De política y cosas peores

Los diarios de ella... y de él

jueves, 14 de octubre de 2021 · 08:49

ANOTACIÓN EN EL DIARIO DE ELLA: “Sufro intensamente. No sé qué pensar de él. Desde que lo vi anoche lo sentí extraño. Parecía ausente; lo noté lejano. ¿Habrá dejado de quererme? Si así es no podría yo seguir viviendo. Casi no habló. Pensé que eso se podía deber a que llegué cinco minutos tarde a nuestra cita; pero él seguía sin hablarme, como metido en sí mismo, y supe entonces que su silencio debía tener raíz más honda. ¿Qué podrá ser? Le pregunté por qué estaba así, y pareció no oírme. Le dije: ‘¿Qué te pasa?’. Me respondió con una sola palabra: ‘Nada’. Quise saber si había hecho yo algo para ponerlo así. ‘No tiene qué ver contigo’, me contestó. Y volvió a callar. En el coche, camino ya a su departamento, recliné la cabeza en su hombro y murmuré con ternura: ‘Te amo’. Él ni siquiera dijo: ‘Yo también’. Sentí que el corazón se me oprimía. ¿Cómo explicar su conducta? Cuando llegamos al departamento no me abrazó ni me besó, como acostumbra. Tampoco tomamos una copa, ni conversamos.
Estaba yo a punto de romper en llanto, porque tuve de pronto la íntima certidumbre de que lo había perdido, pero entonces él me tomó del brazo y me condujo a la recámara. Ahí me hizo el amor con la misma intensidad de siempre. Y sin embargo al terminar no me abrazó, ni tuvo para mí palabras dulces. Fijó la mirada en el techo y se perdió otra vez en sus propios pensamientos. En la penumbra de la habitación me puse a llorar. Las lágrimas corrían por mis mejillas, y hube de contener los sollozos que me salían del corazón y la garganta. Poco después él se quedó dormido.
Entonces me vestí en silencio y salí a la calle. Tomé un taxi, y lloré todo el camino. Ahora, en la soledad de mi cuarto, me pregunto qué voy a hacer. ¿Debo alejarme de su vida para siempre? ¿O debo echarme de rodillas a sus pies y pedirle perdón por algo que hice y que no sé qué fue? ¡Dios mío, ayúdame a entender su conducta de anoche! ¡Dime por qué estuvo tan callado; por qué casi no habló; por qué se veía tan triste! Yo lo único que sé es que sufro, que sufro como nunca, y que seguramente sufriré así el resto de mi vida”.
ANOTACIÓN EN EL DIARIO DE ÉL: “Perdió el América. Pero al menos me eché un buen palito”…El recién casado escuchó lleno de consternación la pregunta que su flamante esposa le hizo por teléfono a su madre: “Mami: ¿es cierto lo que me dice Leovigildo, que por el solo hecho de haber dicho: ‘Sí, acepto’ ante el oficial del Registro Civil estoy obligada a darle sexo gratis?”... La tía de Pepito tenía un prominente busto que se adelantaba como la proa de un navío. En el curso de una cena familiar el papá del chiquillo lo amonestó. Le dijo: “No me importa lo que tu tía ponga sobre la mesa. Tú no pongas los codos”... FIN.

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