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Facebook, problema de una industria global

miércoles, 20 de octubre de 2021 · 08:13

Hace unas semanas en muchos medios de comunicación se desgañitaban por el supuesto efecto negativo de Instagram entre los adolescentes, ello luego de las revelaciones de Frances Haugen, quien le filtró al peródico The Wall Street Journal varios documentos internos de Facebook a los que tuvo acceso después de dos años de trabajar en esa compañía. El documento que más causó indignación es el que se refería a una investigación interna de Facebook que encontró que de los adolescentes que tenían pensamientos suicidas en Reino Unido, 13 %, lo vinculaban a Instagram y 6 % en EU; en el artículo no mencionan qué vínculos citaron el 87 % del resto de los adolescentes británicos o el 94 % de los estadounidenses.
No dudo que una gran mayoría de los adolescentes habrá mencionado el ambiente doméstico o el de sus escuelas o grupo de amigos. Además, en los reportes no se decía qué porcentaje de los adolescentes tenían pensamientos suicidas. Es clave revisar la magnitud de los datos para entender el “problema”; tomemos en cuenta las estadísticas del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de EU (CDC, por sus siglas en inglés), que dio a conocer que en 2020 el 16 % de los niños y adolescentes de entre 6 y 17 años tuvieron un desorden de salud mental, que incluye depresión, déficit de atención o ansiedad, aunque ello no necesariamente quiere decir que hayan tenido pensamientos suicidas.
Sin embargo, para buscar una aproximación con los datos de FB ello implicaría que de cada mil adolescentes en EU, sólo 9.6 tendrían pensamientos suicidas vinculados a Instagram. Las propias cifras de CDC consignan que los adolescentes homosexuales tiene cuatro veces más posibilidades de intentar suicidarse, mientras que los adolescentes transgénero 12 veces más.
Si se interpretaran estos datos como se hizo con los hallazgos de Instagram, los medios de comunicación y los legisladores estarían pidiendo el cierre de los bares gays como respuesta; sería un absurdo.
En toda esta discusión me ha sorprendido que se omite del análisis el papel que juegan las familias y demás instituciones sociales en la salud mental de los adolescentes y de paso se exime a los papás. Bajo la premisa del “Instagram malo” lo único que deberían hacer los papás para garantizar el bienestar mental de sus hijos es cerrarles sus cuentas de redes sociales o no permitir que las abran.
Lo mismo cuando se dice que las redes sociales son responsables de la polarización, si bien es cierto que los mensajes negativos tienden a viralizarse más y que las cajas de resonancia de comunicación pueden distorsionar la percepción, me parece que esas herramientas agudizan el defecto cognitivo, pero no lo originan, y valdría la pena centrarse más en cómo fortalecer nuestros juicios internos en lugar de asumirse como una víctima de dichas compañías.
Las revelaciones de Haugen tienen más sustancia en aspectos como la red VIP de más de 5 millones de usuarios que no estaban sujetos a las mismas reglas de contenido como el resto de los 2 mil 890 millones de usuarios mensuales de FB.
El error es relativamente aceptable como producto de buscar evitar problemas de relaciones públicas, aunque lo que resulta mucho más grave es que le mintieran a su consejo asesor, que fue el mecanismo mediante el cual FB quiso enfrentar el problema que conlleva tener un grupo de plataformas de comunicación con más de 3 mil millones de usuarios. Al haber mentido al consejo la compañía le resta credibilidad a la sinceridad de su esfuerzo y deja al consejo en una posición débil.
El verdadero problema de FB y las grandes empresas tecnológicas es su escala, que hace imposible una regulación global ante la incapacidad de generar mecanismos de gobernanza, lo que genera dobles estándares.
Por ejemplo, en China Apple borró la aplicación más popular del Corán en el contexto de un gobierno que ha buscado controlar y suprimir a la población de uigures, que profesan la fe musulmana. Además, la empresa de la manzana ha puesto los datos de sus usuarios en ese país al alcance de los mecanismos de vigilancia del Estado, mientras que en EU se negó a desencriptar el teléfono de un terrorista de California. Microsoft ha sido más consistente al sacar a Linkedin ante las presiones del gobierno de Xi Jinping para acceder a los datos de los usuarios de ese país, pero pudo ser distinto.
Para evitar este penduleo es necesario un estándar internacional para las empresas de información globales; no será sencillo.
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