejecimiento de células beta, los mecanismos que están detrás de este proceso de senescencia –posibles subpoblaciones que pueden ser dañinas– e identificar blancos más específicos o estados reversibles.

En cuanto a lo clínico, corresponderá a empresas dedicadas a las terapias senolíticas, a institutos de salud y a farmacéuticas probar nuevos fármacos para encontrar uno más efectivo matando células envejecidas sin dañar a las jóvenes, y con el potencial de ser usado en la clínica sin efectos adversos o que sean mínimos.

Sin querer aventurarse a hacer promesas, debido a que aún hay trabajos pendientes, la investigadora adelanta un poco sobre quiénes podrían verse beneficiados por este tipo de terapias.

“Nosotros creemos que, en un inicio, la población que se beneficiaría más de este tipo de intervenciones serían personas con resistencia a la insulina o que hayan tenido un diagnostico de diabetes tipo 2 recién hecho. Creemos que en esa etapa inicial en la cual se identifica la enfermedad es un momento crucial en el que se puede intervenir para revertir el desarrollo de la enfermedad”, expone.

Esto es particularmente importante en México, donde el problema de la diabetes es muy serio y no sólo por el número de pacientes diagnosticados, sino por las personas cuyo riesgo de desarrollarla es muy alto al encontrarse en una etapa denominada prediabetes –sobre la que los expertos aún debaten–.

A este estado anterior al padecimiento se le puede llamar intolerancia a la glucosa, y muchas veces está caracterizado por un aumento en la resistencia a la insulina, indica la experta.

“Creemos que esa población también podría beneficiarse de una terapia como la que nosotros estamos considerando, porque precisamente lo que estamos haciendo es recuperar la función de las células beta y evitar que su función se siga deteriorando y que eventualmente acabe en un cuadro de diabetes”, sostiene.
Abocada a ayudar

Una ferviente vocación por ayudar llevó a Cristina Aguayo-Mazzucato por la senda de la medicina. Durante el internado, una trágica coincidencia entre la mayoría los pacientes que veía terminó por encauzar los esfuerzos de la investigadora hacia el combate de un solo padecimiento: la diabetes.

Tras concluir el doctorado en ciencias biomédicas en el IFC, llegó al Joslin Diabetes Center para realizar una estancia posdoctoral, para dedicarse al estudio del desarrollo funcional de las células beta. De eso hace ya 12 años, y ahora está por empezar con su propio laboratorio en tal institución, “el primer sitio en EU que aplicó la insulina hace más de 100 años”, enfatiza Aguayo-Mazzucato.

“El Centro Joslin es un lugar único en el sentido de que es un instituto que se dedica sólo a la diabetes desde todos los puntos de vista: investigación básica, epidemiológica, atención de pacientes e investigación clínica.

“Es un ambiente único en el cual todo el mundo piensa todo el tiempo en diabetes desde distintos aspectos; entonces se tiene un nivel de especialización sobre una misma enfermedad que es difícil encontrar en cualquier otro lado. Sin duda es un sitio privilegiado para hacer investigaciones en diabetes”, estima.

Además de las diferentes investigaciones que ahí se realizan, el Joslin también ha puesto en marcha programas de concientización, como seminarios sobre alimentos –cuáles son más saciadores que otros–, la función del tejido graso y cómo se regula el apetito, entre otros.

Una labor de intervención en la vida de las personas desde la educación, que Aguayo-Mazzucato considera imprescindible para llevar la atención de la diabetes al terreno preventivo.

“Creo que algo fundamental es la educación. La gente tiene que ser consciente, primero, del riesgo que como población los mexicanos tenemos inherente a desarrollar diabetes, y que las decisiones que tomamos en la cotidianidad contribuyen a favor o en contra de desarrollarla; desde la actividad física hasta lo que comemos”, subraya.

Un esfuerzo considerable en materia de educación nutrimental que debe estar enfocado en los niños, añade, pues la diabetes en realidad es el fin, el desenlace de un conjunto de decisiones y circunstancias.

“En el momento en que la gente empiece a tomar decisiones sobre su salud y empiece realmente a entender lo que favorece o no favorece, no solamente al desarrollo de diabetes, sino de muchas otras enfermedades cronicodegenerativas, eso sería un punto crucial en el que realmente se podría cambiar la trayectoria de la enfermedad”, precisa.

Médicos y científicos son un agente clave en esta labor, compartiendo su conocimiento y experiencia, pero de forma atractiva y comprensible; erradicando esa brecha abstracta que parece haber entre ellos y la población, sentencia la investigadora.

En su caso, cuenta que así lo ha hecho desde su propio núcleo familiar, con sus hijos de 3 y 6 años. La de 6, celebra, ya entiende sobre por qué es importante moderarse con los dulces y los jugos.

Ambos la visitan de vez en cuando en el laboratorio –“les encanta”, dice su madre– y juegan diciendo que la van a ayudar. Cuestionada sobre si ve correr en ellos la misma vena científica, la investigadora es muy clara en su respuesta.

“No sé si quiero que sigan mis pasos”, bromea.

En todo caso, aquello que promueve en ellos es esa vocación por ayudar a los demás. La misma que, tras más de una década de trabajo, ha devenido en nuevos resultados científicos en el combate a una de las epidemias del siglo 21.

“Quiero que hagan algo que a ellos les guste y que los haga feliz, que es lo que siempre les digo. Que lo que escojan lo hagan bien y lo hagan con mucho gusto; que traten de hacer algo que ayude a la gente y que ayude a hacer que el mundo en el que viven sea mejor”, concluye.