El Mañana de Nuevo Laredo

29 octubre, 2020

Nuevo Laredo y la historia de los niños muertos por la epidemia de 1955




Existe una que durante una pandemia como la actual, pero que en esa ocasión arrasó con la vida de al menos 70 niños de Nuevo Laredo.

Por Redacción El Mañana


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Nuevo Laredo tiene muchas historias y leyendas, algunas muy populares, otras solo conocidas entre los abuelos y contadas por generaciones. Entre estas historias existe una que durante una epidemia, en esa ocasión arrasó con la vida de al menos 70 niños. 

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Los pequeños angelitos fallecieron en el año de 1955, apenas tenían 3 años, 5, 8, 9 y hasta 11 años, cuando los niños de Nuevo Laredo enfermaron de manera repentina, ante una supuesta epidemia que arrasó con muchos infantes, la mayoría de bajos recursos.

Petra, Modesto, Eudelia, Mandujano, Francisca, Epigmenia, María, Octavio son algunos de los nombres de los pequeños que fallecieron por una enfermedad que atacó principalmente a los infantes.

Tras esta situación, un hombre decidió donar un pedazo de terreno del mausoleo Jardín de Los Ángeles, para la exclusiva sepultura de los niños fallecidos por dicha epidemia.

Apenas cuatro de ellos aún son visitados, ya que se puede notar algunas flores, o arreglos sencillos en las tumbas; el resto de los niños y niñas que yacen en el Panteón Jardín de los Ángeles, están en total olvido.

Poco se sabe de su tragedia, los archivos históricos o cronistas no cuentan lo ocurrido; los encargados del cementerio sólo recordaron que una epidemia arrasó el verano de aquel año con la vida de estos pequeños.

Sin embargo, las tumbas dan cuenta de un evento que enlutó a decenas de familias; la mayoría de las lápidas adornadas con una pequeña cruz elaborada de piedra que marca el nombre del infante y la fecha en que falleció.

Visitantes del mausoleo son invadidos por la curiosidad de ver a tantos niños en un mismo espacio.

Dicha área se encuentra en las primeras secciones del Jardín de los Ángeles. Uno de los trabajadores más antiguos del camposanto, Refugio Martínez, dijo que ese espacio fue donado por el dueño del lugar.

“Murieron decenas de niños, las personas de escasos recursos no tenían dónde enterrar a sus difuntos, por ello se les donó esta área”, expresó.

Además compartió, que hace meses una señora acompañada de su hija de 3 años, quien tiene a un familiar junto a esa sección, vio a su hija reírse y moverse como si jugara con alguien; señaló que la señora dijo asustarse cuando la pequeña comenzó a platicar sola.

Cuentan los cuidadores del cementerio, que en ocasiones han escuchado risas o voces de niños cerca del lugar.

“Desconozco de qué murieron, pero una vez junto a esa sección, escuché a un niño llorar, creí que algún pequeño de las personas que visitan a sus difuntos se había perdido, mientras lo buscaba el llanto dejaba de sonar”, expresó Jesús García, cuidador del panteón.

La sección de los infantes difuntos se observa abandonada, pues la mayoría de las tumbas sólo son tierra con su cruz correspondientes, algunas ya rotas o tiradas.

Son pocas las criptas que son visitadas por sus familiares, pues éstas están adornadas de flores y otras con suerte cuentan con lápida.


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