El Mañana de Nuevo Laredo

9 agosto, 2020

‘Infecta’ coronavirus su fuente de ingresos




Nos hay parques, no hay ventas para Inocencio Montoya, quien desde hace cinco décadas se dedica a la venta de globos en los centros recreativos

Por Eddie de Alba


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Nos hay parques, no hay ventas para Inocencio Montoya, quien desde hace cinco décadas se dedica a la venta de globos en los centros recreativos “Dios quiera que esta situación se normalice lo más pronto posible porque a todos nos ha golpeado”, mencionó Inocencio Montoya, un vendedor informal originario de Monclova, Coahuila, a quien la contingencia actual le ha perjudicado en gran manera, y no precisamente por haberse infectado, sino económicamente, su fuente de ingresos se ubi-caba en el parque Viveros de Nuevo Laredo.

Tiene 68 años de edad, de los cuales 50 los ha dedicado a la venta de globos en la ciudad; los niños y niñas son su principal mercado, pues las figuras de caricaturas animadas inflables se convierten en el centro de atención a la hora de vender, lo que ocasiona que más de un chiquillo regrese a casa con un nuevo objeto de diversión.

Sin embargo, ya han pasado más de dos meses desde que decidieron cerrar los parques debido al virus que sigue latente, lo que originó también el descenso de sus ventas y por ende su única fuente de ingreso.

“Antes de todo esto si era un buen día podía vender alrededor de 40 globos, cuestan entre 50 y 80 pesos cada uno; los podía vender en un día fácilmente, y ahorita sólo vendo alrededor de cuatro o cinco si me va muy bien, de perdido para completar para la comida”, mencionó Montoya.

Debido al cierre del parque Viveros, donde generalmente frecuentaba, hatenido que migrar a otras plazas de la ciudad por lo menos para sacar el pan de cada día y subsistir en esta temporada de escasez económica.

“Lo bueno que ya me conoce muchas personas, la gente por aquí me conoce desde años, y cuando voy caminando muchos me reconocen y de repente me compran”, señaló.

Los años dejan huella, para Inocencio el pasar del tiempo le ha pesado, pues antes usaba un silbato que lo ayudaba a ser reconocido por vecinos en la colonia, hoy a su edad ya no puede ir a ese mismo ritmo.

Añora que todo regrese a la normalidad para continuar vendiendo como lo hacía antes del virus, pero sobre todo para seguir contagian-do de alegría a los cientos de niños que los fines de semana visitaban los parques de la ciudad.


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