El Mañana

viernes, 27 de marzo de 2020

Estado 25 marzo, 2020

La influenza asesina de 1918 entró a México por: ¡Tamaulipas!

Negligencia del gobierno, falsas noticias, prohibición de besos y 300 mil muertos. Así se vivió la pandemia de influenza en México hace más de cien años.

Mascarillas Influenza México 1918
Influenza en México 1918

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Por Mexico Desconocido

Lo que en un principio se trató de una “rara gripe”, fue en realidad un brote de influenza proveniente de Estados Unidos. De acuerdo con el rastreo, las tropas estadounidenses se contagiaron mientras combatían en Europa.

Para arribar al continente americano, los soldados de Estados Unidos lo hicieron a través de Tamaulipas; ese fue el primer punto de contagio.

De inmediato el virus atacó las poblaciones del norte y se extendió a lo largo del país con gran velocidad.

Se reportaron casos en Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. Para el 8 de octubre, tan sólo en el área de Laredo Texas y Tamaulipas se calculaba que había 12 000 enfermos.

Debido al desastre, el gobierno decidió cerrar el tráfico ferrocarrilero y clausuró la aduana fronteriza en Nuevo Laredo, Tamaulipas y no permitió el arribo de buques al puerto de Veracruz.

En ciudades como González, Tamaulipas, historiadores mencionan que “el ochenta por ciento de los habitantes atacados de la terrible influenza española”. Se reportaba un centenar de muertes por día.

Semanas después, las vías de entrada del virus al interior del país fueron el ferrocarril y los barcos. Al parecer, algunos contagiados llegaron en el barco Alfonso XIII, que atracó en Veracruz y fueron sometidos a cuarentena.

El 15 de abril de 1918 los negocios comenzaron a cerrar, los teatros cancelaron sus funciones y los bazares tuvieron pérdidas excepcionales. Aún viviendo las consecuencias de la Revolución Mexicana, se vivía una fuerte crisis financiera, pobreza y miseria. En algunas calles, la gente comenzaba a morir porque una nueva pandemia atacaba a la población mexicana.

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La expansión del virus dejó 21 mil muertos en Coahuila, 20 mil en Sinaloa y 5 mil en Puebla. Como había desabasto de medicamentos, los enfermos fueron tratados con ácido acetilsalicílico y bicarbonato, además de medicamentos para la malaria.

En esos años las farmacéuticas buscaban romper con todo tipo de supersticiones y divulgar los conocimientos científicos modernos, así como sus productos: tabletas de aspirinas.

Las calles de las ciudades de México rápidamente se transformaron en caravanas fúnebres; mientras que las iglesias instalaron ornamentos funerarios permanentes.

El papel del gobierno fue poco heroico, ya que se negó a aceptar la magnitud de la epidemia. Los encargados de salubridad achacaron la enfermedad a la tala de árboles, lo cual atraía vientos fuertes. Debido a ello, se mandó plantar una hilera de árboles alrededor del lago de Texcoco, pero la enfermedad se expandió cuando los primeros árboles eran sembrados.

Medidas estrictas

Además, se prohibieron los besos y escupitajos, y se implementó el uso de pañuelos desechables. Se tenía que evitar tocar el teléfono con la boca y se lavaban las manos de forma constante. Entre las medidas que parecieron más extremas a la población fueron el cierre de iglesias y el aislamiento de familiares, cosa que influyó en la simulación de los enfermos.

Como es común aún hoy en día, las falsas noticias no se hicieron esperar. Corrió la especulación de que el virus viajaba en el polvo de las suelas de los zapatos. Finalmente se implementó un toque de queda de facto, por lo cual la gente no podía salir más allá de las 21:00 horas. No había iglesias, fiestas, centros sociales y se desalentaba el consumo de alcohol.

En total murieron 300 mil personas en territorio mexicano, 7 mil de ellas en el entonces Distrito Federal. Los más afectados por la pandemia fueron los adultos mayores, y adultos de entre 20 y 40 años de edad.


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