Pasadizo secreto

Esos recuerdos con olor a eternidad

miércoles, 17 de noviembre de 2021 · 09:01

Las calles y avenidas aún con estampa de pueblo se veían, por lo mismo a pie o en coche trasladarse sobre ellas muy bien no se podía, sin embargo, la gente a esto estaba mas que acostumbrada al no haber soledad, pues el bullicio constante retumbaba sembrando esos recuerdos con olor a eternidad.
La gente se trasladaba de un sitio a otro con gran emoción, y aunque el calor arreciaba eso no era de gran preocupación, al ser así el clima por casi en la mayoría del año, entonces la costumbre era como el no sentir de esos pesares el daño.
No se podía negar que el caminar provocaba mucho cansancio y sudor, por lo mismo un frondoso árbol se buscaba para estar mejor, pero al sentir esa sed inmensa sin cesar, se buscaba ese chorro de agua de esa llave abierta para ser saciada.
Pero el agua, aunque era abundante estaba algo caliente, entonces se buscaba entre los bolsillos esas monedas por el calor casi ardientes, esas que fueran para comprar esas raspas o paletas suficientes.
La mirada se centraba en esos carritos de tres ruedas de colores, también en esos triciclos con garrafas de vidrio y aguas frescas de sabores, el corazón se agitaba mucho mas cuando al vendedor escuchaba pregonar: “¡Paletas y nieves, esquimales, conitos!”, sin cesar.
Y en donde al mismo tiempo aquel emocionado vendedor de hielo de sabores, competía en gritos largos: “¡Hay raspas, diablitos, tostadas, aguas frescas con harto hielo pa’ estos calores!”
¡Oiga!, acérquese aquí estan los elotes calientitos de sabores, solo cuestan uno cincuenta, preparados pa que ahorres, con limoncito, chilito y sal solo un pesito, acompáñelo con un vaso de agua para este calorcito.
Pero los bolsillos de esos viejos pantalones de tanto meter las manos ya se hacían mas grandes, decidir el degustar aquellos manjares si que era un gran dilema, pues disfrutarlos descompletando el dinero para el camión si que era un gran problema.
El González Arteaga ya recién que se había pasado, esperar el otro camión era obligado al estar algo cansado, pero el mirar de reojo esos tradicionales antojos, no se podía evitar al tenerse hambre y estar muy apetitosos.
Circular por este Nuevo Laredo de recuerdos por siempre se está vigente, pero esas costumbres y tradiciones una a una hacen mas nostálgico este presente, entonces el escuchar a esos pregonadores, vendedores, de artículos varios ofrecedores, sí que retumba y al momento en el corazón llenando de nostalgias de Nuevo Laredo a todos sus pobladores.

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