El Mañana

lunes, 20 de mayo de 2019

Nuevo Laredo 13 mayo, 2019

Migración, rostro de sufrimiento

Propone sacerdote ofrecer trabajo comunitario que dignifique y cubra las necesidades de aquellos que dejan la tierra en la que nacieron

A los migrantes africanos se les ve deambulando por calles de la ciudad. FOTOS: SANDRA JASSO/EL MAÑANA

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Por Sandra Jasso

La migración en un fenómeno mundial ahora y así como está la globalización de muchas cosas está la migración en ésta u otras fronteras del mundo, el ser humano se replantea el tener mejores condiciones de vida, explicó el padre Juan Sánchez Hernández.

Esto sucede cuando las personas que deciden irse de sus lugares de origen porque no obtienen respuesta a las necesidades que se tienen, informó el padre de la cuasiparroquia San Juan Diego en el Kilómetro 14 de la Carretera Nacional.

“Lo primero que tengo qué decir es que nuestro obispo y los obispos han estado siempre procurado dar respuesta como iglesia y por esto la creación de la casa del migrante y yo en la colonia Nueva Era hice mis pininos en la capilla de San Juan Bosco y les di empleo a centroamericanos”, dijo.

Con la ayuda de los migrantes provenientes de Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras, empezaron a construir la capilla al poniente de la ciudad.

“Rentamos un lugarcito para que la gente que llegara tuviera lo necesario como comida, su asistencia personal con un buen aseo y ropa, todo ese tipo de inquietudes siempre las he tenido”, indicó.

Agregó que siempre ha tratado de que las personas no sólo tengan esa atención asistencialista de que le das, sino que le dé promoción humana, se sienta útil y aporte a la comunidad.

“Yo pienso que sí debemos tomar acciones como esas donde ellos también sientan que aportan algo al lugar donde momentáneamente llegan o van de paso”, explicó.

El sacerdote de origen tlaxcalteca comentó que siempre le inquietó el norte del país porque yo sabía del sufrimiento de los hermanos migrantes y de las opciones que tuvo para ir, eligió el Municipio de Nuevo Laredo.

“Con el apoyo del obispo Ricardo Watty Irquidi al contactarlo le manifiesto mi inquietud en 1990 y llego en septiembre de ese año al noreste, primero a otro municipio y después en esta ciudad”, dijo.

El trabajo pastoral con el migrante que realizó el padre Juan no termina, por lo que hace un llamado a la comunidad en relación al tema de la migración.

“No debemos perder la sensibilidad del rostro de Cristo en situaciones muy concretas como los migrantes, es el rostro Cristo del 2019 que sigue sufriendo en estos hermanos”, manifestó.

En la comunidad los neolaredenses y los avecindados en este puerto fronterizo, se ven llegar la avalancha no sólo de latinos, sino también personas de otros continentes.

Hace dos años llegaron por cientos personas de origen cubano con miras a ingresar a Estados Unidos, en últimas fechas venezolanos, peruanos, ecuatorianos y ahora del continente africano que se les ve en las esquinas pidiendo ayuda a los automovilistas y ciudadanos.

“Siempre me ha gustado trabajar con la gente sencilla que está en situaciones difíciles, es ahí donde desempeño mi trabajo pastoral y eso deja muchas satisfacciones”, comentó.

Hizo ver que la característica de sus misiones como sacerdote ha sido el trabajo que lo marcó como experiencia desde el principio y los toma como desafíos que Dios le pone, los toma y se siente feliz.

Manifestó que es la gente que sufre y nosotros es donde pueden influir para apoyarlos a su paso por esta frontera chica.

“Se abren las esperanzas con el nuevo gobierno que tenemos, quiera Dios que todas estas expectativas y esa cuarta transformación de la que tanto se habla, en realidad la podamos vivir, los desafíos son grandes y una persona no lo puede hacer todo”, indicó.

Lo interesante es que no pensemos que es el Mesías que viene a transformar México, mientras la comunidad no responda, seguiremos con los mismos vicios.

“Existen expectativas que se van haciendo realidad, los que tenemos un rol social al frente de la comunidad y pidiéndole a Dios podamos seguir sirviendo a nuestros hermanos”, externó el sacerdote.

Confesó que el apoyo es fundamental y agradece contar personas que si han creído en los proyectos del padre Juan y poder continuar ayudando a todos los migrantes sin distinción de raza como párroco.

“Para gloria de Dios continuaré con el trabajo colaborando con mi granito de arena y los migrantes es parte de ella, es manifestar amor a la diócesis, a mis hermanos en sufrimiento”, concluyó el padre Juan Sánchez Hernández.