Un ejemplar de pez diablo (Hypostomus plecostomus) fue capturado en la presa Rodrigo Gómez, conocida como La Boca, en Santiago, Nuevo León, generando preocupación por la presencia recurrente de esta especie invasora en uno de los principales embalses del estado.
La presa La Boca, ubicada a 40 kilómetros al sureste de Monterrey, es un lugar emblemático para la recreación y el abastecimiento de agua y aunque el hallazgo es aislado, recuerda un brote mayor en 2023, cuando cientos de estos peces fueron detectados tras la extracción de un vehículo sumergido.
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El pez diablo, originario de las cuencas amazónicas de Brasil, Venezuela y Colombia, ha sido introducido accidentalmente en ecosistemas de México, incluyendo Veracruz, Tabasco y ahora Nuevo León. Su resistencia es notable: puede respirar fuera del agua mediante un intestino modificado, sobrevivir en aguas con bajo oxígeno e incluso en suelos húmedos durante periodos cortos.
Como especie invasora, el pez diablo se alimenta de algas, huevos y larvas de peces nativos, alterando la cadena alimentaria. En la presa La Boca, esto pone en riesgo especies endémicas como el charal (Girardinichthys multiradiatus) y el bagre mexicano (Ictalurus mexicanus).
La amenaza no se limita a Nuevo León. En Tamaulipas, las fuertes lluvias recientes provocaron el desbordamiento de la Laguna del Carpintero, donde los peces diablo terminaron fuera del agua en áreas de juegos y espacios públicos.
En este sentido, José Luis de León Hurtado, presidente del Consejo Ciudadano del Agua del Estuario del Río Pánuco, señaló que el pez diablo se ha convertido en una amenaza directa para especies nativas que ya están casi extintas en la región como las lobinas y tilapia, las cuales se han extinguido porque el pez se come todo.
Anteriormente, lagunas de Tampico y Altamira permitían la captura de tilapia, bagre, lobina, robalo, carpa y langostinos, pero estas especies se han vuelto cada vez más escasas o inexistentes debido a la depredación del pez diablo.
La Conabio (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad) clasifica al pez diablo como una plaga invasora, y los expertos llaman a la población a no introducir especies acuáticas ajenas al ecosistema y a reportar cualquier avistamiento.
